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jueves, 21 de agosto 2014

El día después de Chávez

Los cubanos intuyen que si Chávez muere o tiene que abandonar el poder, se las verán negras

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -“Sí Chávez se muere, volverán los apagones”, afirmó un panadero habanero mientras despachaba la cuota de pan de la libreta de racionamiento. “Tienen que salvarlo, si no, volveremos al periodo especial”, comentaba otro paisano, sentado en una parada de ómnibus, donde llevaba más de una hora esperando la ruta 8.

Por cuarta vez, el presidente bolivariano ha sido intervenido quirúrgicamente, y por cuarta vez, escuchamos los estribillos de que se recuperará del cáncer que lo mantiene alejado de Miraflores. Y en Cuba comienza a cundir el pánico, en palacio y en la calle.

La salud de Chávez se ha convertido en una prioridad para la televisión cubana, capaz de interrumpir su programa de máxima audiencia, la telenovela brasileña, para dar alguna información al respecto. Entretanto, los noticiarios estelares son encabezados frecuentemente con irrupciones del furibundo vicepresidente Nicolás Maduro, quien, en su última aparición, arremetió contra los medios de derecha que han desmentido las noticias optimistas sobre el estado del paciente.

Y es que Hugo Chávez les “cayó del cielo” a los Castro. Ha representado la tranquilidad económica de la familia durante 14 años. En el momento crucial, asumió la función de mantener a este engendro disfuncional que llaman “revolución”  que había quedado huérfano -y desheredado- con la muerte de la Unión Soviética, que lo mantuvo con sus enormes subsidios durante 30 años. El demencial presidente de la nación tercermundista, que le ha sacado sustanciales dividendos al alza de los precios del petróleo, nunca ha escatimado a la hora de derrochar dinero para la manutención de nuestra vieja dictadura y la felicidad de su “maestro” Fidel Castro.

A pesar del optimismo que el gobierno venezolano intenta insuflar a los chavistas -quienes con banderitas rojas y lágrimas en los ojos, escenifican escenas que parecen más propias de Pyongyang que de Caracas-, en Cuba cunde el pesimismo, el pánico silencioso y sin lagrimones, pero igual de dramático, sobre todo por parte del gobierno.

La insistencia en buscar petróleo a como dé lugar, a más de 6 km de profundidad -extracción que estaría en los límites de lo rentable-, evidencia la desesperación del régimen cubano ante la posible catástrofe. También las recientes reformas en las leyes migratorias parecen estar dirigidas a la apertura de las válvulas de escape antes de tiempo, para prevenir posibles revueltas, como las de 1994, a causa de la debacle económica que podría sobrevenir si Chávez faltara.

Aunque la cúpula dirigente está consciente de que los días de Chávez en el poder –y en el mundo- están contados, el show continúa. Particularmente llamativo fue el circo de tres pistas montado en la Catedral habanera, donde un grupo de militares cubanos, con sus charreteras repletas de estrellas, y sus pechos cargados de condecoraciones, fueron enviados por su jefe a rezar disciplinadamente, como beatos de sacristía, por la salud de Chávez. Si no fuera tan patética la foto, daría hasta risa pensar que cada uno de esos “devotos cristianos” lleva en el bolsillo un carné del Partido Comunista; sí, de ese mismo partido que desde que éramos pioneritos nos enseñó que “la religión es el opio de los pueblos”.

Chávez, por supuesto, tampoco es de fiar, y cualquier cosa puede suceder. Un hombre que, con la cruz en la mano, le pide a Dios que le conceda más vida para seguir “sirviendo” a su pueblo, y al mismo tiempo oculta los pormenores de su enfermedad a aquellos que lo eligieron, sólo puede ser un digno alumno de su satánico maestro.

Según dicen, los mayas predijeron que el mundo se acabaría el 21 de diciembre del 2012, pero obviamente se equivocaron. Ahora, si ser mayas, ni saber nada de calendarios, cualquier cubano de la calle sabe que si Chávez muere, es muy probable que, aunque no se acabe el mundo, en Cuba se acaben muchas cosas en el 2013.

