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martes, 21 de octubre 2014

El show del aguacate y las habichuelas

Los shows mediáticos del régimen, en vez de confundir, le están abriendo los ojos al pueblo

Martha Beatriz RoqueLA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -La mentira es la principal arma que utilizan los regímenes totalitarios contra sus opositores pacíficos. Un trágico ejemplo fue el de Jan Palach, un joven checo, luchador contra la agresión soviética de 1968, quien se prendió fuego y ardió como una antorcha humana en la Plaza de Wenceslao, en protesta por el aplastamiento del proceso democrático de la Primavera de Praga, por los tanques rusos.

Como respuesta, el partido comunista hizo circular un panfleto para tratar de escamotear el sentido político de su sacrificio. Según la versión falseada el joven disidente checo pretendía usar un líquido especial que originara una llama fría, pero alguien se lo cambió por gasolina, así se produjo la auto incineración por accidente.

Cuarenta y tres años después, en Cuba, la disidente Martha Beatriz Roque se convierte en otra víctima de estas argucias. A través de un video, mostrado en el noticiero estelar de la televisión, y según la versión de un soplón de la cuadra, se dejó entrever que la conocida opositora, quien encabezaba una huelga de hambre, junto a otros opositores, en reclamo de la excarcelación del disidente Jorge Vázquez Chaviano, se alimentó con aguacates y habichuelas durante el ayuno de protesta.

El montaje escenográfico ante la ventana del supuesto apartamento de Martha Beatriz, por donde el chivato, traspasando los balaustres, introdujo un aguacate, un mazo de habichuelas y otras pitanzas, no resultaba creíble, a ojos vista, sencillamente porque la ventana pudo ser cualquiera de las miles y miles que hay en La Habana. Además, tampoco presentaron los rostros de las personas que intervinieron en la escenificación, algo que deja más dudas que certezas sobre la veracidad del hecho.

La única verdad apreciable en el vídeo es que Martha Beatriz  -acusada por el régimen de truhana, mercenaria y de “tener un signo de peso en los ojos”-  vive en un barrio pobre de La Habana y para acceder a su humilde apartamento hay que atravesar un angosto pasillo, donde se aprecian los ladrillos desnudos por falta de pintura, un sello que identifica las arruinadas construcciones donde vive la mayor parte del pueblo en la capital. Las imágenes que la dictadura puede mostrar al pueblo sobre cómo viven los “mercenarios del imperio”, distan mucho del panorama de las mansiones del Nuevo Vedado, Miramar, Siboney o  el Country Club, en su mayoría usurpadas a sus legítimos dueños, donde se asienta la nueva clase, la nomenclatura que oprime a la nación, la misma que ordenó la fabricación del video para desprestigiar a Roque Cabello y sus compañeros.

El mensaje que recibió el pueblo al ver el video, y ahora comenta por las calles, es que Martha Beatriz, una economista de 63 años de edad, quien padece de diabetes severa y vive muy humildemente, estuvo dispuesta a inmolarse en solidaridad con un compañero de lucha. Y esta además es una acción que contrasta diametralmente con las actitudes de las esposas de los 4 espías cubanos presos en las cárceles norteamericanas, cuyos “supremos sacrificios” para lograr la libertad de sus maridos consisten en viajar constantemente por el mundo para asistir a actos y conferencias, disfrutando del confort de buenos hoteles y buenas cenas, todo financiado por el menesteroso pueblo cubano que apenas puede conseguir un aguacate.

Esta vez el vídeo no fue repetido hasta el cansancio, como acostumbran hacer con estos materiales. Tampoco realizaron entrevistas a la población en busca de opiniones, entre las cuales nunca faltan las de los que, por miedo, dicen apoyar la posición oficialista; y, por supuesto, siempre son esas las que ponen en la televisión. Sin embargo, a la mayoría de las personas con las que he hablado en a calle sobre el tema, les resultó absurda la idea de que estos opositores, dispuestos a inmolarse por una causa justa, y que viven tan humildemente como el resto de nuestro pueblo, sean tildados por la propaganda castrista como “mercenarios timadores y delincuentes comunes con ambiciones de lucro”.

Ya pasaron los tiempos en que el régimen cosechaba los frutos de la desinformación que sembró durante medio siglo de feroz censura. Sus shows mediáticos cada vez son menos efectivos, de hecho, en vez de confundir, están ayudando a abrirle los ojos al pueblo.

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Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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