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domingo, 21 de septiembre 2014

Un lobo disfrazado de cordero

Hay violencia en las calles de Cuba, donde la vida no es tan segura como algunos piensan

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -El domingo Alberto amaneció apesadumbrado, bebiendo  té,  fumando sin parar junto al teléfono, a la espera de noticias sobre la evolución de su hijo Diego y su sobrino islandés, apuñaleados la noche anterior cuando salían de una fiesta en un apartamento de La Habana Vieja.

Cuenta Alberto que su hermana y  el hijo, de vacaciones en  Cuba,   la estaban pasando de maravillas cuando un amigo de Diego lo llamó  por teléfono  para invitarlo a una fiesta   en La Habana Vieja.

Diego es un muchacho  correcto, estudioso y lo que en Cuba llaman “integrado” a la Revolución. Tiene dieciséis años y al terminar la secundaria prefirió que el padre le comprara una guitarra en vez de un juego de video, algo que enorgulleció enormemente a Alberto,  que  dice haberlo   educado en  los valores éticos y  morales  preconizados por la revolución en  estos años.

El sobrino también es un chico modelo en Islandia,  criado por su madre  cubana y su padre islandés bajo estos preceptos. Estas vacaciones  eran   muy  esperadas por la familia.  Los dos  primeros días  fueron de ensueño,  hasta aquella llamada telefónica la noche del sábado, invitando a la fiesta.

La hermana de  Alberto dio su consentimiento  para que  su muchacho  acompañara al primo,  y pidió un taxi por teléfono para que los llevara.  Dijo que  este país era  el  más tranquilo del mundo,  pero en Islandia  la violencia era  tremenda. Hacía menos de un mes, su hijo salvó la vida  de milagro  cuando bajó del auto a comprar  chicles,  y hubo un tiroteo donde perecieron  dos estudiantes que viajaban con él.  Repitió que Cuba sí era un  lugar  seguro, abrió cervezas y brindó con  Alberto  por el  feliz rencuentro.  Al poco rato otra llamada puso fin al idilio: Los  primos estaban ingresados en el hospital Calixto García,  por lesiones de armas blancas.

Volaron en un taxi al hospital. Diego había recibido varias tajazos, en la pierna, en un brazo, en la espalda. El primo una puñalada en la boca que le arrancó  dos dientes,  y otras  en la región  toráxica, que estaban operando en aquel momento.

Por suerte  no hubo peligro para la vida de los muchachos, que se recuperan  ahora de las heridas recibidas en una reyerta que  no saben explicar. La fiesta estaba  buena y habían  ligado  novias.  Cuando  se acabó,  bajaron con las chicas a la acera para pedir un taxi. El  muchacho islandés estaba tan contento,  que levantó los brazos al cielo, y  gritó:

–¡Qué bien la estoy pasando! –. En ese momento vio venir el  primer golpe,  que le arrancó los dientes.

Otro, salido de la fiesta, atacó  a Diego, que  no  pudo esquivar   los navajazos,  y también cayó en la acera.

Los atacantes ya han sido identificados, son jóvenes del barrio y la policía   trabaja  en su captura.

Ahora, la hermana de Alberto no está tan segura sobre la seguridad de la vida en Cuba.

–Es la segunda vez en un mes que mi  hijo salva la vida. En Islandia la violencia  es grande, se palpa,  y se esquiva.  Aquí  es un lobo, disfrazado  de cordero.

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Acerca del Autor

Frank Correa
Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección beilycorrea@yahoo.es

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