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sábado, 25 de octubre 2014

La Habana cumple 493 años: Mírame bien, existo (Primera parte)

Existen dos Habana, una Azul, de postal turística, y otra Sur, invisible, ignorada por el régimen

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 –La Villa de San Cristobal de La Habana fue fundada el 16 de noviembre de de 1519. En la tercera década del siglo XX, La Habana era ya considerada, junto a Buenos Aires, una de las grandes capitales de América Latina, bazar donde podían encontrarse las más recientes novedades. Hoy se presenta como testimonio y ruina del esplendor de una cultura pasada, que sobrevive gracias a la dinámica de sus habitantes.

Es esa ciudad marcada por el ácido temblor del tiempo. Ella se expresa pluralmente en sus formas de vestir y en sus diversas filiaciones estéticas. Aquí la gente se mira de forma indiscreta y hasta impúdica, pero nadie pasa inadvertido. Es un coto de caza de múltiples velos y desgarraduras, en el cual florecen nuevos escenarios, nuevos estratos, nuevos patrones de vida con sus terminologías, gestos y costumbres.

Es la ciudad que a muchos nos ha tocado habitar, sin elección posible. En sus llamativos espacios urbanos, con carácter y personalidad propia, las ferias siempre son mercados disfrazados de celebraciones y la inocencia no puede defenderse, porque le han roto la garganta.

También La Habana es lo que son sus cuerpos. Para muchos habaneros, como el escritor Abilio Estévez, es aquí donde reina la felicidad del mestizaje, aunque nos encontremos en Barcelona, Nueva York o El Cairo. Los paisajes en movimiento son la credencial de una ciudad que dibuja nuevas formas de salvajismo moderno. Es un entorno donde el deseo de la carne nunca queda saciado, la intimidad es pública y la libido acecha permanentemente.

Urbe caracterizada por el aguaje y el choteo, espacio público que invita descaradamente a disfrutar del goce de los sentidos, aunque sienta que su musculatura está fatigada por tantos derrumbes y degradaciones. Los habaneros vivimos en una ciudad cansada, que flota sobre sus ruinas, una ciudad sacudida por el tiempo, que juguetea sobre las costuras de sus enormes cicatrices. Sin embargo, frecuentemente se le ve muy bien acomodada en su miseria.

De igual forma, es una ciudad acosada por sus recuerdos, siempre reservándonos secretos que aún no han podido ser interpretados. Ciudad codificada y marcada por sus visibles fronteras raciales y sociales, donde rugen los laberintos de barrios anónimos, como soportes de lo invisible.

Como reza una canción del trovador Frank Delgado, La Habana está de bala. Sus fachadas son reflejo de la tristeza y del dolor, siempre bajo la amenaza del desvanecimiento entre diversas geografías, debido a su ya histórica membrana migratoria.

Sus desigualdades sociales están fragmentadas entre la estructura urbana y el desorden migratorio. Es un catálogo de varias épocas que sobreviven a duras penas. Es un espacio definido no solo por su arquitectura sino por su mapa social, que sufre fatales transformaciones. Es la ciudad que apenas se sostiene sobre el dialogo.

La ciudad abierta e integradora que alguna vez intentó ser una Venecia silvestre, se sustituye por la ciudad de infinidad de islas nunca encontradas, espacio excluyente donde destacan la Habana Azul y la Habana Sur, como dos extrañas dimensiones de su propia geografía.

La Habana presentable es el enclave del norte, de la costa, monumento histórico, rascacielos de los años 50, cultura y movimiento, que se imponen en las postales turísticas contra otra ciudad oculta y desagradable a la vista, patio trasero de sí misma, con interminables barrios anónimos que están al sur, al fondo, y que no aparecen registrados en los planos ni en la maqueta de la ciudad: una trastienda olvidada e invisible a la fuerza.

La Habana Azul es un átomo de la ciudad-poder, ciudad vitrina. Desconoce a su otra parte, la Habana Sur, pero está obligada a convivir con ella. Es la Habana de costas, orgullo metropolitano, ciudad de fronteras y exclusiones. Un enclave de la clase dominante, antes privilegiada y ahora también. Territorio privado, donde la élite de arios verde olivo vive en una burbuja artificial, copiando los patrones de vida del norte blanco, pues su desarrollo es la promoción de una segregación diversa. Les seduce mantenerse alejados de las zonas donde existen problemas sociales, donde es real, absurda e inhumana la segregación debido al color de la piel.

En esta plataforma habanera no hay opciones para la población de ingresos medios o bajos. Está conformada por verdaderos islotes de riqueza, en los cuales se levantan colmenas inmobiliarias, campos de golf, marinas, residencies para VIPs con agentes privados de seguridad, áreas comerciales de alto standing, edificios de apartamentos para extranjeros, centros de convenciones, barrios emergentes como zona franca de negocios, donde las alturas y los materiales de las rejas, cercas y tapias son símbolo de reputación social.

Sus lujosas mansiones, ocupadas por una burguesía de verde olivo, siguen siendo, a pesar de los años y desengaños, dignas representantes de una gloria arquitectónica entre la tradición y la modernidad. Es el mismo hábitat de la vieja burguesía de Generales y Doctores, que sólo pasó a manos de nuevos dueños, identificados como Comandantes y Licenciados.

En tanto, La Habana Sur está formada por los espacios perdidos en la geografía habanera. Es el bajo vientre de la ciudad, la cara oculta de una realidad silenciada por el discurso mediático oficial, cuyas estadísticas sólo reconocen la existencia de 46 asentamientos y 114 focos insalubres dispersos en los quince municipios. Pero se sabe que esta presencia infecta es aún mayor. En los espacios informativos oficiales es común ver imágenes de las favelas de Brasil, las villas miserias de Argentina, las colonias populares de México, las poblaciones de Chile, las barriadas de Perú, las aldeas de Kinshasa o Kandahar. Sin embargo, nunca se ven los tugurios de la Habana Sur, descalificación y bochorno, pero también sostén de La Habana Azul.

Nota: Lea mañana la parte final de este artículo en Cubanet

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Acerca del Autor

Juan Antonio Madrazo Luna
Juan Antonio Madrazo Luna

Juan Antonio Madrazo Luna: Activista cívico y líder del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Reside en Ciudad de La Habana.

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