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lunes, 28 de julio 2014

El esclavo que le levantó la mano a su amo

Entrevista con Luis Felipe Rojas, escritor y bloguero disidente

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Conocí a Luis Felipe Rojas hace casi diez años, en Pinar del Río, durante un evento literario. Entonces tenía unos magníficos dreadlocks de rastafari, creo que también llevaba algún tipo de gorro tejido, algo así. Era callado, sonriente, agradable y, sobre todo, muy buen poeta. Daba la impresión de que ya nada podía impresionarlo mucho. Prefería escuchar mucho más que hablar y también prefería caminar despacio. Estoy seguro de que pertenecía a esa vanguardia que prefiere pasar invisible, que no quiere llamar la atención ni acaparar miradas, que prefiere sentarse a escribir cualquier cosa antes que sentarse a tertuliar de literatura con las infinitas especies tertulianas que uno puede encontrar por aquí o por allá, tranquilamente, tomando té. No parecía apurado ni había signos de urgencia en sus ojos enormes y calmos. Creo que nunca me equivoqué tanto. Su apacible apariencia escondía urgencias desbordantes, insinuadas primero en su poesía, comenzadas a desnudar luego en el bravo proyecto de la revista Bifronte y llevadas después a una expresión constante y enérgica en Cruzar las Alambradas. Este blog ha sido reconocido por muchos como uno de los espacios más intensos de reflexión social, de libertad de pensamiento y de denuncia de la realidad cubana contemporánea, concebido y realizado, para colmo, desde un humilde pueblo del oriente del país, zona en donde la policía política tiene enormes poderes y una impunidad casi absoluta para reprimir cualquier intento de libre expresión y de inconformidad.

Luis Felipe estudió dos años de Filología en Santiago de Cuba y un semestre en La Habana, pero sus exámenes no les gustaron a tres profesores “y eso bastó para «irme del aire», cuenta él. Deambuló por Cultura Municipal en San Germán hasta que por fin se convirtió en un flamante Instructor de Arte en la especialidad de Teatro. Luego se dedicó a hacer teatro aficionado, profesional y hasta clandestino, pero, más allá de todos esos avatares, nunca dejaba de escribir y, contra viento y marea, logró publicar libros como Secretos del monje Louis en 2001, Animal de alcantarilla en 2004, Cantos del mal vivir y Anverso de la bestia amada en  2005, además de algunos cuentos en la Nueva Gaceta de Cuba, Encuentro y otras cuyo nombre “me matas pero ni me acuerdo”. En 2006 fue expulsado del tercer año de Comunicación social.

En estos días, a pesar de las inimaginables dificultades que tiene para poderse comunicar por correo, y aprovechando una breve estancia suya en La Habana, por fin hemos podido restablecer el contacto y Luis Felipe Rojas, poeta, bloguero y ciudadano de excepción, no obstante lo apretado de su tiempo, ha tenido la amabilidad de conceder esta entrevista para Cubanet.

CN – ¿Cómo fue tu inicio en la literatura?

Luis Felipe Rojas – Pues como casi todos los guajiritos de Oriente: en un taller literario, en la escuela, enamorando jevitas con horribles plagios de Neruda y Benedetti y aun como peores epígonos de Onelio Jorge Cardoso. Ese es todo mi abolengo.

CN – ¿Cómo surgió la revista Bifronte? ¿Quiénes trabajaron en ella? ¿Cómo terminó?

LFR – Pues fue una idea mía, pero la mejoraron Ramón Legón y Michael Hernández Miranda, letrados, teóricos, tipos de verdad de Letras y sin mi improvisada pretensión de hacer una revista. Yo más bien fui asumiendo el trabajo de zapador, de ir buscando colaboradores. Hasta que vinieron los guapitos del G2 en Holguín, claro, enviados por los chicos de Villa Marista. El Padre Olbier Hernández Carbonel nos tiró un cabo de mil demonios, se tomó la pelea para él y nos acompañó hasta que el hoy obispo de Holguín (Emilio Aranguren) nos llamó a Michael y a mí a una larga mesa, para una larga conversación, y nos dijo que esa publicación no era de interés para la diócesis (todavía me da risa cuando la gente se queja porque les han dado un tiro de gracia), ja. Terminaron llamando a las oficinas del G2 en Holguín incluso a aquellos que no habían participado todavía. Así fue el rastreo, el perreo que formaron. Todavía creo que la Iglesia, nuestra Iglesia, hubiera podido luchar más por un proyecto totalmente literario como aquel.

