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sábado, 02 de agosto 2014

Granada, a 28 años de una derrota

Tortoló saltó a la fama el 25 de octubre de 1983, cuando aterrizó en el aeropuerto en Granada

En 1982 un infarto del miocardio provocó cambios en los mandos militares cubanos; el general de brigada Ulises Rosales del Toro, jefe del Estado Mayor del Ejército Occidental, sustituyó al general de división Senén Casas Regueiro en la jefatura del Estado Mayor General, mientras el coronel Pedro Tortoló Comas, un oficial-enlace del ministro de las FAR fue promovido al cargo vacante.

Tortoló saltó a la fama el 25 de octubre de 1983, cuando el Antonov-26 de la fuerza aérea revolucionaria donde viajaba, tocó pista en el aeropuerto de St Georges en Granada, allí asumiría el mando militar de los cubanos tras la asonada que derrocó y ejecutó al premier Maurice Bishop; simultáneamente Fidel Castro comparecía ante las cámaras de la televisión nacional para compararle con el general Antonio Maceo; calificativo sublime y en nuestra historia, y jamás usado ni a favor de Camilo Cienfuegos.

Tras “cruentos combates e inmolaciones”; en la pista del aeropuerto habanero José Martí aterrizó una flotilla de aviones Iluchin-62M “— ¡La misión encomendada por el partido y gobierno cubano ha sido cumplida”!— exclamó Tortoló saludando militarmente cuando fue recibido por Fidel Y Raúl al pie de la escalerilla; el héroe había conseguido escapar de los yanquis, tras romper el cerco de los rangers y exiliarse en la embajada de la URSS.

En los días sucesivos Tortoló marchaba triunfante por los corredores del Estado Mayor General, entre abrazos, estrechones de manos, palmetazos, carcajadas; fui testigo  de cuando un trabajador civil exclamó— ¿Quién es éste?… ¿Tortoló?; ¡el que le rompió el record a Juantorena!—

Manduca un cooperante que cayó herido y fue abandonado por sus compañeros tras la estampida, inició los cuestionamientos, también la prensa mundial había mostrado imágenes de los cubanos desmoralizados; la repercusión  fue suficiente para destapar la Caja de Pandora; el ministro de las FAR ordenó una investigación; los peritos confeccionaron una maqueta con el levantamiento topográfico granadino, fue emplazada en el teatro del piso 2 del edificio “Sierra Maestra” y los involucrados desfilaron ante ella.

El resultado de las investigaciones sentó en el banquillo de los acusados a Tortoló y al reducido grupo de oficiales de la contrainteligencia, instructores, pilotos y técnicos que vestían el uniforme verde olivo cuando la refriega del 26 de octubre.  El tribunal de honor les sentenció a ser degradados a soldados rasos y les brindó la oportunidad de lavar la afrenta combatiendo en África.

Han pasado 28 años de la experiencia de Granada, los condenados cumplieron el correctivo y se les desmovilizó de las FAR; en la actualidad se sienten heridos y gimotean cuando recuerdan el bochornoso episodio.

Algunos razonan que las órdenes “cumplidas” por Tortoló fueron: Provocar un encuentro con las tropas norteamericanas a costa de sacrificar un sinnúmero de combatientes; lo evidencian las valoraciones preliminares de Fidel Castro y el dramatismo con que los medios narraron los hechos. Luego un comando penetraría en la embajada de la URSS y provocarían a las tropas estadounidenses para crear un conflicto entre las superpotencias.

Pero la jefatura estadounidense no mordió el anzuelo, al parecer, los informes de inteligencia les tenían al tanto; pese a que los cubanos rompieron las hostilidades, los rangers y efectivos de la 82 división aerotransportada no respondieron con todas sus fuerzas y sólo les hostigaron con francotiradores.

No se sabe si el plan fue maquinado desde Moscú o creado por la megalomanía de Fidel Castro; pero se afirma que Pedro Tortoló y los demás oficiales—tras un examen de conciencia—razonaron que sacrificar a sus paisanos sería un acto criminal y los invitaron a poner pies en polvorosa.

Lo cierto es el nombre  de Tortoló, se convirtió en material para chistes y quedó grabado en nuestro argot popular como un sinónimo de cobardía; mientras la escaramuza de Granada, pasó a los anales de la historia como una derrota huérfana.

Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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