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domingo, 20 de abril 2014

Desaparecidos por partida doble

Fidel Castro silenció la desaparición de dos cubanos, en Argentina, durante la dictadura militar

Hebe Bonafini y Fidel Castro

Hebe Bonafini y Fidel Castro

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -En medio de la consternación ocasionada por la muerte de Oswaldo Payá, el periódico Granma revelaría un misterioso hallazgo: habían encontrado los restos mortales de uno de los dos “diplomáticos” cubanos desaparecidos en Argentina, la noche del 9 de agosto de 1976.

Crescencio Nicomedes Galañena, de 26 años, y Jesús Cejas Arias, de 22, fueron presuntamente capturados por las fuerzas represivas de la policía bonaerense. Y no se supo más de sus paraderos.

El investigador cubano José Luis Méndez, anunciaba en el referido periódico que se pudo identificar el cadáver de Crescencio. Aunque se excluían de la entrevista las explicaciones sobre el por qué el gobierno cubano nunca orquestó una campaña pública –de esas en las que se especializa- para procurar su reaparición de nada menos que dos de sus diplomáticos. Tampoco se informó en el Granma si hubo reclamos formales a la dictadura militar argentina en la época, o a los posteriores gobiernos democráticos instaurados mediante el voto popular. Mucho menos se mencionó el tipo de actividades que cumplimentaban ambos funcionarios cubanos en Argentina.

Por aquella época ya eran una constante las ambiciones totalitaristas de Fidel Castro en todos los continentes y su intromisión en cuanto conflicto politico existía en el mundo.

En Cuba, no cesaban las frenéticas movilizaciones organizadas por los “organismos de masas”, instrumentadas con métodos coercitivos y más que todo para el consumo interno. Desde las tribunas, llovían las acusaciones contra tal o más cual agresión del “imperialismo yanqui y sus lacayos”. En el año 72 se gritó y marchó hasta la saciedad para reclamar el retorno de unos pescadores supuestamente secuestrados por los norteamericanos, se pedía la libertad lo mismo de Angela Davis que la de Luis Corvalán, y la reaparición de cuanto desaparecido (de izquierda, por supuesto) existía en el Planeta. Sin embargo, del caso de los dos diplomáticos cubanos desaparecidos apenas se habló en la Isla, y el asunto terminaría olvidándose por completo. Fueron desaparecidos por partida doble, víctmas de dos dictaduras amigas.

Lo que sí se recuerda es que por esa misma época las dictaduras cubana y argentina, supuestamente en las antípodas en le aspect ideológico, vivían una luna de miel comercial. Miles de autos Dodge, Ford, Fiat, Peugeot, de fabricación argentina, comenzaron a transitar en Cuba, como taxis, o como autos patrulleros de la Policía Nacional Revolucionaria, y otros eran vendidos a extranjeros residentes en la Isla, o a algunos médicos e ingenieros nacionales cuidadosamente seleccionados por su fidelidad revolucionaria.

También se importaron de Argentina pescaderías, construidas con tecnología de módulos y paneles metálicos prefabricados. Además, los cubanos pasaríamos a ser consumidores de granos y cereales cosechados en ese país.

Evidentemente, no eran nada malas las relaciones entre nuestra dictadura y la dictadura militar argentina de derecha, responsable de las dos desapariciones de cubanos y de miles de ciudadanos de aquella nación. Por el contrario, fueron muy armónicos y sustanciosos los intercambios comerciales pactados entre ambas cúpulas militares. Y seguramente buena parte de la deuda monetaria que aun tiene La Habana con Buenos Aires debe remontarse a esa época.

Los más viejos tampoco han olvidado los debates del Comité de Derechos Humanos de la ONU, y las repetidas ocasiones en que los diplomáticos cubanos defendieron a sus colegas argentinos, y viceversa, como fieles aliados, o cómplices. Algo de lo que la vociferante izquierda argentina, hoy en el poder con la presidenta Fernández a la cabeza, ha elegido no hablar y que Hebe de Bonafini nunca ha mencionado en sus constantes paseos por La Habana.

La tapa al pomo la puso Fidel Castro, en abril de 1982, cuando las fuerzas armadas argentinas invadieron sorpresivamente las Islas Malvinas, reclamándo su territorio a Gran Bretaña, y el megalómano dictador cubano le ofreció respaldo militar a la dictadura argentina, si esta lo solicitaba.

Es evidente que -de haber obtenido mejores dividendos geopolíticos y la necearia autorización de la Unión Soviética- Fidel Castro se hubiese involucrado en la disputa, enviando tropas cubanas para apoyar a los dictadores argentinos en defensa de la supuesta soberanía suramericana.

En similares faenas se involucraba ya Castro en África, con el criminal Mengistu, en Etiopía, y el autoritario y corrupto Dos Santos, en Angola, por quienes los reclutas del Servicio Militar cubanos murieron, obligados a pelear en guerras que ni entendían, en países de los que jamás habían oido hablar.

¿Qué duda cabe entonces de que el silencio sobre las desapariciones de Crescencio y de Jesús fuese una decisión estratégica, con el fin de evitar problemas a los militares argentinos, y que, de paso, no se descubriese qué hacían los dos cubanos en ese país.

Surgen otras interrogantes en torno a los dos cubanos desaparecidos en Argentina: ¿Habrá una investigación de los hechos? ¿Sería una reconstrucción históricamente confiable? ¿Con qué fin, a estas alturas?

Acerca del Autor

Juan Carlos Linares Balmaseda
Juan Carlos Linares Balmaseda

Juan Carlos Linares Balmaseda, 30 de julio de 1967. Jatibonico (Santi Spíritus). Cursó estudios primarios y secundarios en Nuevitas (Camaguey). Se graduó de técnico Medio en Explotación del Transporte Automotor. Se sumo al activismo pro-democracia en 1990 y en 1998 al periodismo independiente.

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