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miércoles, 22 de octubre 2014

Lento de mollera

Kcho ignora que es el régimen quien constituye una carga para el pueblo, no al revés

Kcho Machado Alexis Leyva

Kcho, alias Alexis Leyva

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -A Kcho, alias Alexis Leyva, el policía de la plástica cubana, debió ocurrirle como al burro que tocó la flauta dejándose llevar por un extraño impulso pero la nota fue tan dulce que terminaría asustándolo. Entonces puso tierra de por medio entre la flauta y él, ya que tales finezas no estaban en onda con su vocación.

Adicto al ladrido como sustituto del habla, y a la obtusa consigna patriotera en lugar del juicio, Kcho gusta dárselas de troglodita, tal vez porque piensa que es así -y no con sus habilidades de pintor- como mejor consigue impresionar a la gente. Claro que al final, su talante de tipo hosco y maltratador de los más débiles no resulta sino una impostura, de esas que son propias de los guardias varegas en todas las dictaduras: lobos con los de abajo y corderitos ante los de arriba.

La otra impostura de Kcho es su pretendida humildad y su apego al pueblo, el cual padece miseria aguda, represión, angustias y desesperanzas, mientras él se abre paso entre la claque de la izquierda bistec habanera, conformada por ricos y opulentos salvadores de la patria y del socialismo, para los que nada aquí está prohibido, mientras sean fieles al régimen, o al menos mientras le finjan fidelidad: ni el enriquecimiento, lícito o ilícito; ni la violación de las leyes; ni las orgías más estruendosas, con o sin cocaína; ni la práctica discriminatoria, con los pobres, los negros, las mujeres; ni los vuelos al exterior sin tarjeta blanca…

Ahora Kcho es copropietario de un muy fastuoso restaurante en Varadero, justo en áreas de la Marina Gaviota (es decir, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias). El establecimiento, llamado KIKE-KCHO, se anuncia como único no sólo en Cuba sino en todo el Caribe, una exageración quizá, aunque bien caro y distinguido sí es, con muelle propio, criadero exclusivo para mariscos, y barco particular que trae los peces directamente desde alta mar hasta la mesa.

El tipo se está forrando, algo que sería digno de admiración, si no lo hiciera como lo hacen hoy todos los integrantes de esa high society que es nuestra izquierda bistec, cínicos vaciladores del socialismo o del caciquismo cubano, que viven privilegiadamente bajo la sombra de la dictadura, nadando en la abundancia, la prerrogativa y el fasto, más ricos en tanto más aguda es la crisis nacional, y que encima, para colmo, posan públicamente de patriotas y revolucionarios.

Hace poco, el periódico Granma salió en defensa del dueño de KIKE-KCHO, dice que para ripostar las manipulaciones e interpretaciones sesgadas que se hicieron en la prensa libre del exterior sobre una propuesta que, en su condición de diputado a la Asamblea Nacional, formuló él sobre la nueva Ley del Sistema Tributario.

Entre otras memeces, había dicho Kcho que en esta isla en ruinas, “Una ley tributaria justa debe cobrar impuestos al 100 por ciento de los ciudadanos, laboral y económicamente activos, y hasta a aquellos que no laboran, pero son una carga para el Estado, porque reciben todos los beneficios que el Estado produce”.

Dijo más, pero no creo pertinente abusar de los lectores reproduciendo disparates en torno a una ley ya de por sí disparatada más que suficientemente, al punto que hasta más de un adepto al régimen ha tenido a bien criticarla.

Tan lento de mollera como ágil con las manos, Kcho parece ignorar que en Cuba es el Estado quien constituye una carga para la ciudadanía. De modo que aquí, una ley tributaria verdaderamente justa debería exigirle al Estado que le pague impuestos al pueblo, no sólo por incurrir, con reincidencia y sin saldar la inversión, en el uso neoesclavista de sus potencialidades laborales e intelectuales, sino, sobre todo, por condenarlo de por vida a la miseria y el atraso.

Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0

Acerca del Autor

José Hugo Fernández
José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro. Reside en La Habana, donde trabaja como periodista independiente desde el año 1993.

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