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miércoles, 16 de abril 2014

Llueve sobre La Habana

La Habana es una ciudad donde un simple aguacero se convierte en un grave problema público

Foto de Lucas

Foto de Lucas

LA HABANA, Cuba, junio, 173.203.82.38 -La lluvia azota La Habana y, como siempre que esto ocurre, el caos lo trastorna todo inmediatamente. El torrencial aguacero sorprendió a los habaneros en pleno mediodía y en pocos minutos las calles se tornaron imposibles para caminar, porque cuando llueve en esta ciudad el agua sube a las aceras y se arremolina en las esquinas, y no queda otro remedio que meter los pies en los remolinos de agua fangosa.

La lluvia me impidió continuar la marcha en la intersección de Línea y L, donde en menos de quince minutos el nivel del agua subió por encima de la acera. Apenas logré cruzar la calle Línea para guarecerme debajo de un alero.

“No sé ni para qué llueve en este país, si por mucho que llueva el mango más chiquito cuesta 5 pesos. Esta lluvia solo sirve para derrumbar edificios y destruir los zapatos, que además cuestan carísimos”, rezongaba una mujer joven con el pelo mojado que junto a mí se guarecía de la lluvia.

“Imagínese que voy para mi casa y tengo que recoger a la niña en la escuela, y mire cómo llueve. Si me resfrío y cojo catarro, a buscar medicinas. ¿Y dónde están? Porque en las farmacias no hay nada para el catarro”.

Balbina, una amiga que pretendía ir al policlínico a que le inyectaran algo para  aliviarle un dolor en la espalda no pudo salir de su casa por la lluvia. He aquí su apocalíptica perorata: “Esto es increíble, por un simple aguacero. No hay ni una transporte que coger para trasladarse unas cuadras, y con el dolor que tengo, ni pensar en ir caminando.  En este país, si no llueve es malo y si llueve, peor. Ahora prepárate, porque cuando escampe tienes que andar con cuidado para que no te caiga en la cabeza el balcón de un edificio”.

Al lector quizás le parezca exagerado tanto desasosiego, pero imagínese como yo, varado en una esquina debajo de un chorro de agua, con la ropa empapada, sin un taxi, y mucho menos un ómnibus que coger, en una ciudad con su infraestructura en ruinas, en la que hasta el más mínimo fenómeno climatológico produce un verdadero caos.

La causa de las inundaciones cuando llueve radica en que el sistema de alcantarillado está tupido en la mayor parte de la ciudad. A esto se une el mal estado del pavimento, lleno de baches que se convierten en lagunas de un agua sucia y pestilente que baña a los transeuntes al pasar los carros. Ni los que se quedan en sus casas se salvan del efecto de la lluvia, porque casi siempre que llueve fuerte y con viento, se interrumpe el servicio de electricidad. Y ni hablemos de los derrumbes, que ya son parte de la vida cotidiana en esta ciudad que, después de medio siglo de abandono, se desploma a ritmo acelerado.

A todas estas, un gobierno que no es capaz de garantizar el normal funcionamieno de una ciudad tropical cuando cae un aguacero, no cesa de alardear sobre sus prácticas y planes de contingencia para enfrentar posibles desastres naturales.

¡Como si –con lo que hemos visto hasta ahora– no fueramos los habaneros capaces de imaginar lo que sucederá el día que azote a esta ciudad un huracán de verdad!

Acerca del Autor

Lucas Garve
Lucas Garve

Lucas Garve. La Habana, 1951 Periodista, escritor y profesor de francés. Director de la Fundación para la Libertad de Expresión.Colaborador de Cubanet desde 1996 garvecu@yahoo.com

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