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miércoles, 16 de abril 2014

Pólvora y plomo

Aumenta el número de delincuentes con armas de fuego y los tiroteos callejeros se hacen más frecuentes

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -El riesgo de morir baleado en La Habana ya es una preocupación real para muchas personas. Los peligros aumentan en las barriadas pobres, donde la marginalidad se conjuga con otros factores desencadenantes, tales como el excesivo consumo de alcohol, la distorsión de las creencias de origen Abakuá por parte de las nuevas generaciones, en el hecho de rendirle culto a la violencia en sus facetas más brutales; y el crecimiento del tráfico de estupefacientes.

Muchas de las controversias que terminan en refriegas mortales, están asociadas al control del negocio de las drogas. Usurpaciones de áreas, dinero no pagado en tiempo y forma entre las bandas, son solo un par de motivos para que las tensiones escalen y ensombrezcan la relativa tranquilidad ciudadana.

Las puñaladas y los tiroteos no cesan en los municipios Habana Vieja, Centro Habana, Guanabacoa, Cerro y San Miguel del Padrón, por solo citar algunas localidades capitalinas con una alta incidencia delictiva.

El sábado 28 de julio a las 6 de la tarde, los pistoletazos rompieron la calma en la intersección de las calles de Damas y San Isidro y sus alrededores.

Vecinos del lugar, perteneciente al barrio de Belén, en La Habana Vieja, aseguran que fue algo terrible.

“Yo no me explico, cómo fue que no hubo más muertos. Los tiros silbaban como en las películas policíacas”, contaba una mujer que pudo cobijarse a tiempo dentro de su habitación con puerta a la calle.

“Mi hija y yo nos metimos debajo de la cama. Ella todavía está nerviosa. No es para menos”, añadió.

Otros vecinos de esa cuadra, describieron con similares versiones el hecho que tuvo como protagonistas a varios hombres.

“Uno murió de un balazo en el pecho y otro quedó muy grave”, afirmó un joven que pudo ver la escena desde la persiana del apartamento donde reside.

“Tenía miedo, pero la curiosidad por ver aquello, era mayor. Un familiar de uno de los implicados me informó sobre el único fallecimiento y el estado crítico del otro”.

Una fuente cercana a la policía que pidió el anonimato, se hizo eco de la preocupación que existe dentro de la institución a causa del aumento de estos incidentes y el creciente número de armas de fuego en poder de los delincuentes.

Al observar en su conjunto la realidad socioeconómica del país, se comprende que es lógico que proliferen este tipo de eventos, que muestran un declive que genera problemas cada vez más complejos.

No es disparatado pensar que podemos llegar a un verdadero estado de caos. El potencial para que se materialicen revueltas incontrolables crece en la medida en que se agota un discurso político incapaz de generar esperanzas en una población descreída y apática.

La marginalidad actual tiene sus causas en el fomento de ideas a las que les pusieron el membrete de socialistas, pero que en esencia eran puro barniz.

La podredumbre emerge por todos lados en medio de las dudas y el pesimismo sobre la factibilidad de que los comunistas puedan revertir sus fracasos y sacar al país del profundo atolladero en que se encuentra.

Andar La Habana, no es solo el título de un programa televisivo conducido por el historiador Eusebio Leal, donde muestras la historia colonial de la ciudad desde una perspectiva que ignora la grave situación en materia arquitectónica, servicios sociales básicos, y toda la vasta suma de desastres que son hoy la ciudad y el país.

El título del programa es hoy una irónica invitación a pasear por edificios ruinosos, charcos de agua inmunda y enormes baches, sin olvidar los pistoletazos y las cuchilladas que se han convertido en medios cada vez más habituales para dirimir cualquier desavenencia.

Esa Habana que no aparece en los discursos de Leal, ni en los libretos de los guías turísticos, es el vivo retrato de la Cuba real. Un país en retroceso, en grave crisis, aunque la propaganda se esmere en presentarlo como un país modelo.

Se comenta –porque de esas cosas la prensa no habla- que todos los pistoleros que participaron en la refriega de La Habana Vieja, ya están bajo arresto. Pero no creo que eso no es suficiente para tranquilizarnos. Otros deben tener sus armas listas para usarlas en el momento preciso. El descontrol ya es general.

El creciente número de armas de fuego de pequeño calibre, indica que los almacenes militares no están a salvo de la corrupción y el mercado negro. ¿De dónde salen esas armas?  Desafortunadamente, como dije,  nunca se publican estas noticias en la prensa oficial; que se concentra en hablar del “enemigo imperialista”, sus “mercenarios” y los invisibles “logros” del socialismo.

Por lo anterior, proliferan los rumores como medio de información. Hay que recurrir a la imaginación y las bolas para deducir la procedencia de las armas, o tener  la suerte de encontrarse con fuentes fidedignas dispuestas a ofrecer informaciones -anónimas, por supuesto- sobre el peligroso tráfico de armas que ya se hace evidente con los tiroteos callejeros.

oliverajorge75@yahoo.com

Acerca del Autor

Jorge Olivera Castillo
Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor, poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.

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