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viernes, 21 de noviembre 2014

Siete meses y un día y medio

Un cubano pasa siete meses y un día y medio preso, sin haber cometido delito alguno

Roelio Meralla Soto - Foto de Frank Correa

Roelio Meralla Soto - Foto de Frank Correa

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Rogelio Meralla Soto, natural del Vedado y  residente de Jaimanitas,  cuenta una historia  que parece increíble, de cuando  trabajaba  de  mecánico automotriz en el puerto pesquero de La Habana, en 1993, y una mañana  la policía tocó a su puerta  para llevárselo a una investigación de rutina,  que se convirtió  en siete  meses y un día y medio recluido en la prisión Combinado del Este.

Lo acusaron  de robo con violencia en una vivienda, cargo que negó desde el principio,  porque era una infamia. El sábado que se perpetraron   los hechos estaba en su casa del barrio La timba,  junto a su madre frente al televisor.

El patrullero que lo fue a recoger  lo dejó en un calabozo de Zapata y C   una semana. Después lo trasladaron en prisión provisional para el piso de pendientes del Combinado del Este, hasta el día del juicio

Estaba preso injustamente, por lo que  la prisión resultó  doblemente terrible. Dice que vio  allí todo tipo de vejamen. Intuyó lo que le esperaba en   lo adelante, cuando  en su expediente laboral apareciera la palabra ex recluso y se cerraran  las puertas.  Habitó en los cuatro pisos del penal: pendientes, mayores, jóvenes  y menoría.   Al cumplirse los siete meses exactos de estar tras las rejas, fue llevado en un carro jaula al Tribunal de La Habana. Un abogado de oficio pudo verlo cinco minutos antes de efectuarse el juicio.  Rogelio le contó   atropelladamente que era inocente…   que habían acabado con su vida… que le pusieran delante un solo testigo que jurara  haberlo visto  en el lugar de los hechos ese día.  Estaba desesperado, flaco, triste.

La policía,  que era quien  lo acusaba,  no se presentó a la vista. La única testigo que aparecía en el expediente era la propietaria de la vivienda violentada, que reiteró  haber  dicho a la policía desde el principio,  que ése no era el negrito que había visto rompiendo la ventana.

–No sé porqué  está  preso todavía, si desde hace siete meses  dije que no era él.

El fiscal,  que  solicitaba 16 años de sanción,  retiró la petición. El tribunal ordenó  libertad inmediata,  sin embargo lo llevaron de vuelta al Combinado y lo metieron en un depósito de tránsito, junto a una veintena de delincuentes consumados listos para sentencia.

–Ése día y medio  marcó mi vida, porque según  la ley  por ese día y medio ya no podía  recuperar mi puesto de trabajo.  Era un hombre libre declarado inocente y ni siquiera me dieron una disculpa. Al contrario, me tiraron en aquel  hueco lleno  de fieras, donde mi vida peligró cada segundo. Al otro día,  por la  tarde,  me sacaron  al  almacén de las pertenencias,   me dieron un  pantalón cualquiera y  una camisa,  porque mi ropa no apareció por ningún lado. Me dieron una carta de libertad que guardé bien que no la vieran. Más que un salvoconducto era una acusación: Prisión preventiva por siete meses  bajo Sospecha de robo con violencia. Pensé  que si alguien  leía eso    podía ser conducido de vuelta al Combinado. Ése miedo  incubado hasta hoy va a cumplir veinte años la próxima semana: Que me lleven de vuelta injustamente.

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Acerca del Autor

Frank Correa
Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección beilycorrea@yahoo.es

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