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domingo, 31 de agosto 2014

Nunca perder de vista al pueblo, que será quien decida

Entrevista con Eliécer Ávila

Eliecer AvilaLA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Aunque Eliécer Ávila obtuvo un reconocimiento fulminante en Cuba y en los medios internacionales por su interlocución con Ricardo Alarcón (que lanzó su célebre delirio sobre “la trabazón que habría en los aires del planeta” si todos tuvieran derecho a viajar), prefiere hablar, más que de los “viejos tiempos”, de lo que piensa actualmente, de lo que tiene que decir sobre los graves problemas que padece nuestra sociedad. Si bien hay diferencias en las ideas que tenía cuando ocurrió aquella reunión de dirigentes de la Universidad de Ciencias Informáticas con el presidente de la Asamblea Nacional, hay principios básicos que Eliécer mantiene desde entonces, como es el obligado y estrecho vínculo con el pueblo que deben mantener quienes quieran llevar adelante un proyecto de cambios políticos, sociales y de todo tipo en el país. De hecho, él mismo propuso el título de esta entrevista, que concedió a Cubanet a pesar de las dificultades (pasa muy poco tiempo en La Habana, cuando puede venir, y no tiene acceso a correo electrónico ni a internet). En la última visita acá, concertamos la entrevista, que finalmente tuvo que hacerse por teléfono.

Llama la atención, pese a la juventud de este ingeniero en informática, su talante serio y su sinceridad sin emotividades ruidosas, lo que no quita que por momentos pueda mostrar una sutil ironía, como cuando alude a la reciente victoria de Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela, y a lo que puede sufrir el pueblo venezolano, al señalar “allá los que no lo conocen. Ya nos veremos dentro de cincuenta años”.

Cubanet – Muchos te ven como un líder potencial, pero quedan quienes te ven aún como “un producto de la UCI” sin suficiente credibilidad. ¿Qué les dirías tú a unos y a otros?

Eliécer Ávila – Por supuesto que me interesa la opinión que tiene el pueblo sobre mis planteamientos. La gente suele manifestármela todo el tiempo. Pero más me interesa que cada cual se sienta libre de pensar u opinar lo que desee, sobre mi pensamiento o sobre cualquier otro asunto.

Mi participación en la política no persigue como objetivo que la gente me vea de una forma o de otra. Cuando uno está preocupado por ese aspecto, empieza a dramatizar como lo puede hacer un actor de cine o de teatro para obtener la mayor cantidad de aplausos.

Yo solo pretendo ejercer mi derecho como ciudadano de Cuba a expresar, no solo mi visión de la realidad en que vivo, sino mis ideas y propuestas para hacer esa realidad respirable para los cubanos y coherente con los tiempos.

CN – Numerosas personas quieren saber tus opiniones y expectativas. ¿Cuáles son las diferencias y similitudes fundamentales entre tu pensamiento y el de los principales opositores políticos tradicionales?

EA – La verdad es que existe cierta falta de comunicación entre los diferentes grupos opositores del país, y más aun entre esos grupos y personas como yo, que no estamos afiliados a ningún movimiento. Esto dificulta que uno pueda conocer con suficientes detalles el pensamiento de los líderes de las organizaciones, así como los principios que las rigen. Por esta razón hasta ahora he preferido no dar criterios sobre persona alguna. No deseo caer en la superficialidad que veo día a día, reflejada en las opiniones de muchos, que basan sus criterios en lo primero que les cae en las manos o en lo que les ponen por el televisor.

No obstante, y ya que sacas el tema, me gustaría sugerir una especie de “Conferencia Nacional de Oposición” en la que todos los que disentimos de la política del gobierno podamos poner en claro nuestras ideas y puntos de vista. Seguramente encontraríamos muchas divergencias y también coincidencias, pero todos saldríamos mucho más claros sobre cómo piensa cada cual con respecto a cada tema, porque son muchos los temas que hay que discutir.

Sin embargo, te puedo adelantar que la mayoría de los contactos y conversaciones que he tenido han sido con jóvenes que tienen mucho empuje y que han ganado, sin dudas, un espacio en nuestro ambiente político con sus proyectos, sobre todo en la actualidad. Y puedo afirmar: si en algo coincidimos de plano es que lo que sea que deba suceder con el futuro de Cuba, es el pueblo en su totalidad el que debe decidirlo, y no un selecto grupo de personas, como ha sido, para ser sincero, durante casi todo el tiempo de nuestra historia.

