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jueves, 31 de julio 2014

Una cosa es con guitarra…

Quien hoy pida en Cuba lo que Castro defendía en 1953, tiene un puesto reservado en la cárcel

Asaltante del Cuartel Moncada 1953 en Santiago de Cuba saliendo de la cárcel después que el Gobierno de Batista le otorgara la amnistía política.

Asaltante del Cuartel Moncada 1953 en Santiago de Cuba saliendo de la cárcel después que el Gobierno de Batista le otorgara la amnistía política.

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 –Hoy se cumple un aniversario más del evento que catapultó a Fidel Castro a los primeros planos de la política nacional (el asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba), y parece oportuno recordar un interesante pasaje de La Historia me absolverá, el folleto publicado por él como autodefensa en el juicio por aquellos sangrientos sucesos.

Dice el autor: “Os voy a referir una historia.  Había una vez una República.  Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, Tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad.  El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo”.

Y continúa: “Existía una opinión pública respetada y acatada, y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente.  Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo.   Este pueblo… estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada”.

Por 1953, todo lo anterior le parecía encomiable al personaje, al extremo de que, al expresar la añoranza por la situación político-social que existía en Cuba antes del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, se consideró en el deber de referirse de manera pormenorizada a esas manifestaciones concretas de la independencia de los poderes públicos, el respeto a los derechos ciudadanos, la democracia pluralista, el libre juego de las ideas, las elecciones competitivas y el multipartidismo.

Se sabe que —por el contrario—, desde hace varios decenios, el régimen proclama las supuestas bondades de la existencia de un solo poder, la prohibición de ejercer derechos “contra la existencia y fines del estado socialista”, la “dictadura del proletariado”, las votaciones en que el número de candidatos es igual al de los cargos a cubrir, la existencia de una doctrina oficial impuesta desde lo alto y el monopartidismo.

Castro imitó —pues— al personaje de Napoleón en la genial obra de George Orwell Rebelión en la granja. “Cuatro patas bueno; dos patas malo” era la consigna que ese protagonista enunciaba durante su lucha por llegar a ejercer el mando supremo entre los animales. Pero la modificó “de manera dialéctica” y la llevó al extremo opuesto cuando pasó a disfrutar “las mieles del poder” e imitó el andar de los humanos.

El cerdo con vocación de tirano comenzó entonces a proclamar algo bien distinto: “Cuatro patas bueno; dos patas mejor”. Como reza la conocida frase popular: Una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín.

Lo más interesante de la metamorfosis sufrida en Cuba bajo el castrismo no es tanto el cambio experimentado en sí, sino las actitudes asumidas por el régimen frente a quienes no han cambiado su manera de pensar y continúan añorando las libertades públicas y las instituciones democráticas que existieron hasta el 10 de marzo de 1952 (¡hace la friolera de sesenta años!).

Entre ellos se cuentan los miembros del Grupo de los 75, reprimidos de modo cruel durante la Primavera Negra de 2003, y enviados a la cárcel por períodos de hasta veintiocho años, precisamente por pensar igual que decía hacerlo Fidel Castro en 1953. Lo mismo es válido para otros presos políticos que permanecen privados de libertad en este mismo momento.

Hoy, desde el poder, se califica a los heterodoxos como “mercenarios” y se plantea que, para que alguien añore el derecho a —digamos— expresarse libremente o a organizar partidos políticos de oposición (en una palabra: a vivir en democracia), es imprescindible que reciba órdenes y el pago correspondiente desde playas extranjeras.

Quien hoy pida en Cuba lo que Fidel Castro defendía en 1953, sólo puede ser un tarifado, y en principio tiene un puesto reservado para sí en la cárcel. Y mientras llega a este último lugar (que es el que, en opinión de los jerarcas del actual régimen, en justicia le corresponde), será expulsado de su trabajo y sufrirá toda clase de atropellos.

Mientras tanto, el gobierno castrista sigue en su pretensión de “actualizar el socialismo”, lo que dicho en pocas palabras equivale a aspirar a reformar un sistema que ha demostrado su carácter desastroso e inviable: una tarea que en ningún caso puede alcanzar el éxito.

Acerca del Autor

René Gómez Manzano
René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux.

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