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lunes, 01 de septiembre 2014

Enigmas y paradojas del Moncada

Hoy, el ataque al cuartel Moncada sería calificado como un terrible acto terrorista

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -Acercándose la celebración por un nuevo aniversario del fracasado y publicitado asalto al cuartel Moncada, en 1953, resulta oportuno revisar ciertos pormenores del suceso que, curiosamente, la hagiografía oficialista siempre ha  esquivado abordar.

En primer lugar, hubiera sido algo insólito que tuviera éxito el plan de tomar por asalto el segundo cuartel militar más importante del país, sin que la mayoría de los asaltantes tuvieran la menor oportunidad de conocer con anticipación detalles de su estructura interna, distribución de los efectivos, las salidas, puntos débiles, etc.

Cualquiera que haya visto una película de ficción sobre un simple robo bien orquestado, habrá observado que siempre los atracadores ensayan minuciosamente todos los posibles escenarios y sus alternativas. Pese a las razones de discreción para garantizar la sorpresa, alegadas por los historiadores que han investigado el asalto, es evidente que la poca preparación táctica y estratégica claramente indican que fue un plan atolondrado, una masacre anunciada sin la menor posibilidad de éxito.

En segundo lugar, el hecho de que los atacantes se disfrazaran con el mismo uniforme que vestían los soldados de la República, añade un elemento artero a la acometida. El Convenio de Ginebra, de 1929, establece que el uso del mismo uniforme del adversario para sorprender en una acción bélica anula sus derechos al prisionero de guerra. Fue otro vil actuar de los autodenominados “moncadistas”, que incitaría en su momento la sed de venganza de los contrarios y la ejecución inmediata de un grupo de atacantes. Hoy, un acto así, sería considerado terrorismo.

Sólo nueve años antes del ataque al Moncada, en la ofensiva alemana de las Ardenas, comandos nazis conformados por ex-ciudadanos norteamericanos de origen germánico, se introdujeron entre las filas norteamericanas disfrazados con el uniforme de los soldados de Estados Unidos, matando a muchos por sorpresa. Al ser capturados aun vistiendo ese uniforme, fueron ejecutados.

El ejemplo quizás no justifique las golpizas y la masacre de los jóvenes capturados en el Moncada, pero ciertamente aporta otros elementos para poder juzgar con mayor equidad ese lamentable hecho. No hay que olvidar que los que dispararon primero fueron los asaltantes, matando alrededor de una veintena de soldados. Y los disparos de respuesta tardaron, precisamente por la confusión causada por los uniformes de los asaltantes. Se olvida que aquellos soldados de la República también eran cubanos, y la mayoría cayó en los primeros momentos del encuentro, tiroteados y masacrados sin tregua por los atacantes.

Un hecho singular se destaca, por la escasa investigación académica y documentación con que ha sido avalado. Me refiero a la atroz tortura que supuestamente sufrieron los asaltantes Abel Santamaría y Boris L. Santa Coloma.  Pese a la tenacidad con que los revolucionarios -después de su triunfo en enero de 1959-  persiguieron a sus antiguos enemigos, nunca se revelaron los nombres, ni las imágenes de los sádicos que ejecutaron las supuestas atrocidades.

Con tanta tinta gastada en divulgar otros pormenores del asalto al cuartel Moncada, ¿por qué no se conoce quienes fueron los verdugos y torturadores?  ¿O será que fueron capturados y juzgados expeditamente? ¿Quiénes fueron los médicos forenses que examinaron los cadáveres de los dos asaltantes y dónde están los certificados de defunción que establecen la emasculación de Coloma y los ojos arrancados y las quemaduras de Santamaría? ¿Cómo es posible que sobre estos hechos no exista información exacta?  Resulta sospechosa la omisión, teniendo en cuenta la supuestamente rigurosa pesquisa histórica mantenida por más de medio siglo sobre el hecho.

La reacción de alevosía desatada con el irresponsible y sangriento asalto terrorista al cuartel Moncada sigue siendo hoy un signo de fatalidad que marcó nuestra Historia. Fue un motivo esencial para que la dictadura autoritaria de derecha de Batista respondiera asesinando a cubanos en las calle y marcó el inicio de un ciclo sangriento, que la nueva dictadura -totalitaria, de izquierda y mucho más larga y cruel que la anterior- continuó, con el asesinato de más cubanos en el paredón de fusilamiento.

Los cubanos no tenemos nada que celebrar en esa infausta fecha.

Acerca del Autor

Juan Carlos Linares Balmaseda
Juan Carlos Linares Balmaseda

Juan Carlos Linares Balmaseda, 30 de julio de 1967. Jatibonico (Santi Spíritus). Cursó estudios primarios y secundarios en Nuevitas (Camaguey). Se graduó de técnico Medio en Explotación del Transporte Automotor. Se sumo al activismo pro-democracia en 1990 y en 1998 al periodismo independiente.

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