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lunes, 20 de octubre 2014

La claridad de un mensaje

Incalculables son los ríos de tinta y de píxeles que han corrido a partir del nombre de Yoani.

Yoani Sanchez- Foto de Ernesto Santana

Yoani Sanchez- Foto de Ernesto Santana

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Parece un tema redundante, un lugar común, un sujeto con excesivo predicado. Incalculables son los ríos de tinta y de píxeles que han corrido a partir del nombre de Yoani Sánchez, pero el tiempo pasa, cambian las circunstancias y es evidente que hay que poner las cosas en perspectiva, porque en definitiva no se trata de un “tema”, sino de una persona.

No es fácil hallar tanto ensañamiento en busca del desprestigio de una persona: asesinato de reputación es uno de los primeros pasos de la policía política cubana para neutralizar a los que considera “enemigos”, “contrarrevolucionarios” y todo lo que se le ocurra. Pero Yoani no solo ha tenido que enfrentar acusaciones de blogueros oficialistas, de los medios masivos de comunicación (todos estatales) y de colaboradores extranjeros de la política del gobierno, sino también, lo que resulta más desconsolador, de prestigiosos opositores que han sufrido prisión, maltratos y abusos innumerables e inconcebibles. Como Yoani no ha pasado por ese calvario (aunque nadie puede estar seguro de cómo actuaría sufriendo las presiones que ella ha sufrido) y como tiene tanta repercusión mediática, es demasiado (y miserablemente) fácil y (miserablemente también) muy lógico suponer que está financiada desde el exterior y que es un producto light de emporios mediáticos. Etcétera y etcétera de infamias.

Lo más vergonzante es escuchar a personas que no tienen simpatías con el régimen cubano acusarla de “falsedades”, de búsqueda de protagonismo y de que ha sido “sobrevalorada”. Por supuesto que cada cual puede tener su propia opinión sobre cualquier persona o cualquier cosa. Por supuesto que no hay que estar de acuerdo en todo con ella. Claro que tiene defectos, como cualquiera (sobre todo como cualquiera que asuma el reto de decir constantemente lo que piensa). Claro que unos pueden preferir a la Yoani que empezó hace cinco años el blog Generación Y por sobre la Yoani que actualmente ha devenido en algo más que una simple blogger. En algo más que una activista política, defensora de los derechos humanos y, especialmente, informadora al instante de los actos represivos, en todas sus variantes, que comete el gobierno cubano.

En mi opinión, hizo muy bien en no dormirse en los laureles de los incontables premios y honores recibidos desde tantas partes del mundo. Por el contrario, ha usado su celebridad y su innegable prestigio a favor de causas que, en ocasiones, uno pudiera juzgar como ajenas a sus intereses. Mezquinamente, algunos ven en su intensísimo activismo la persecución de méritos políticos. Bien, ¿y qué hay de reprochable en tener aspiraciones políticas, si este fuera el caso? Además, es demasiado absurdo creer que ella está buscando beneficios personales por un camino tan áspero cuando pudiera hacerlo por vías más confortables. No hablo de pureza ni de santidad, sino de una evidente vocación de servicio. Sencillamente: de la entrega total a una causa.

Cuando leo algunas declaraciones y juicios de prestigiosos y valientes opositores acerca de Yoani Sánchez y otros blogueros alternativos, recuerdo declaraciones y juicios de valientes y prestigiosos opositores sobre el Proyecto Valera y sobre su principal gestor, Oswaldo Payá. Decían que se equivocaba, que buscaba un protagonismo inútil, que era absurdo jugar con las reglas del gobierno. Pero hoy, tras su muerte, es absurdo pensar que los poderosos no se hallen celebrando tan enorme alivio luego de tantos años con esa espina en el zapato. Para ellos, la ausencia de ese hombre es un respiro. Confieso que, cuando supe del fallecimiento de Payá en tan dudosas circunstancias, pensé en el asesinato político al más brutal estilo mafioso y, de inmediato, en la existencia de una “lista negra” llevada por la policía política de personas que debían ser controladas o apartadas del camino a como dé lugar: me vinieron a la mente nombres como Berta Soler, Guillermo Fariñas, Antonio Rodiles, Antúnez, Oscar Elías Biscet, José Daniel Ferrer y otros tantos. Y también Yoani Sánchez.

Naturalmente, lo menos que quisiera es tener razón por estar dejándome llevar por ideas paranoicas y teorías de complot. Pero la realidad habla muy alto, grita tanto que uno no puede dormir sin pensamientos insomnes. Lo que vemos es muy transparente, muy legible y, además, muy repetido por los oficiales de la Seguridad del Estado a los disidentes más activos. La amenaza, horóscopo o advertencia es algo así como: “Aquí no va a pasar lo mismo que en Libia. Pero, si pasa, tú no lo vas a ver. De eso puedes estar seguro”. Bueno, hasta el momento lo cierto es que aquí no ha ocurrido nada semejante a lo acontecido en muchos países con la Primavera Árabe (y no parece cerca de ocurrir), pero ya son unos cuantos los opositores, líderes o no, que no podrán presenciar lo que sucederá en Cuba mañana o dentro de cinco o diez años.

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Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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