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viernes, 21 de noviembre 2014

Laura Pollán in memoriam

¿Cómo puede un gobierno cometer la desfachatez de no respetar siquiera el alma de una pacífica “enemiga”?

Berta Soler, portando la última letra del cartel

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -El domingo 14 de octubre se cumplió el primer aniversario de muerte de Laura Pollán, fundadora y líder del movimiento cívico bautizado como “Damas de Blanco”. El sábado la bloguera cubana Yoani Sánchez hizo público un mensaje en el que anunciaba que la sede del grupo (en Neptuno 963) estaría abierta para todo aquel que quisiera rendirle homenaje y firmar un “libro en recordatorio a Laura Pollán”; pues el libro, más que de condolencias, es de tributo a su memoria.

Nuevamente, la Seguridad del Estado hizo gala de su soberbia, e impiedad. Al mediodía del sábado organizó una fiesta vecinal, con música popular a todo volumen, frente a la casa de reunión de las Damas, para atormentar a las mujeres que rezaban por la difunta. La música estuvo sonando hasta después de las cuatro de la tarde.

Y el domingo por la mañana, hizo un cerco policial a ambos lados de la calle Neptuno, para evitar que llegasen los amigos y simpatizantes: primero situó uno –a dos cuadras del lugar, con tres tanques de basura en forma de valla–, para desviar el tránsito de los vehículos; y luego otro, en las esquinas inmediatas a la casa, con el propósito de impedir el paso de las personas que venían a ofrecerle muestras de respeto y admiración a la mártir.

Antonio Rodiles, coordinador del proyecto cívico Estado de SATS, llegó a una de esas esquinas, y tras una breve discusión (que presagiaba el arresto) con los agentes de la Seguridad del Estado, logró pasar finalmente a la casa, acompañado de tres personas más, y firmar el libro de honor.

Simultáneamente, en la iglesia de Santa Rita de Casia, en el municipio Playa, se estaba celebrando la misa donde habitualmente asisten las Damas de Blanco –aunque en esta ocasión, tenía un significado especial. Al acabar la ceremonia, las mujeres se reunieron a la entrada del templo (a un costado del altar de Santa Rita), y allí Berta Soler, la figura principal del grupo, pronunció unas palabras, y a continuación, habló la hija de Laura Pollán.

Berta Soler junto a compañeras

Salieron a la escalinata. La prensa extranjera les tiró fotos, mientras las damas posaban con gladiolos rojos (artificiales), y exhibían las letras de un cartel, que sumadas decían: “Laura Pollán Vive”. Luego se pusieron en fila, y salieron a su acostumbrada marcha por la Quinta Avenida. Regresaron después de un rato, y, alineadas de pie frente a la iglesia –que ya había cerrado sus puertas–, rezaron a viva voz un Padre Nuestro y un Ave María. Al final, todas gritaron… ¡¡Libertad, libertad, libertad,…!! El eco de sus voces retumbaba en medio de los edificios, como un canto de victoria, y atronaba la calma del paseo, por donde suele escucharse el sonido de los carros.

Y cuando iban a cruzar la calle, un hombre desconocido, que conducía una camioneta, aminoró la velocidad, y levantando el puño, les gritó: “¡Eso es lo que hace falta, libertad y democracia para Cuba!”. Todas se rieron.

Probablemente, uno de los códigos de ética más antiguos y sagrados en la historia de la humanidad, sea el que esté asociado a las costumbres de la guerra, sobre todo antes y después de la batalla, pues una guerra es una empresa demasiado bárbara como para no ponerle cotos de civilización. Y sabemos por la Ilíada, que es el primer gran monumento de la literatura occidental, que los griegos, desde hace más de tres mil años, pactaban con sus enemigos –en este caso, los troyanos– para que hiciesen en paz su duelo y sus ritos funerarios. Once días le concedió Aquiles, el más temible de los héroes griegos, a Príamo, el gran rey troyano, para que honrase el cadáver y el alma de su hijo Héctor. Y a pesar de su sufrimiento, y de su ira abrasadora, Aquiles comprendiendo la semejanza del dolor agónico que los laceraba a ambos, y respetó el deseo de su mayor enemigo.

¿Cómo entonces, a estas alturas de la civilización humana, un gobierno comete la desfachatez y la arrogancia de no permitir siquiera que unos ciudadanos puedan firmar un libro de honor; de no respetar siquiera el alma de una “enemiga”, que los combatió pacíficamente?

Muy pronto pasarán ellos por el luto. Y ya que no podrán arrancarle las lágrimas de los ojos a la gente, lo menos que podrán esperar es sobriedad y compostura –aunque sean fingidas–; porque como enuncia el más célebre aforismo de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Acerca del Autor

David Canela Piña
David Canela Piña

David Canela Piña. Nació el 27 de abril de 1981 en Ciudad de La Habana. Estudió en la escuela primaria Fabricio Ojeda y en la secundaria Otto Barroso, ambas en el municipio Habana del Este. Obtuvo la beca para el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas V. I. Lenin, donde se graduó en 1999. En 2006 se gradua de la carrera de Letras en la Universidad de La Habana, con una tesis sobre la cosmovisión poética del escritor cubano Raúl Hernández Novás. Ha trabajado como editor, profesor de gramática, especialista literario, y ahora como periodista de medios digitales. Durante siete años vivó en Diez de Octubre, ahora vive en el Municipio Playa.

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