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lunes, 22 de diciembre 2014

El difícil papel de ser joven en Cuba

La cubana es hoy una sociedad vieja, desgastada y sin esperanzas –como los ancianos que la dirigen

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 – Puede confundir ver cientos de jóvenes bailar y saltar con la música del dúo de pop-rock Buena Fe, usar la imagen del Che Guevara en bolsos y pulóveres,  o hasta tatuársela en la piel. Es solo moda.  Detrás de esas confusas catarsis rituales, previas al sexo, y del uso de las imágenes de la dictadura, se encuentran el miedo, la ignorancia, la desilusión  y hasta la evasión de la realidad.

El tema viene a colación porque ayer, 12 de agosto, acaba de celebrarse el Día Internacional de la Juventud, y pensé que sería bueno echar una mirada a los retos de la juventud en la isla.

Aunque hay honrosas excepciones, si algo evidencia el temor, el desconocimiento y la incapacidad para asumir reto alguno de la juventud cubana, especialmente el sector menor de 30 años de edad, es la composición de las fuerzas prodemocráticas del país y lo difícil que les resulta incorporar a los jóvenes a la dura tarea de construir una sociedad más participativa, tolerante  y solidaria.

La mayoría de esos mismos jóvenes que tararean las canciones de Silvio Rodríguez o Buena Fe, se idiotizan a ritmo de reggaetón, o luchan por entrar en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas, en realidad aspira a emigrar de esta Isla.  El país envejece a ritmo acelerado debido a la combinación de factores dada porque el grupo migratorio principal son los más jóvenes -entre 19 y 40 años- y las mujeres jóvenes en su mayoría decide posponer lo más posible la procreación, por temor a las terribles condiciones económicas y sociales, y la esperanza de hacerlo fuera de la isla, luego de una salida definitiva, prácticamente el único estatus legal de los emigrantes.

Entre los mayores traumas para los jóvenes varones, está el servicio militar obligatorio en sus categorías de tres a un año.  Ese periodo en que el Estado totalitario los utiliza a tiempo completo y consume sus mayores energías embarcándolos en juegos de guerra, en espera de la invasión que nunca llega, ni llegará. Tiempo precioso en que estos jóvenes podrían prepararse para ser útiles a la sociedad, educándose y adquiriendo la vedada información que tanto necesitan.

Otro reto de nuestra juventud es la fractura de paradigmas en una sociedad que se haitianiza aceleradamente, con cólera y otras epidemias incluidos. La educación es cada vez peor, al punto de que el gobierno ha establecido exámenes de admisión a las universidades, porque los certificados de graduación de pre universitario se han convertido en simples papeles que para nada garantizan los conocimientos del poseedor. Además de los horrendos profesores y la mediocridad de la politizada enseñanza que reciben estos jóvenes, que en pleno siglo XXI se gradúan sin haber jamás accedido a internet, tampoco hay nada que los estimule a esforzarse en estudiar en busca de un mejor futuro.

Para los jóvenes, y para toda la población, hay cada vez menos posibilidades de encontrar un buen trabajo, justamente remunerado, donde aplicar los conocimientos adquiridos. Las inversiones y prioridades están definidas por los intereses de la anciana elite comunista, interesada primordialmente en permanecer en el poder, no en modernizar la sociedad e incentivar el aporte de los jóvenes, dándoles responsabilidad y libertad.

La ruptura de los paradigmas y las prioridades se explica cuando vemos que un mesero de un paladar o botero de almendrón -que quizás tengan colgados en su casa un título de ingeniero o matemático- pueden ganar en un día realizando esos trabajos más que un médico, un ingeniero o un profesor universitario en un mes. La miseria crece, para jóvenes y viejos, bajo la presión del fin de los subsidios estatales, sin que surjan verdaderas libertades económicas que permitan el auto desarrollo individual.

El panorama que perciben nuestros jóvenes es tétrico. La cubana es hoy una sociedad vieja, desgastada y sin esperanzas –como los ancianos que la dirigen-; cerrada,  sin libertad para acceder a la imprescindible información, ni potencialidades para el intercambio interno y hacia el exterior.

En el imaginario de la abrumadora mayoría de nuestros jóvenes, el futuro está del otro lado del mar, fuera de la Isla prisión,

aleagapesant@yahoo.es

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Acerca del Autor

Aleaga Pesant
Aleaga Pesant

Julio Antonio Aleaga, Granma, 1960, licenciado en Historia del Arte. Diplomado en Marketing Estratégico, y realizó una Maestría en Relaciones Políticas Internacionales, con una tesis sobre la Transición a la Democracia. Durante 10 años dirigió un equipo de publicidad, que desapareció a instancias de la policía política.

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