CN – ¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir tu blog Cruzar las alambradas? ¿Qué reacciones ha provocado?

LFR – Bueno, yo empecé con el blog Animal de Alcantarilla, en Encuentro en la Red, antes de que “alguien” en Madrid la partiera como un lápiz (porque, está claro, eso lo hizo “alguien” con mucho odio). Después me llevé el animal para Diario de Cuba y cuando vino la crisis lo puse en Voces Cubanas, pero ya con el nombre de Cruzar las alambradas, que me cuadra más. Las reacciones han sido públicas, como las de los polis en Holguín, Santiago y La Habana. En Guantánamo, un jefesón me dijo que no me dejarían entrar más hasta el año 2030!. Lo otro ha resultado ser un amorío con medio mundo, con muchísimos comentarios de aliento y de fuerza, con una gran ayuda de todo tipo: dinero del bolsillo de gente en Miami, Londres, Madrid, Berlín, desde medio mundo me han pagado horas de Internet, la ida y el regreso entre La Habana y Bayamo. Eso no puedo esconderlo. Hay que decir que la gente ayuda y que ayuda lo que nadie se imagina.

CN – ¿Cómo describirías el activismo opositor y la represión del gobierno en las provincias orientales (que tú llamas “el corazón del horror en Cuba”) en comparación con La Habana?

LFR – A mí no me han reprimido lo bastante como a otros, pero sé que hay una orden —que no es desde el nivel de provincia— para fustigar a los disidentes Cuba adentro. Es diferente. No quiero que nadie se ofenda, pero no perdonan un resquicio de libertad y esfuerzos en Placetas, Palmarito de Cauto y hasta en Baracoa no han faltado. Mis hermanos los Lobaina, José Daniel Ferrer, Antúnez, los Sigler Amaya y muchos más, han abierto tantos espacios como los que hay en La Habana, pero los perros de verde olivo han metido casi literalmente los tanques en esos pueblos de Dios. Allí nadie puede presentar una revista, hacer una exposición artística o un simple recital de poesía, porque te tumban la casa a pedradas, te duplican a los fascistas de las brigadas de Respuesta Rápida, y mucho más. Repito, es genial que se haga algo así en casa de mis amigos y hermanos en La Habana donde tú y yo hemos coincidido, pero es una política distinta para El Monte, ¿eh?

CN – ¿Cuáles son los procedimientos y métodos que ha usado la policía política para intentar silenciarte?

LFR - Intentar hackearme el correo, el blog. Apartar a todo el que se me acerca, decirle a todos que soy de la policía, detenerme por varios días, cercar mi casa por más de una semana, apedrear mi casa, aterrorizar a mis hijos de tres y nueve años, expulsar a mi esposa del trabajo, quitarme un laptop de 40 GB (eso da risa). Creo puedas ver qué poco originales son. Además, creo que me han filmado bebiéndome una cerveza nacional, un ron de veintitrés pesos, tirándole un piropo a una súper mulata en Santiago de Cuba y algunas tropelías más que ya usarán un día. Si con este rosario de acosos no te basta, pues me quedan más en la guantera. Yo me sigo autodefiniendo como el esclavo de aquella telenovela cubana: “Yo soy Juan Calesero, el que le levantó la mano a su amo”. Solo que yo hasta intenté darle un machetazo.

CN – Escribiste en una ocasión: “Al principio de la revolución se criticaba al sistema capitalista por la «explotación del hombre por el hombre». La revolución sustituyó eso por «la explotación del hombre por el estado». ¿Crees que eso sigue vigente en estos días?

