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jueves, 24 de julio 2014

Menos pifias y más aciertos

Es inaplazable la búsqueda de nuevos derroteros en la lucha cívica por los cambios en Cuba

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 –Nada indica que a corto plazo pueda articularse un movimiento popular que logre presionar lo suficiente para lograr un cambio político en Cuba. Independientemente del crecimiento de las posturas temerarias de centenares de opositores en la lucha contra las huestes gubernamentales, encargadas de repartir ofensas y golpes a granel, se erigen obstáculos imposibles de subestimar.

Es preciso evitar los criterios superficiales al adoptar estrategias, así como los análisis mecánicos que pervierten los fines propuestos.

Considero que las circunstancias actuales no son propicias para que una parte relevante de la población rompa las cadenas de la doble moral, la apatía y los miedos.

Sería mezquino desconocer el esfuerzo de tantos activistas cívicos, pero la efectividad de muchas acciones con el propósito de sumar adeptos es a menudo insignificante o nula. El pueblo continua manteniéndose al margen, ante el riesgo de sumarse a un acto tan peligroso como la desobediencia civil.

Gran parte de los errores que provocan el estancamiento o la lentitud del proceso para sacar a Cuba del mapa totalitario, se debe a la búsqueda de protagonismo, o la incapacidad de los opositores para desempeñar con efectividad los papeles de liderazgo. A esto se une al trabajo de la policía política, con su desproporcionado número de agentes y sus metodologías de cruel represión.

Con las restricciones para el uso del internet (elevados precios y bajo nivel de conectividad), junto al limitado acceso a la telefonía celular, amén de las escuchas ilegales y las intromisiones en las cuentas de correo electrónico por parte de especialistas del Ministerio del Interior, es extremadamente difícil concertar políticas y planes entre las diversas agrupaciones prodemocráticas.

La dictadura cubana alardea de tener más partidarios que detractores en el plano internacional, no tanto entre los gobiernos como entre ilustres personalidades del mundo académico, artístico e intelectual.

Para colmo, participa, y a veces no como un simple miembro, en decenas de entidades pertenecientes a las Naciones Unidas, y en otras de carácter continental. La pasividad o el silencio de todos los gobiernos del Cono Sur, África, en pleno, y buena parte de Asia, ante sus masivas y flagrantes violaciones de los derechos humanos, le proporciona a la dictadura cubana un holgado margen de legitimidad.

En el globalizado mundo de las comunicaciones, y es duro admitirlo, el grueso de las incidencias que a diario describen los abusos contra quienes eligieron oponerse a la dictadura cubana, queda minimizado ante otras tragedias más mediáticas o de mayor envergadura.

Los muertos en las guerras fratricidas y las espantosas imágenes de las catástrofes naturales o provocadas por el hombre, absorben casi toda la atención de los centros dedicados a seleccionar lo que consideran de interés para la opinión pública internacional.

En el tablero del mundo, el tema Cuba es un problema menor y no se perfilan cambios en este sentido, salvo una milagrosa conjunción de factores internos y externos que favorezca otros enfoques.

Es inaplazable la búsqueda de nuevos derroteros en la lucha cívica por los cambios, y en la superación de una serie de actitudes mediocres que restan credibilidad al movimiento opositor, a la vez que ayudan a reforzar la maquinaria gubernamental, siempre lista para poner en práctica los más viles castigos físicos y psicológicos.

Hace falta afinar el discernimiento para no equivocarse a la hora de elegir el puesto donde ser más eficaz. Y por otro lado, sería muy importante incorporarle una buena dosis de humildad a todas nuestras acciones, para reconocer las insuficiencias y limitaciones en el cumplimiento de determinadas tareas.

Ningún ser humano es apto para brillar en todas las metas que se proponga. Como bien dice la Biblia, los dones fueron repartidos y las buenas intenciones no son suficientes para obtener resultados meritorios. La política es una asignatura difícil, enmarañada, que no se aprende en poco tiempo. Hay que afinar las estrategias. Los tiempos exigen menos pifias y más aciertos.

oliverajorge75@yahoo.com

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Acerca del Autor

Jorge Olivera Castillo
Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor, poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.

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