Consolidar una democracia institucionalizada y funcional donde las reglas estén claras para todos, y todos estemos incluidos en igualdad de condiciones: ese es sin dudas el primer paso imprescindible para poder avanzar en todo lo demás, incluyendo lo económico. Es, incluso, un paso obligatorio para poder discrepar de verdad, pero en un marco de cultura, civismo y respeto. En eso creo que la mayoría coincidimos.

CN – ¿Crees que el actual socialismo cubano es salvable, que hay que concebir otro socialismo o que se debe implementar otro sistema diferente por completo?

EA - Te repito: eso lo decide el pueblo. Pero mi propuesta siempre será no estar amarrados a nada, a ningún tipo de esquema o filosofía. Entre más abiertos estemos a la hora de encontrar una solución a cada problema, más opciones tendremos. Lo que sí te puedo asegurar es que las aspiraciones individuales de los cubanos no tienen nada que ver con el comunismo o el fidelismo que aquí se ha impuesto.

Creo que en las entrañas siempre hemos sido occidentales, lo cual es una suerte, y cuando se puedan expresar los deseos con libertad y esos legítimos deseos se conviertan poco a poco en leyes, el país lógicamente se empezará a parecer a los cubanos. Así que una filosofía de prohibiciones, centralizaciones, absolutismos y barreras mentales no tendrá respaldo suficiente jamás para imponerse. Téngase en cuenta que, cuando se impuso, vino con una mezcla especialmente dosificada de engaños y actos de fuerza. Hoy el pueblo conoce esa estrategia al dedillo, porque la ha sufrido y la sigue sufriendo. Así que no se tragará nada parecido nunca más. Allá los que no lo conocen. Ya nos veremos dentro de cincuenta años.

CN – ¿Te parece que la indiferencia del gobierno cubano hacia los reclamos de la Unión Europea y Estados Unidos sobre derechos humanos se debe principalmente al apoyo de casi todos los gobiernos latinoamericanos?

EA – A mi juicio, los gobiernos latinoamericanos no expresan siempre la verdad acerca de lo que piensan sobre nuestro gobierno, sino que algunos tratan de aprovechar en su beneficio lo que Cuba les puede ofrecer como parte de su política exterior encaminada a dar una imagen idílica de la revolución y de cómo viven los cubanos. Pero lo cierto es que sí, ese apoyo medio prostituido el gobierno comunista lo usa para legitimarse ante el mundo y ante el pueblo, fortaleciendo su rol de víctima eterna de las “injurias” y la “codicia” de los poderes imperiales.

No existe en Cuba nada más manipulado y ultrajado que el concepto universal acerca de los derechos humanos, sobre todo los que van más allá de la salud y la educación. Como si aquellos derechos se hubieran establecido para que en Cuba fueran interpretados de una forma “especial”, que, dicho en buen cubano, es como le da la gana al que no le conviene respetar su verdadera esencia liberadora.

CN – El gobierno cubano no parece dispuesto a ratificar los pactos de la ONU. ¿Cuál crees que debe ser el camino de los demócratas cubanos si esa negativa queda demostrada?

EA - La negativa está demostrada de antemano. Preguntárselo no es más que un protocolo necesario que cuenta con todo mi apoyo. Firmé con gusto esa demanda desde su creación, en cuanto Antonio Rodiles me la presentó, porque considero que es seria y contiene esencias indiscutibles.

Sobre el camino a seguir, no me gusta hacer de iluminado. Yo creo que el contexto actual impone revisar a fondo las estrategias y también discutir, con seriedad, los puntos de vista y las formas de pensar y de proceder. Y por eso reitero mi propuesta de crear un foro donde estemos todos de frente.

En mi caso, soy un partidario de no solo concentrarse en la discusión con el gobierno, sino de mirar también hacia la gente, a los que más tarde o más temprano apoyarán o no los proyectos e iniciativas que se vienen proponiendo. Buena parte de este pueblo está desesperada por participar de algo diferente, algo serio, algo en lo que se pueda confiar.

Pero el misterio, los errores éticos, los secretos que no son operacionales sino de principios, no ayudarán nunca a este propósito.

Hay que recordar siempre que los mayores logros concretos de la oposición se obtuvieron con la participación de miles de ciudadanos que dieron sus firmas para apoyar una propuesta clara, hasta el punto en que el gobierno se vio obligado a cambiar la Constitución al darse cuenta de que se le podía mover el piso en un juego limpio al cual no estaba acostumbrado.

Los tiempos en que aquellos miles de cubanos dieron su respaldo eran mucho peores que estos.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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