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martes, 02 de septiembre 2014

Carlos Manuel de Céspedes: De Bayamo a La Demajagua

Una visita a la casa Museo de Carlos Manuel de Céspedes y el Ingenio La Demajagua

Detalle del patio colonial de la Casa donde nació el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.  Foto Aleaga Pesant.

Detalle del patio colonial de la Casa donde nació el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes. Foto Aleaga Pesant.

BAYAMO, Cuba, octubre. 173.203.82.38 – Alta, hermosa, casi coqueta, la Casa Museo de Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo, en el corazón de la oriental ciudad de Bayamo, es ícono de la historia nacional.  Dos plantas de puntal alto, un espacioso salón de entrada presidido por una pintura con su imagen, varios cuartos ordenados de este a oeste, un hermoso y amplio patio colonial, más otro extenso y amurallado en el posterior, conforman parte de una instalación, que guarda tesoros personales del patricio y su familia.

Ochenta kilómetros al sureste está La Demajagua.  El antiguo ingenio convertido en paradigma lingüístico de nuestra independencia y en ejercicio retórico de la dictadura.  Sitio donde Carlos Manuel dejó huella de ser un adelantado en la política y la economía. Un parque, monumento nacional, tan hermoso como bien cuidado.

La casa del Padre

Está marcada con el número 57, en la calle Maceo Osorio.  La casa natal Carlos Manuel de Céspedes y López de Quesada, y donde según los historiadores vivió pocos años de su infancia, se erige como el principal centro de referencia sobre la vida y obra del Padre de la Patria.

Esfuerzo conjunto de historiadores y notables por rescatar  ese pedazo de historia.

Pero, ¿pasa desapercibido el Museo Casa Natal del Padre de la Patria?  Parece  que sí, el nivel de visitas es bajo (algunos estudiantes van al museo a realizar sus tareas de Historia de Cuba).

Varias pueden ser las respuestas.  Las dificultades diarias de la población para subsistir, el desencanto hacia la historia nacional por la manipulación de la élite en el poder, que denigra a Don Tomas Estrada Palma y ensalza al asesino Ernesto Guevara, o la combinación de las tantas crisis que agobian a la nación.

Salón principal, recibidor de la Casa donde nació Carlos Manuel de Céspedes y Quesada.  Foto Aleaga Pesant

Salón principal, recibidor de la Casa donde nació Carlos Manuel de Céspedes y Quesada. Foto Aleaga Pesant

Sin embargo, en el centro de la ciudad, frente al parque que lleva el nombre del redentor de la nación se encuentra la gran casona.  No es casualidad que el edificio sea uno de los pocos sobrevivientes al incendio de la ciudad, ocurrido  el 12 de enero 1869.  Se especula que por esas curiosas “contradicciones”  de la historia, la casa donde nació el Padre de la Patria, era vivienda de una familia monárquica durante la toma de la ciudad por los republicanos.   Este hecho, casi casual,  hizo posible que el inmueble fuera poco afectado durante la tragedia.

Quemar la población antes que izar nuevamente en su edificio principal la bandera roja y gualda, de la corona española, fue una decisión dramática.  Sus habitantes la tomaron ante el avance del ejército de la tiranía, empeñado en reconquistar la ciudad rebelde.

Entre las huellas de la catástrofe  que significó la quema de  la Villa de San Salvador de Bayamo, está la perdida de la riqueza material y urbana de la ciudad, y la incineración de documentos históricos, que cubrían parte de la historia de Cuba, desde la fundación y colonización de las tierras de la llanura del rio Cauto, hasta ese momento.

Las ruedas dentada de La Demajagua.  Foto Aleaga Pesant

Las ruedas dentada de La Demajagua. Foto Aleaga Pesant

La Demajagua

A diferencia del Museo Casa Natal de Carlos Manuel, ubicada en un lugar céntrico en la ciudad de Bayamo, llegar al antiguo ingenio La Demajagua, lugar de su alzamiento armado, es una tarea más compleja.   Se debe salir casi siempre caminando de la populosa ciudad de Manzanillo, hasta el comienzo de la estrecha y maltrecha carretera que comunica las poblaciones de “la costa” (Calicito, Campechuela, Media Luna, Niquero, Pilón) y esperar algún transporte que te adelante los próximos 15 km.

En una intercepción bien señalizada se entra, generalmente caminando unos tres kilómetros por una carretera ondulada, rodeada por el verde del trópico y el azul del mar, que se distingue al acercarse a la finca monumento, que en 1866 Carlos Manuel de Céspedes compró a su hermano Francisco Javier.

La finca tenía para la época una magnífica situación geográfica, sobre un terreno elevado entre los ríos Gua y Buey, en el cuartón de Punta Piedra.  La extensión total era de 18 caballerías, limitadas al norte por las tierras propiedad de Don Manuel Calvar, al sur por la finca de Don Isaías Masó y al este por las tierras del licenciado Gregorio Santiesteban.  Al oeste se extendía hasta el mar y desde el batey se divisa el Golfo de Guacanayabo.  Su cercanía a la costa permitía el embarque de azúcar por muelle propio.   Los historiadores afirman que el ingenio era de los más antiguos de Manzanillo, pues en 1840 ya se le conocía.

Aunque ahora solo hay ruinas, poseía una gran casa de tejas, con amplios portales adornados por columnas.  A un lado de la casa se hallaba la fábrica de azúcar y al otro, el barracón de los esclavos.  Según los historiadores la propiedad mejoró mucho desde que pasó a manos de Carlos Manuel.

Como Céspedes fue un adelantado,  comprendió según los conocedores, que la mano de obra esclava era poco productiva y se debía sustituir por maquinaria y trabajo libre.  Una de las reformas que introdujo fue realizar la mayor parte de las tareas de la zafra con obreros asalariados. Esa es una de las hipótesis que explica por qué en 1867 no contaba en su dotación con más de 20 esclavos, mientras que llegó a contratar hasta 60 trabajadores libres.

Panorámica del Parque Monumento La Demajagua. Foto Aleaga Pesant

Panorámica del Parque Monumento La Demajagua. Foto Aleaga Pesant

También instaló una máquina de vapor de 30 caballos de fuerza con dos buenos trenes de clarificación, un alambique y todo lo necesario para fabricar azúcar y mieles.  Otra innovación importante acometió Céspedes como industrial azucarero: la de transformar La Demajagua en un central.  En efecto, ya en 1866 su ingenio molió las cañas producidas en sus tierras y en las de su vecino Masó, y para el año 1868 había contratado las producción de cañas de varios hacendados de la zona.

La Demajagua se convirtió en refugio para Carlos Manuel de Céspedes.  Allí realizaba sus actividades independentistas.  No es casualidad que fuera el lugar escogido para realizar el alzamiento independentista del 10 de octubre.

El 11 de octubre el ingenio quedó virtualmente abandonado, pues su propietario y los demás involucrados en el alzamiento, así como los negros esclavos recién liberados, se dirigieron hacia la Sierra de Naguas.  El día 17 de octubre se presentó frente a la costa un cañonero español y bombardeó e incendió el ingenio. La obra destructora la completó la infantería ibérica, que procedente de Manzanillo lo arrasó.

aleagapesant@yahoo.es

Acerca del Autor

Aleaga Pesant
Aleaga Pesant

Julio Antonio Aleaga, Granma, 1960, licenciado en Historia del Arte. Diplomado en Marketing Estratégico, y realizó una Maestría en Relaciones Políticas Internacionales, con una tesis sobre la Transición a la Democracia. Durante 10 años dirigió un equipo de publicidad, que desapareció a instancias de la policía política.

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