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sábado, 25 de octubre 2014

De la irresponsabilidad al crimen

Como es habitual, el gobierno reacciona ante el brote de cólera con mentiras, omisión, ocultamiento y manipulación

El estado físico de las víctimas de Mazorra condena a los culpables

El estado físico de las víctimas de Mazorra condena a los culpables

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -Como si no fueran suficientes los traumas y tragedias que cotidianamente enfrenta la sociedad cubana al parecer varios casos de cólera han sido registrados en algunas regiones del país, lo cual ha generado lógica alarma entre la población y vuelve a demostrar la indolencia irresponsable del alto liderazgo del país.

Hace pocos días el gobierno cubano reconoció hacia el exterior la existencia del brote de la enfermedad en la región oriental del país. Sin embargo las autoridades y sus voceros guardan silencio y se abstienen de brindar una información oficial y precisa a través de los medios informativos, con lo cual alimentan los rumores y las especulaciones, además de provocar la natural inquietud de la población.

Varios testimonios y trascendidos callejeros hablan de la epidemia ya extendida por algunas localidades del país, dan cuenta de algún que otro posible fallecido y del inminente cierre de las cafeterías particulares.

Lo cierto es que fuentes provenientes del sistema de salud de la capital aseguran que ya cunde la alarma entre los funcionarios encargados y al finalizar la primera semana del mes de julio fueron cerrados los expendios particulares de alimentos ligeros en la localidad  de El Wajay al sur de la ciudad.

Más allá de los alcances reales de la presencia de la enfermedad en la Isla resulta bien lamentable la actitud de las autoridades cubanas que una vez más demuestran total desprecio por sus ciudadanos al no ponerse a tono con las circunstancias y demostrar honestidad responsable para informar de manera inmediata y veraz sobre un tema en extremo delicado.

La mentira, la omisión, el ocultamiento y la manipulación mas descarnada constituyen las actitudes naturales del liderazgo castrista a lo largo de toda su larga y triste historia, pero cuando se trata de la salud de las personas un comportamiento tan miserable adquiere matices criminales.

Tal vez el crimen de ocultamiento indolente mas sonado de la historia y que reafirmó como de manera fría los comunistas en el poder colocan sus intereses  por encima de la integridad humana fue la manera en que los dirigentes soviéticos en 1986 negaron la información sobre el accidente nuclear de Chernóbil mientras la radiaciones se extendían por vastas regiones de Rusia, Bielorrusia y Ukrania para marcar con su secuela tóxica a varias generaciones.

Por su parte los gobernantes cubanos, siempre carentes de honestidad y persistentemente divorciados de la verdad, nunca han reconocido la incidencia de las intervenciones militares en África en la propagación del VIH en la Isla; durante muchos años han ocultado las sucesivas epidemias de dengue que han golpeado al país. Tan grave ha llegado a ser el alcance de esta peligrosa enfermedad tropical que las autoridades sanitarias, además de áreas hospitalarias reservadas y barrios en cuarentena, se han visto obligadas a lanzar a las calles brigadas de estudiantes de medicina en periplo casa por casa de las zonas “complicadas” para tomar la temperatura a cada ciudadano, pero siempre sin aceptar la existencia de la epidemia y sin dar un reporte oficial sobre la misma, hasta llegar incluso a negar el diagnostico a muchos pacientes.

El dengue entró por primera vez en 1981con una grave epidemia que costó más de cien muertos, incluso algunas decenas de niños. En esa ocasión, ni corto ni perezoso, el máximo líder no perdió oportunidad de culpar al “imperialismo yanqui” de la tragedia. Sin embargo la epidemia hizo su aparición en la Isla solo pocos meses después del triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua (julio 1979), en el momento en que la injerencia internacionalista cubana en este país y el Salvador generó un intenso trasiego de personas entre Cuba y Centroamérica.

Desde entonces, con sucesivas oleadas el dengue nunca ha abandonado estas tierras, pero con independencia de la dimensión del brote el gobierno cubano no reconoce abiertamente su existencia. En 1997 las autoridades llegaron al colmo de condenar a ocho años de prisión al Dr. Dessy Mendosa, entonces presidente del ilegal Colegio Médico de Santiago de Cuba, por reportar de manera documentada la epidemia que en aquel momento golpeaba a la oriental provincia.

La fría noche del 12 de enero de 2010 casi cincuenta pacientes del Hospital Psiquiátrico de La Habana, popularmente conocido como Mazorra, perdieron lo que les quedaba de vida en deplorables condiciones. Después que el testimonio gráfico de la desnutrición y las golpizas habían recorrido el mundo, las autoridades emitieron un ridículo comunicado donde trataban de explicar cómo decenas de personas se enfermaron y murieron de lo mismo en una sola noche. El crimen volvió despejar cualquier duda sobre la inhumanidad y el cinismo de los jerarcas de La Habana, generó la indignación de toda la sociedad, indignación que se multiplicó cuando José Ramón Balaguer, entonces ministro de Salud y dirigente histórico fue trasladado a otra responsabilidad política sin rendir cuentas por la masacre.

Hace pocos meses los gobernantes cubanos no tuvieron el valor de aceptar públicamente que eran menores de edad las víctimas sepultadas bajo los escombros de un céntrico edificio habanero que se desplomó estrepitosamente.

Está claro que reconocer abierta y honestamente el alcance y la dimensión de enfermedades trasmisibles puede llegar a comprometer la entrada de los turistas extranjeros que el gobierno cubano tanto necesita para mal maquillar la caótica economía nacional, además de reafirmar cuanto de fracaso e incapacidad hay en la realidad de un sector, como la salud pública, asumido como vitrina del sistema.

Muchos ciudadanos cuestionan abiertamente la irresponsabilidad de las autoridades que llevan y traen personas de naciones con alta presencia de enfermedades trasmisibles sin activar la pertinente cuarentena preventiva.

A estas alturas no sabemos si el cólera se unirá al dengue, a las reaparecidas tuberculosis y lepra para profundizar la tragedia del pueblo cubano, pero algo queda claro una vez más: Los cubanos estamos indefensos y a merced de la indolencia criminal de unos gobernantes a los que solo les interesa eternizar su poder y hegemonía.

elical2004@yahoo.es

Acerca del Autor

Leonardo Calvo Cardenas
Leonardo Calvo Cardenas

Leonardo Calvo Cárdenas. La Habana, 1963. Vicecoordinador Nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR). Representante en Cuba de la revista Islas. Licenciado en Historia Contemporánea en la Universidad de La Habana. En 1987 comienza a trabajar como especialista principal en el Museo de Ciudad de La Habana, de donde fue expulsado en diciembre de 1991 Desde 1996 ha sido columnista y colaborador de varias publicaciones, entre las que destacan las revistas digitales Nueva Frontera, Consenso, Noticias Consenso, Encuentro en la Red, Primavera de Cuba.

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