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miércoles, 20 de agosto 2014

El experimento de los viajes de opositores al exterior

Régimen podría buscar desgaste de activistas a quienes permite salir, en sintonía con el “Sindrome de Los Aldeanos”

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -Por fin, el pasado domingo 17 la bloguera Yoani Sánchez pudo tomar un avión rumbo a Brasil, donde debe asistir a la presentación del documental Conexión Cuba×Honduras, en Bahía, invitada por el cineasta Dado Galvao. Desde allí habrá de seguir una gira que la llevará a doce países y a innumerables ciudades de varios continentes. En días anteriores ya había salido de Cuba hacia Suecia el ingeniero en informática Eliécer Ávila, que también viajaría a otros países de Europa. Otros conocidos opositores y activistas por la democracia parece que saldrán próximamente del país a visitar otras naciones invitados por simpatizantes, amigos o compañeros de causa en el extranjero.

El caso de Yoani Sánchez, claro está, ha sido el más difundido por los medios. Y es difícil imaginar cuánto lo ha sido. En los días previos a su ya autorizado viaje a Brasil, hay quien asegura haberla visto exhausta luego de haber dado, a través de diversas vías, unas doscientas entrevistas en un solo día. Para no hablar de la cantidad incalculable de comunicadores de los más diversos medios de prensa y países que no pudieron acceder ni a un solo minuto con ella en esos días previos, mucho menos en las horas anteriores, porque, naturalmente, muchos querían documentar sus últimas horas antes de subir al avión, filmarla mientras preparaba su equipaje, grabar sus comentarios, sus planes y expectativas.

La televisora norteamericana Univisión, que pretendía dar una cobertura lo más completa posible al suceso y que ya tenía preparado a un periodista en el avión que ella tomaría el domingo y haría un seguimiento posterior, no pudo lograr siquiera que un camarógrafo cercano a la célebre bloguera pudiera tomar para ellos algunas imágenes de esos últimos momentos suyos antes de salir del país. Es que, de hecho, resultaba imposible hacer contacto siquiera por teléfono. Así de saturado e invadido había resultado el tiempo, y hasta el espacio personal, de esta mundialmente conocida bloguera que, además, en tiempos recientes, se ha convertido en una de las más visibles activistas por la democracia en el país y en una de las voces más audibles e insistentes en la denuncia de las violaciones de los derechos humanos cometidos por el régimen cubano.

En una de las entrevistas que le hiciera antes de su viaje precisamente un diario brasileño, Yoani declaró que “no debería ser noticia que una persona tenga un pasaporte y pueda subir a un avión”, añadiendo que este caso confirma “lo regularmente irregular que es Cuba”. Esta posibilidad que le daba ahora el gobierno para viajar —después de más de veinte prohibiciones de salida— no le sabía del todo dulce, entre otras razones, lógicamente, porque a otras personas, entre las que se hallan varios ex prisioneros de conciencia, se les niega el pasaporte.

Nos hallamos ante un nuevo “experimento” de la nomenklatura isleña (el mismo Eliécer Ávila confiesa sentirse como un “conejillo de Indias”) que no parece tener muchas aristas secretas porque hay dos cosas evidentes en el tinglado del laboratorio gubernamental: las reformas no cambian nada en esencia (como no lo hace esta nueva regulación migratoria) y están concebidas, entre otros propósitos, para mejorar un poco el maltrecho aspecto de la máscara del país en la escena internacional.

Pero también se hace obvio que en este experimento, que algunos consideran un poco “arriesgado”, el régimen está buscando cierto desgaste de esos a quienes permite salir al exterior. El desgaste en un “mundo real” donde las figuras y los hechos que son fuente de noticia cambian de un día para otro. El desgaste en la relación de esas personas “privilegiadas” dentro de la oposición con aquellos que son condenados a no poder salir, porque no es lo mismo cuando todos están encerrados que cuando algunos cumplen los intangibles requisitos para recibir el privilegio de un pasaporte. El desgaste mediático. El desgaste también con eso que pudiera llamarse el “síndrome de Los Aldeanos”, porque recuérdese que hace dos o tres años este dúo de raperos eran la punta más afilada y escandalosa del arte contestatario dentro del país (jóvenes y viejos los conocían y su música pasaba de mano en mano como un talismán) y, a partir de que empezaron a viajar por el mundo, después, también ellos, de un encierro de años, se desvanecieron o, al menos, dejaron de tener la enorme magnitud que tenían antes.

Generación Y, el blog de Yoani Sánchez, nacido en 2007, hace casi seis años, alcanzó en pocos meses una cantidad insólita de seguidores y comentaristas y la llevó a ser considerada en 2008 por la revista Time una de las cien personas más influyentes del mundo. Luego, con la red social Twitter, su poder de comunicación y la multitud de sus seguidores ha ido en aumento. Pero, si ahora no se trata ya de una bloguera cautiva, ¿se mantendrán esos índices de popularidad? ¿No perderá cierto encanto la imagen mediática de Yoani Sánchez? Preguntas así deben hacerse, ilusionados, esos sesudos que odian con razón su protagonismo en el ciberespacio alternativo cubano.

En definitiva, no es solo que este gobierno tenga a su favor tantas prohibiciones y leyes arbitrarias y abusivas que (al menos parece que así lo calculan ellos) pueda pasarse quizás años levantando unas, modificando otras, cediendo centímetros de cordel sin que peligre su poder absoluto. Ocurre también que ninguno de los que ahora ha sido autorizado a viajar puede tener la certeza de que podrá hacerlo de nuevo en el futuro.

No hay garantías para el porvenir porque no hay ninguna seguridad legal, no hay ninguna auténtica legalidad. Un ucase repentino, un decreto caído desde el ápice de la pirámide puede cambiar la suerte de cualquiera, sin distinciones de ningún tipo. En este caso de las salidas, ni siquiera es necesario eso, porque te dan el pasaporte —o te permiten renovarlo— o no. Y ya. Si alguno, que ahora es autorizado a salir, exaspera suficientemente a los dueños de la llave de la puerta de salida y entrada, puede encontrar esa puerta nuevamente cerrada y no tendrán que darle mayores explicaciones. No es que haya una nueva estrategia realmente, sino que esta es solo una táctica que puede cambiar de acuerdo con las circunstancias o los intereses del poder, porque, aunque a veces parezca que lo está haciendo menos, que está siendo más liberal, su estrategia general sigue siendo la misma: controlar y reprimir.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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