Cubanet
Noticias de Cuba – Prensa Independiente desde 1994
lunes, 24 de noviembre 2014

Musculosos y frágiles

Prostitución masculina en La Habana, cruda realidad de la que se habla poco

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -Por estos días de temporada alta turística, muchos visitantes foráneos ven a La Habana como la ciudad poblada por machos amables, en la cual se dan el gusto de darle vacaciones a la conciencia y satisfacer deseos reprimidos. Una ciudad donde se pueden negociar, a precios módicos, las mejores fantasías.

La prostitución masculina es desde hace años una cruda e incómoda realidad que el narcisista machismo revolucionario trata de ocultar. El simulacro, la ilusión y el maquillaje son parte de la oferta de la industria habanera del placer rentado. Aunque mucho se habla del “jineterismo” y las “jineteras”, la prostitución masculina  -el “pinguerismo”- también florece en el circuito turístico y es para muchos jóvenes cubanos “un deporte extremo de alto rendimiento”.

A través de esta peligrosa actividad, varones jóvenes, de entre 15 y 20 años en muchos casos, acceden al glamour y a “una vida mejor”, negociando sus cuerpos. Entre la fauna de esta ciudad los visitantes pueden encontrar de todo, desde muchachos que se resisten a vestirse de novias, vaqueros de la noche, machos “sin plumas”, seductores de billeteras que intentan salvar a su familia del precipicio, hasta otros que negocian su sexualidad utilizando las ventajas del color de su piel. Pues en esta economía de placeres y estereotipos, el sujeto negro y mestizo es objeto de alta oferta y demanda. La raza es un capital simbólico para negociar dentro de este tipo de intercambio.

Muchos de ellos vienen de provincias del interior del país, donde se sienten asfixiados. Particularmente proceden de las zonas más deprimidas económicamente como Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma, pero también de zonas menos en las márgenes, como Cienfuegos y Ciego de Ávila. Son seres nómadas, sin territorio fijo, y a muchos no parece incomodarles el modo en que se ganan la vida, pues han escapado de zonas de alto riesgo.

Para Tristán, un joven de 22 años, graduado en Informática y natural de la provincia de Camagüey: “Muchos de los hombres con que voy tienen hijos y una familia “adorable”. Me es difícil acostarme con ancianos que huelen mal. Para nada es fácil seducir a un extraño, pero la necesidad me obliga. Para mí, los europeos son mejores clientes que los latinos, respetan a los hombres y no se ponen con eso de querer besarlo a uno y cogerle la mano en público; hacen lo suyo y ya”.

Añade Tristán que: “Nadie imagina las bajezas que los clientes pueden pedir, pero al menos esto me permite pagar deudas, y darme gustos que van desde enviarle dinero a mi madre, enferma de leucemia en Nuevitas, hasta comprarme un perfume, o invitar a una chica a comer o a bailar en una discoteca. Esto es muy duro para la autoestima, pero hay que vencer las dificultades que son muchas, hasta que pueda salir de esta asfixiante isla”.

La prostitución masculina, al igual que la femenina, alimenta una larga cadena de corrupción, que va desde el proxeneta hasta el policía.

Según Pablo, un investigador social: “El pinguerismo genera una cadena en la que todos quieren aprovecharse del pinguero. Es un circuito en el que nadie te respeta, desde el policía que quiere chantajearte, humillarte, quitarte el dinero y tomar ventajas que van desde sexo gratis hasta pagarle algún capricho. La necesidad de algunos cubanos los obliga a prostituirse. La prostitución masculina es más rentable y barata, pues entre hombres el sexo lo mismo se puede hacer en una escalera, que en una azotea, un parqueo o un baño, hasta en un cementerio”.

Según Hanny, un travesti rubio, de 18 años, la prostitución es una forma de vida: “En este oficio me he acostado con gente de todos los colores y de casi todos los rincones del planeta. Podemos llegar hasta donde la imaginación nos lleve, de su parte y la mía. Mis clientes son de todas las edades, desde 20 hasta 75 años. No discrimino, pero los cuerpos oscuros me subyugan. Tengo un amigo de Bahamas que dice ser mi novio, y eso, como fantasía, me encanta. Me encanta prostituirme, pues el trabajo sexual es una manera creativa y divertida de ganarme la vida, la manera sobre la cual tengo más control. Es un oficio tan honorable y respetable como otro. Me gusta compartir soledades, la del cliente y la mía, lo veo como una relación humana”.

Beyonce, un travesti habanero de piel negra, del barrio de Pogolotti, en Marianao, sostiene: “Me gusta invitarlos a mis gestos reposados. Mis clientes preferidos son los italianos, son muy amables conmigo y esa ecuación de macho-hembra los vuelve loco. Con esta nueva reforma migratoria pienso pasarme unos meses en Milán, el próximo año, pues Giovanni, el más fiel de mis amantes, quiere un compromiso más serio. No queda más remedio que dedicarme a esto, pues aquí no hay esperanzas, ni sueños. También tengo que sacar a mi familia de la pobreza, somos 17 en una cuartería”.

Muchos de estos chicos viven en barrios marginales de La Habana, que el turista que los contrata no ve, y para ellos la exagerada masculinidad es a la vez camisa de fuerza y coraza que les permite sobrevivir en ese medio. Muchachos viriles, musculosos, pero muy frágiles simultáneamente.

madrazoluna@gmail.com

Ver más en:

Acerca del Autor

Juan Antonio Madrazo Luna
Juan Antonio Madrazo Luna

Juan Antonio Madrazo Luna: Activista cívico y líder del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Reside en Ciudad de La Habana.

Envie su Comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan la opinión de Cubanet Noticias. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario que viole alguno de los términos y condiciones del reglamento será inhabilitado para volver a comentar. Pedimos a los usuarios abstenerse de utilizar palabras obscenas u ofensas de tipo personal. Enviar un comentario implica la aceptacion del reglamento. Servicio proporcionado por DISQUS.


comments powered by Disqus

Coméntalo en Facebook: