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viernes, 21 de noviembre 2014

Sin perder la memoria

Muchos de los “parametrados”, a pesar de haberse convertido en voceros de sus represores, no pueden olvidar

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -La discriminación por raza, religión, ideología y orientación sexual de los escritores y artistas cubanos, tuvo su plasmación jurídica en la ley 1267,  bajo un engendro denominado “Parametración”.

El concepto, nacido de la Declaración Final del Primer Congreso de Educación y Cultura, celebrado en el año 1971, tenía como premisa expulsar a los trabajadores del sector que carecieran de la “calificación moral e ideológica” necesaria en una nueva sociedad.

La orden de ataque contra el arte y la intelectualidad –dada por el propio Fidel Castro al resumir el congreso con la frase: “La cultura es escudo y espada de la nación”–  se aplicó no como suma de los símbolos y tradiciones en defensa de lo cubano, sino como un medio para cercenar el derecho a disentir de la política cultural de la revolución

Un año después, a partir del mes de agosto de 1972, cientos de artistas y escritores fueron expulsados o reubicados en  centros laborales no afines con las  funciones que ante realizaban, y sin ningún tipo de vínculo con la creación artístico-literaria dentro de la isla.

Para dar cumplimiento a la ley de la parametración, se prohibieron los cultos afrocubanos en el país; el  ejercicio del magisterio para quienes no respondían a la ideología oficial o practicaban alguna religión, y a quienes no cumplían el requisito de ser macho, varón, masculino, exigidos por los homofóbicos gobernantes de la nación.

El hoy tan homenajeado dramaturgo, poeta y escritor Virgilio Piñera, a quien después de ser descalificado por homosexual no se le publicó un libro, ni puso en escena una obra teatral, hasta después de muerto, encabeza la lista de quienes sufrieron la parametración.

Dramaturgos que prestigian el acervo cultural como Antón Arrufat, Abelardo Estorino, Tomás González, Eugenio Hernández Espinosa, Gerardo Fulleda, José Milián, entre otros, fueron alejados por años de las revistas, carteleras  y escenarios teatrales de la isla.

Asimismo, poetisas como Nancy Morejón, Lina de Feria, Georgina Herrera y Carilda Oliver; al igual que los poetas César López, Pablo Armando Fernández y Delfín Prats, por sólo citar algunos, estuvieron más de una década sin derecho a publicar o viajar fuera del país. Por otra parte, escritores premiados en prestigiosos concursos cubanos en los primeros años de la revolución, como Eduardo Heras León, Luís Rogelio Nogueras (Wichy), Miguel Barnet o Reinaldo González, fueron condenados al ostracismo cultural.

En el libro Sin perder la memoria, escrito por Alicia Elizundia Ramírez, la autora aborda en ocho entrevistas incisivas, la vida y obra de algunas de las figuras víctimas de la parametración, mecanismo ejecutor de las exclusiones durante el Quinquenio gris.

En las palabras de algunos testimoniantes, quedaron recogidos estos criterios los siguientes criterios sobre la etapa más oscura de la política cultural de la revolución.

Para César López, que estuvo quince años sin publicar: “Fueron años oscuros y difíciles. Nada de quinquenio, ni gris.  Largo lapso y más negro que la oscuridad”.

Según Lína de Feria, publicó de nuevo más de 20 años después de ser parametrada. En el transcurso de ese período, intentó suicidarse en varias ocasiones, y estuvo tres años en prisión.

El testimonio de Pablo Armando Fernández, asegura que los años setenta fueron ridículos, persecutorios contra los escritores, y más que un quinquenio, estuvo veinte años sin publicar.

Ninguno ha sido desagraviado. Se les volvió a publicar y ya. Muchos, a pesar de haberse convertido en voceros de sus represores, no pueden olvidar. Otros aún sienten terror de hablar sobre el tema, como la poetisa Nancy Morejón. Todos aceptan lo que les den.

Sin embargo, el hecho de rehabilitar sin aviso a muchos de los  parametrados tantos años atrás, no contempla el perdón, ni significa que haya un cambio en el papel represivo de la política cultural de la dictadura. El objetivo es sacar del medio a quienes pongan en riesgo, con obras o aptitudes, la imagen que vende la revolución hacia el exterior. EN esencia, todo sigue igual.

No importa si son una decena de artistas y funcionarios que aplaudieron al padre Palma durante una homilía “subversiva” en la iglesia de San Salvador de Bayamo: Los expulsaron del sector.

Tampoco si son los integrantes del proyecto socio cultural Omni Zona Franca, con su Festival Poesía Sin Fin, integrado a la comunidad. Les cierran la Casa de Cultura de Alamar.

Mucho menos si son agrupaciones con textos subversivos como Porno para Ricardo: Son encarcelados y se les prohíbe viajar.

La cuestión sigue siendo imponer una política cultural desde la ideología y el poder. Que nadie tenga otra opción que la de representar la cultura oficial. El que no acepte el papel no tendrá un espacio en las instituciones culturales del país.

Por eso es necesario andar pero “Sin perder la memoria” de la represiva política cultural, para lograr que verdaderamente desaparezcan de una vez y no tomen fuerzas, cuatro décadas después, los fantasmas de la parametración, que continúan vivos y rondándonos.

vicmadomnigues55@gmail.com

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Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez
Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. vicmadominguez55@gmail.com

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