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El día después de Chávez

Pablo Méndez

FRASE: Los cubanos intuyen que si Chávez muere o tiene que abandonar el poder, se las verán negras

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -“Sí Chávez se muere, volverán los apagones”, afirmó un panadero habanero mientras despachaba la cuota de pan de la libreta de racionamiento. “Tienen que salvarlo, si no, volveremos al periodo especial”, comentaba otro paisano, sentado en una parada de ómnibus, donde llevaba más de una hora esperando la ruta 8.

Por cuarta vez, el presidente bolivariano ha sido intervenido quirúrgicamente, y por cuarta vez, escuchamos los estribillos de que se recuperará del cáncer que lo mantiene alejado de Miraflores. Y en Cuba comienza a cundir el pánico, en palacio y en la calle.

La salud de Chávez se ha convertido en una prioridad para la televisión cubana, capaz de interrumpir su programa de máxima audiencia, la telenovela brasileña, para dar alguna información al respecto. Entretanto, los noticiarios estelares son encabezados frecuentemente con irrupciones del furibundo vicepresidente Nicolás Maduro, quien, en su última aparición, arremetió contra los medios de derecha que han desmentido las noticias optimistas sobre el estado del paciente.

Y es que Hugo Chávez les “cayó del cielo” a los Castro. Ha representado la tranquilidad económica de la familia durante 14 años. En el momento crucial, asumió la función de mantener a este engendro disfuncional que llaman “revolución”  que había quedado huérfano -y desheredado- con la muerte de la Unión Soviética, que lo mantuvo con sus enormes subsidios durante 30 años. El demencial presidente de la nación tercermundista, que le ha sacado sustanciales dividendos al alza de los precios del petróleo, nunca ha escatimado a la hora de derrochar dinero para la manutención de nuestra vieja dictadura y la felicidad de su “maestro” Fidel Castro.

A pesar del optimismo que el gobierno venezolano intenta insuflar a los chavistas -quienes con banderitas rojas y lágrimas en los ojos, escenifican escenas que parecen más propias de Pyongyang que de Caracas-, en Cuba cunde el pesimismo, el pánico silencioso y sin lagrimones, pero igual de dramático, sobre todo por parte del gobierno.

La insistencia en buscar petróleo a como dé lugar, a más de 6 km de profundidad -extracción que estaría en los límites de lo rentable-, evidencia la desesperación del régimen cubano ante la posible catástrofe. También las recientes reformas en las leyes migratorias parecen estar dirigidas a la apertura de las válvulas de escape antes de tiempo, para prevenir posibles revueltas, como las de 1994, a causa de la debacle económica que podría sobrevenir si Chávez faltara.

Aunque la cúpula dirigente está consciente de que los días de Chávez en el poder –y en el mundo- están contados, el show continúa. Particularmente llamativo fue el circo de tres pistas montado en la Catedral habanera, donde un grupo de militares cubanos, con sus charreteras repletas de estrellas, y sus pechos cargados de condecoraciones, fueron enviados por su jefe a rezar disciplinadamente, como beatos de sacristía, por la salud de Chávez. Si no fuera tan patética la foto, daría hasta risa pensar que cada uno de esos “devotos cristianos” lleva en el bolsillo un carné del Partido Comunista; sí, de ese mismo partido que desde que éramos pioneritos nos enseñó que “la religión es el opio de los pueblos”.

Chávez, por supuesto, tampoco es de fiar, y cualquier cosa puede suceder. Un hombre que, con la cruz en la mano, le pide a Dios que le conceda más vida para seguir “sirviendo” a su pueblo, y al mismo tiempo oculta los pormenores de su enfermedad a aquellos que lo eligieron, sólo puede ser un digno alumno de su satánico maestro.

Según dicen, los mayas predijeron que el mundo se acabaría el 21 de diciembre del 2012, pero obviamente se equivocaron. Ahora, si ser mayas, ni saber nada de calendarios, cualquier cubano de la calle sabe que si Chávez muere, es muy probable que, aunque no se acabe el mundo, en Cuba se acaben muchas cosas en el 2013.

Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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