LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -El regalo de Año Nuevo para los cubanos empleados de las empresas de servicios a enseres menores, reparaciones, etc., es el paso de sus talleres al sistema de arrendamiento a los trabajadores. El referido proceso tendrá lugar primero en las provincias de Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Villa Clara y Tunas, según el anuncio difundido por la radio nacional.
A partir del primer día del 2012, las empresas consolidadas creadas durante el período de la influencia soviética comenzaron a desaparecer para convertirse en cooperativas de arrendatarios. Así cumplen con las directivas económicas del VI Congreso del Partido Comunista, celebrado en abril pasado.
Si nos guiamos por datos de la edición 2010 de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), la población laboralmente activa en la isla ascendía a unos 5, 158, 5 miles de trabajadores en 2009. De ellos, 2, 392, 7 miles de trabajadores tenían entre 40 y 59 años de edad. Así que en el 2012 la edad habrá aumentado.
Otro aspecto preocupante que atañe a todos está dado por el atraso tecnológico, pues estos empleados desconocen las nuevas tecnologías digitales. Así que no están preparados para lanzarse a competir con muchos jóvenes que sí las dominan.
Por ejemplo, los que arreglan teléfonos celulares, computadoras, o equipos de DVD, son sobre todo jóvenes que se han instalado por esfuerzo propio, trabajan en su casa o van al domicilio del cliente. Como ofrecen sus servicios por cuenta propia, también han creado sus redes de ayuda mutua o buscan en sitios de anuncios clasificados en internet, como el conocido “revolico.com”, y no les interesa generalmente ir a trabajar a un taller arrendado.
Carpinteros, fotógrafos, relojeros, reparadores de equipos eléctricos y electrónicos, reparadores de colchones, reparadores de calzado y otros empleados en las antiguas empresas de servicios a la población, pierden ahora su vinculación directa con el Estado y pasan entonces a engrosar las filas de los trabajadores por cuenta propia, que ya alcanza el número de 340 mil.
Dadas las circunstancias en que tiene lugar, el cambio les afecta en varios sentidos. Primero, estas empresas son generalmente no rentables, tecnológicamente envejecidas, operan en locales en mal estado constructivo y con escasa clientela, debido en gran parte al desfasaje de época con los equipos eléctricos y electrónicos que hoy en día venden en las tiendas.
Muchas de estas empresas y sus talleres anticuados solamente representaban para el Estado un gasto, por la fuga de materiales, el ausentismo laboral, los salarios de nóminas infladas con trabajadores fantasmas, el desvío de materiales y el sostenimiento de una burocracia intermedia que nada aportaba en realidad a la producción nacional y que en realidad contribuye a la corrupción en el sector.
Entonces el gobierno se quita de encima de golpe y porrazo el mantenimiento constructivo de locales, el despilfarro de electricidad, agua y teléfono que sólo les reportan gastos. También se desentiende de operarios y empleados que gastan más de lo que producen. Además, ahora, al reconvertirse en nuevos trabajadores por cuenta propia, tienen que pagarle impuestos y renta de arrendamiento, de modo que al final todo queda en manos del dueño, que es el propio Estado.
De esta manera el gobierno se deshace por decreto de lo que le molesta, en su empeño por garantizar la supervivencia del sistema. Y de paso suelta un poco del lastre de ineficiencia y corrupción que él mismo creó durante medio siglo, mientras que los trabajadores son quienes tienen que enfrentar los desajustes del cambio.