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domingo, 21 de septiembre 2014

Aceite de muertos

Una tétrica bola, relacionada con el aceite del mercado negro, recorre los barrios de La Habana

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 –Algunos de los cubanos que compran aceite vegetal en el mercado negro, para complementar la magrísima cuota mensual vendida a través de la libreta de racionamiento, consistente en un cuarto de litro por persona, se están absteniendo de hacerlo.

¿Los motivos? Corren rumores sobre el robo de decenas de metros cúbicos del lubricante utilizado en la cremación de cadáveres, por parte del departamento de necrología.

“Por si acaso, yo no voy a comprarle aceite a nadie, aunque me lo vendan a mitad de precio. Aunque me salga más caro, tender que ir a la tienda y pagar el litro a 2.40 CUC” (poco más de 3 dólares).

“Es la única garantía que tengo de que estoy cocinando con un producto legítimo. No puedo corer el riesgo de enfermar a mi familia”, expresó Daisy, vecina y cliente fija de los tres o cuatro sitios en el barrio donde se vende aceite vegetal a granel, robado de los diversos centros estatales donde se produce.

“No quiero ni pensar en la posibilidad de comerme unos plátanos fritos con la grasa destinada para esos asuntos. Dios me ampare”, concluyó.

No se sabe si el rumor tiene alguna base real, o si es una simple bola que alguien hechó a rodar, pero, tratándose de Cuba, no está de más tomar precauciones. Todos saben que aquí se ha vendido carne de aura tiñosa con pan, como si la carne fuese de otra ave comestible; o pez gato como si se tratara de pescado de mejor calidad; o picadillo (carne molida) de muy dudosa procedencia, entre muchas otras estafas. Los anteriores son conocidos ejemplos del riesgo colateral que enfrentan los que –debido a la carencia de dinero y ofertas- optan por comprar en el mercado negro, a veces a personas sin escrúpulos.

Las adulteraciones y las estafas son aquí constantes y variadas. Recuerdo a un amigo que, hace varios meses, compró un jabón a un vendedor ambulante y terminó en la consulta de dermatología, con serias lesiones en brazos y piernas. Al no ser suficiente las uñas para calmar la enloquecedora picazón causada por el jabón, tomó un peine se rascó hasta desgarrarse la piel. La necesidad de ahorrar para estirar su magro salario lo hizo tomar la fatal decisión que todavía lamenta.

La falta de una cultura de respeto al consumidor, combinada con una multitud de disparatadas reglas económicas, han enraizado entre nosotros la deshonestidad.

“Mientras no haya verdadera propiedad privada, seguirán sucediendo estas cosas. Cada vez estamos peor. El país requiere una reestructuración completa, un total reordenamiento de la escala de valores. Y para eso, hay que ir a una revisión profunda de las leyes”, dijo un abogado que presta servicios en un bufete colectivo de La Habana Vieja, a condición de no revelar su identidad.

“Las ilegalidades seguirán en aumento, y como telón de fondo, el mismo discurso que habla de éxitos más vaporosos que el humo de este cigarro”, afirma con sarcasmo Daniel, mientras que exhala una nube blanca desde sus pulmones. Según sus palabras, su diploma de Licenciatura en Historia, que obtuvo hace muchos años, ha sido un pasaporte a la mendicidad.

“Yo no puedo estar pensando de dónde se robaron el aceite; ni para qué lo utilizan. Mientras no me envenene, toda está bien. Precisamente, en estos días voy a comprar medio litro. El riesgo es parte de mi guerra cotidiana contra la miseria. Mi pensión de jubilado no me da para más.¿Qué son 200 pesos, menos de 12 dólares al mes? Como está la vida en Cuba, eso es como tener un “menudito” en los bolsillos”, resume Daniel.

Así las cosas, cabría pensar que se verán afectadas las ganancias de los que se dedican al negocio de la venta de aceite robado. Pero, dentro de esta tragicomedia cubana, habrá muchos que, víctimas de la necesidad, se arriesgarán a comprar cualquier cosa, siempre que sea más barata, a pesar de las bolas.

Los muchos clientes asiduos de los vendedores de aceite en el mercado negro, se debaten entre la necesidad y los escrúpulos. Por el momento, en mi barrio, parece que va ganando la necesidad.

oliverajorge75@yahoo.com

Acerca del Autor

Jorge Olivera Castillo
Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor, poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.

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