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viernes, 31 de octubre 2014

La peste viene de arriba

Ningún medio oficial cubano se atreve a pinchar la burbuja donde medran “los hijos de papá”

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Nada de videos. Ya han pasado diez meses desde que Raúl Castro anunció la divulgación de las películas sobre los escándalos de corrupción estatal y de  firmas extranjeras, acontecidos hasta el 2011, y cuyo título -según  rumores- era “Metástasis”.

No cumplir con su palabra no es novedad entre las autoridades cubanas; por el vaso de leche que nos prometió Raúl estamos esperando desde hace más de cinco años. Pero la noticia de que se harían públicos los videos causó expectativas, pues se decía que esos vídeos no serían analizados única y secretamente por los militantes del partido comunista y acólitos del régimen, como es costumbre. Por primera vez en 54 años, nuestra gente de a pie observaría en sus televisores el estercolero donde se revuelcan los de arriba. Era lo más parecido a nuestro “glasnost”. Al menos fue así como se nos anunció, o como interpretamos el anuncio.

De cualquier manera, divulguen o no el vídeo, y aunque los medios informativos tratan de desviar nuestra atención del descalabro raulista; en las guaguas, los timbiriches, las colas y hasta en la oscuridad de los apagones todos hablan de algo está apestando a podrido en el país.

Desde que Raúl esgrimió las riendas del poder pululan los escándalos de corrupción, las sistemáticas purgas,  la lentitud en aplicar las transformaciones anunciadas y el desgano administrativo.

Entretanto, la vicepresidenta Gladys Bejerano, nombrada para dirigir la Contraloría General de la República -como dama de hierro de la lucha anticorrupción-, y de quien se decía que no iba a perdonar ni a los “históricos” corruptos, ahora sólo se ve en los noticiarios recibiendo a los nuevos embajadores cuando presentan sus cartas credenciales, un quehacer históricamente destinado a funcionarios decorativos.

La única función de la “dama de hierro” es servir como mampara para ocultar el verdadero poder en la oscuridad, o sea, el del tenebroso coronel Alejandro Castro Espín, quien controla toda la información, a la cual ni siquiera ella tiene acceso.

En Cuba, como en todas partes, la información es poder, y los que tengan dudas, que intenten preguntárselo al fantasma de Manuel Piñeiro, alias “Barbarroja”, que sabía demasiado y de tanto saber “falleció” en un muy sospechoso accidente.

“Metástasis” es un engaño más, un vehículo que intenta desviar la atención de los recientes escándalos que sacuden al Olimpo castrista. En un país donde los medios de comunicación son propiedad del estado y tienen como función única la propaganda, es inevitable que pululen los rumores que vienen a ocupar el lugar de la información que los medios nos ocultan. También reina el miedo y, como consecuencia, es comprensible que nadie quiera dar la cara y todo el que brinda información pida el anonimato. Según fuentes anónimas, existen pruebas de que los miembros de los clanes familiares Castro-Soto del Valle, Castro-Espín y otras camarillas establecidas a sus sombras, recibieron regalos importantes de los implicados en las bataholas de corrupción de funcionarios castristas y firmas extranjeras.

Como los fusilamientos de corruptos –el mejor modo de garantizar el silencio- quedaron en desuso desde que Fidel se jubiló, la dictadura ha optado por negociar los silencios; y es lo que está haciendo, según afirman otras fuentes. A cambio del silencio y la amnesia, el régimen parece dispuesto a suavizar las sanciones de los corruptos que picaron alto, y no armar demasiado alboroto. Incluso, sus estancias en las cárceles serán lo más placenteras posible, con dietas especiales, colchones de muelles, electrodomésticos en las celdas y hasta visitas conyugales. Una salida mutuamente ventajosa, en la que los corruptos no la pasan tan mal y los pejes gordos mantienen su imagen pública.

No obstante, el “estado paternalista”, que –según dice el General- mantiene a más de 11 millones de hijos bobos con las gratuidades que él piensa eliminar, se ve  salpicado con las inmundicias de los mismos herederos sanguíneos. Y, para mayor complicación para los patriarcas de la censura, estas nuevas redes sociales y los periodistas independientes monitorean sus libertinajes y les complican un poco la situación. Seguramente los jerarcas añoran aquellos buenos tiempos en que no existía la “diabólica” Internet.

He aquí algunos “rumores” que circulan:

En el garaje de la mansión de un alto dirigente castrista, en La Habana, han hallado un automóvil soviético marca Lada 2107, que había sido robado hace varios años. La fuente no autorizó revelar la identidad del implicado, pero afirma que los documentos falseados estaban a nombre del hijo del funcionario.

Fidel Castro Diaz-Balart fue visto vacacionando en el hotel Burj al Abad, de Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, donde las habitaciones pueden costar más de 5 mil dólares la noche.

Mientras los techos amenazan con caerle encima a 60% de los cubanos, José Raúl Rodríguez Castro – nieto y jefe de escolta del presidente- se erigió una residencia con piscina y grupo electrógeno auxiliar en las proximidades de las avenidas 100 y 51, en el municipio Mariano.

Lo más curioso es que en el cine, el teatro y las telenovelas cubanas están de moda las historias sobre los conflictos del submundo callejero. Los medios muestran las veleidades, la corrupción, la perversión sexual, el robo, las drogas, la prostitución y cuanto delito existe en nuestra podrida sociedad, pero solo hasta cierto nivel. Nadie se atreve a pinchar la burbuja donde campean por sus respetos “los hijos de papá”.

“Algo huele mal en Cuba”, podría decir Marcelo, el personaje de la tragedia Shakesperiana de Hamlet. Pero sin dudas, la peste no viene de la calle, la peste de verdad viene de arriba.

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Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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