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miércoles, 23 de julio 2014

Operación Maceta

La Operación Maceta arruinó a un traficante de café y enriqueció a una presidenta de un CDR

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Una de las mayores operaciones policiales de Cuba—La Operación Maceta—arruinó  a un traficante de café, enriqueció  a una presidenta de un Comité de Defensa de la Revolución (CDR) y aportó un sinónimo al dialecto de la isla.

Ernesto Fuentes es un ex oficial de la contrainteligencia cubana, y aunque ahora se dedica a comprar pedacitos de oro y tapas viejas de relojes rusos antiguos, todavía guarda en su memoria anécdotas de su época de soldado. Muchos consideran que es un charlatán, pero no lo es.

Cuenta que en el ya lejano otoño de 1990, el Ministerio del Interior (MININT) ordenó  a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) que listaran en cada cuadra a las personas con un nivel de vida por encima de sus posibilidades económicas.

“La acción cederista desembocó en la mayor cacería de adinerados en Cuba: La Operación Maceta”, asegura Fuentes.

Dice también que, aunque parezca paradójico,  cuando se puso en marcha dicha operación la policía no tenía la menor idea de las actividades ilegales de la mayoría de los detenidos. No se les detuvo por la comisión de algún delito, sino por uno de los siete pecados capitales: la avaricia.

“Todos los arrestados tenían una cosa en común: un elevado nivel de vida, sólo equiparable al de un alto dirigente del gobierno”, dice bajando la voz, hasta convertirla casi en un susurro.

De ahí en adelante a los detenidos se les conoció como “los macetas”. Con el tiempo, el uso se extendió para nombrar a todo adinerado, sin importar la procedencia del dinero ni la filiación política de la persona. Por eso, actualmente en Cuba, al que vive con un nivel de vida alto se le llama maceta, ya sea un delincuente o un miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Cuenta Fuentes que precisamente dos de sus objetivos en la operación pugnaban desde bandos contrarios. Uno, Manuel Sánchez Rodríguez, era un traficante al que todos llamaban “Manolo Café”, en referencia al producto que contrabandeaba. A él se lo quitaron todo: una casa, dos carros y medio millón de pesos que tenía ocultos dentro de un colchón. Antes de ser transferido para la prisión, uno de los jueces del tribunal le dijo que él era una vergüenza, y que no tenía cabida en esta sociedad “de los humildes y para los humildes”.

La otra, Odalis Rajadel Sosa, era una fogosa y emprendedora militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), que estableció su residencia permanente en La Habana un año después de abandonar su natal Holguín. Presidía el CDR de la cuadra donde vivía Manolo Café, y era también la informante de Fuentes.

Antes de delatar a Manolo daba encendidos discursos en las reuniones del CDR sobre el ideal comunista, en los que fustigaba a los “burgueses que nos lanzan al rostro su opulencia”, en clara alusión al estilo de vida del traficante.

“Esta joven se convirtió,  poco años después de la operación policial, en la maceta de la cuadra”, afirma Fuentes; quien mete dos pedazos de cadenas de oro en un saquito, y sonríe  al ver la cara de sorpresa de su interlocutor.

Aclara que en el año 1993 el gobierno se vio obligado a despenalizar el dólar y, para poder recaudar los dólares que empezaban a circular, abrió una cadena de tiendas. En un inicio se les dio preferencia para trabajar allí a los retirados de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, así como a personas de probada fidelidad al régimen.

Ella consiguió un puesto de dependiente, y con el tiempo escaló posiciones hasta convertirse en la administradora. Su esposo e hijo trabajan también en el ramo de las tiendas. Demolió su antigua y modesta casa y erigió una de dos pisos. La cercó, y adornó sus garajes con dos autos marca Lada. Se dice también que compró una casa en la playa, aunque nadie la ha visto. Todos saben que el salario que ella gana no da para mantener el lujo con que vive, pero ahora al Ministerio del Interior no le interesan tanto esas cosas.

En las noches brilla un gigantesco cartel lumínico cuya base descansa en el jardín de su casa y que reza así: “CDR #7 Frank País”.

Ya en sus discursos no menciona a los “burgueses que nos lanzan al rostro su opulencia”. Ahora sus diatribas van dirigidas a “los mercenarios que al servicio del imperio yanqui amenazan con arrebatarnos nuestras conquistas”.

-La vida no es justa, ¿Verdad, pariente?”, -concluye Fuentes. Luego se aleja pregonando el ya clásico “Compro pedacitos de oro”.

Acerca del Autor

Julio Cesar Álvarez
Julio Cesar Álvarez

Julio César Álvarez López (1968) Graduado en 1990 de la Escuela Superior de Contrainteligencia Hermanos Martínez Tamayo. Detenido en 1992 por colaborar con los Grupos de Derechos Humanos y sancionado por un Tribunal Militar a 19 años, de los que cumplió 16, siete de ellos en la Prisión de Máxima Severidad de Camagüey. Salió en libertad condicional en abril de 2008 y cursó estudios de computación y fotografía digital en la iglesia San Juan Bosco. Sabe Inglés y en la actualidad estudia Alemán. Reside en La Habana.

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