LFR – La gente que me sirve de fuente obligatoria a diario piensa que no es vida vivir con diez dólares al mes (en La Habana y en Miami se dice que el promedio es de veinte), pero que “esto” (se refieren a la Revolú) es mejor que lo que vendrá. Ahí está la verdadera explotación, en haberlos hecho robots y esclavos sin que lo sepan, o aunque lo sepan. Tienen miedo a rebelarse como lo hicieron mis antepasados en el siglo XVIII. Ese es el legado castrista para el Hombre Novísimo.

CN – ¿Cómo ves la situación actual del país? ¿Te parece que hay algún avance? ¿Tienes alguna esperanza de mejoría?

LFR – Claro, vamos siempre adelante, ¿o tú no lees las consignas en las paredes desvencijadas de esta Habana que se nos cae a pedazos? Entreabren las piernas del palacio para el trabajo por cuenta propia y entrecierran las tetas cuando se trata de que estos se sirvan la comida y otros insumos de mejor calidad que venían de la Yuma. El que espere otra cosa, pues está muy jodío, y que me perdonen los socitos míos que se intentan abrir espacio soñando que sentarán al régimen así, invitándolos a sentarse y ya. Ojalá me equivoque, te lo juro. La mejoría la tenemos que hacer entre todos los cubanos y no entre todos los inconformes.

CN – ¿Estás de acuerdo con el opositor Antúnez cuando dice que “no es lo mismo ser un negro opositor que un blanco opositor, un preso político negro que uno blanco”?

LFR – Yo he sido injuriado por las turbas, que me han dicho “negro de mierda” o que “si hubiera nacido en el capitalismo el Ku Klux Klan me hubiera arrancado la cabeza”. Un mayor de la Seguridad del Estado en Holguín le dijo al poeta Rafael Vilches que yo solo era “un negro en San Germán”. La gendarmería política holguinera es mayoritariamente blanca, hay pocos oficiales del G2 que sean negros y eso se nota cuando te injurian, eso lo saben el Coronel Lázaro, el Teniente Coronel Riolán y los Mayores Douglas y Chapman. El último racista con que tropecé es un tal Saúl Vega, que atacó mi casa con pintura de aceite y envió sus perritos falderos a que me acosaran a mí y mi familia. Estoy de acuerdo con Antúnez, pero preferí contar mi historia particular, lo que yo he vivido.

CN – Advertiste en una ocasión que “la policía política amenaza a los opositores y luego pretende hacer pasar por accidentes el cumplimiento de esas amenazas”. ¿Te parece que eso se aplica al caso de la muerte de Oswaldo Payá y el dirigente opositor Harold Cepero Escalante, que lo acompañaba?

LFR – Oye, socio, después que tú impulsas a doscientas personas en una turba vociferante contra un disidente en un acto de repudio, envías a “agentes” en la noche a apedrear techos y ventanas, pones una pistola encima de la mesa para asustar o intentar asustar a un opositor, ¿cómo pretendes que la gente crea que Laura Pollán no fue inyectada, que el perro Jefe de la Prisión Kilo 8 en Camagüey no le negó el agua a Zapata por dieciocho días? ¿Cómo negar la muerte inducida a Wilmar Villar y la paliza mortal a Bebo, El Estudiante? El pobre de Carromero, muerto de miedo y vuelto a nacer, no convence ni al más ingenuo de los cubanos. A mí un solo hecho me convence: al opositor Denis Pino Basulto, en Holguín, le pusieron una bolsa de nylon en la cabeza para “asustarlo”. ¿Y si se hubiera muerto? A mí no me convence ya nadie de que no son gente sin alma. Varias veces los he invitado a que me demuestren lo contrario. Ellos tienen la fuerza, yo tengo los hechos, las conversaciones de los miembros de la resistencia, las fotos de los apedreados, los ojos llorosos de mujeres asustadas y de niños (los míos) con trastornos del sueño para siempre.  Gracias por este espacio, mi hermano.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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