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jueves, 24 de abril 2014

“La discriminación racial es un combustible peligroso”

Entrevista a Juan Antonio Madrazo, coordinador nacional del Comité Ciudadano por la Integración Racial

Juan Antonio Madrazo - Foto de Pablo Mendez

Juan Antonio Madrazo - Foto de Pablo Mendez

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Juan Antonio Madrazo, de 42 años, licenciado en administración de empresas, da la bienvenida a Cubanet en su cuartel general de la calle 23, entre C y D, en el Vedado habanero. En la sala permanecen colgadas fotografías de Antonio Maceo, Celia Cruz, el Duque Hernández, Teófilo Stevenson, Carlos Acosta, entre otras celebridades cubanas afro descendientes. Tras degustar un exquisito café -brindado por su mamá-, salimos a la terraza donde observamos el ir y venir de los transeúntes y la mescolanza socio racial de los nacionales.

Cubanet: ¿Según las estadísticas oficiales, qué porciento de ciudadanos negros hay en Cuba?

Juan Antonio Madrazo: Un 10%.

CN: ¿Cifra cuestionable?

JAM: Claro. Los primeros en cuestionarla son los propios cubanos. Cuando te montas en una guagua o caminas por las calles, te das cuenta de la superioridad numérica de los afro descendientes. Es cierto que hay ciudades con más población blanca, pero también existen asentamientos con una relación aritmética contraria.  Ejemplifico que el antropólogo Juan Alvarado fue uno de los primeros en poner en entredicho las estadísticas oficiales -las verdaderas cifras son “secreto de estado”-. Incluso, tenemos informaciones de especialistas del Instituto Cubano de Genética, quienes manifestaron estar en descuerdo con los números arrojados por los censos de población y vivienda, afirmando que al menos 60% de cubanos son afro descendientes. Enfáticamente te aseguro que el gobierno ejerce presiones sobre todos aquellos intelectuales que impulsan un debate nacional sobre la demografía afro descendiente, destacándose entre ellos: el bibliotecólogo Tomás Fernández Robaina, el ensayista Roberto Zurbano, quien en la actualidad preside el fondo literario de Casas de las Américas, y la investigadora Inés María Martíatu, por cierto, más reconocida en el extranjero que en Cuba. También, desde 1986, en los congresos de la UNEAC se han disputado estos cuestionamientos raciales, pero el régimen se las arregla para silenciar las demandas del anhelado debate nacional.

CN: ¿Por qué el gobierno oculta las verdaderas cifras de nuestra composición étnica?

JAM: Por intereses políticos. Hay que desandar la historia, cuando, en 1962, José F. Carneado, entonces ejecutivo ideológico del Partido Unido de la Revolución Socialista, certificó públicamente que la discriminación racial fue erradicaba por decreto revolucionario, y a los afrocubanos -considerados “una minoría étnica”- se les confería el derecho a la igualdad. Paralelamente comenzó el discurso -o mejor dicho, el “chantaje emocional”- de que los negros se convirtieron en personas gracias a la revolución, que estudiarían y trabajarían amparados por ese Olimpo de deidades blancas que los liberó del yugo opresor, debiéndoles lealtad y agradecimiento sin límites. Desde entonces, el afrocubano sería la punta de lanza, o la carne de cañón para defender la revolución, por considerársele el sector poblacional “más beneficiado”. Las manipulaciones fueron denunciadas desde el principio por intelectuales de la talla de Carlos Moore, Juan René Betancourt, Iván Cesar Martínez y Juan Benemelis, quienes tuvieron que exiliarse, y son satanizados con vehemencia por las corrientes procastristas.

CN: ¿Qué cantidad de afrocubanos milita en las filas del partido comunista?

JAM: La cifra es considerable.

CN: ¿Y la representación en las altas esferas del partido y el gobierno?

JAM: Totalmente cosmética, pocos escaños de los máximos dirigentes del régimen están ocupados por negros. Ejemplifico que en el MINFAR y MININT, no hay viceministros ni generales de cuerpo de ejército negros. Creo que en las fuerzas armadas sólo hay dos generales de división. Se ha comprobado que la máxima graduación a la que ascienden los oficiales negros es a la de general de brigada. Las campañas internacionalistas de Angola y Etiopía -utilizadas para enmascarar el perfil discriminatorio del régimen- produjeron pocos oficiales negros de alta graduación; por ejemplo, el fallecido general de brigada Víctor Schuhe Colás, quien fuera el más brillante estratega del frente norte en Angola, ni siquiera fue ascendido a general de división póstumamente. Académicos soviéticos detectaron desequilibrios raciales en la élite gubernamental cubana, y gracias a esas conclusiones, elevaron al politburó a Esteban Lazo, un apparatchik, sin bagaje revolucionario. También es ínfima la representación de embajadores afrocubanos acreditados en otros países.

CN: ¿Cuáles son las discriminaciones más reportadas en Cuba?

JAM: La más relevante es el desmesurado hostigamiento de los cuerpos policiacos contra los ciudadanos negros, a quienes tildan de potenciales delincuentes, y se les obliga a mostrar su carnet de identidad, so pena de ser multados o aprehendidos. En el año 2010, la opinión pública condenó la ley SB-1070, adoptada en Arizona, contra los inmigrantes ilegales. En Cuba, este tipo de violación discriminatoria está instituida desde hace 40 años contra los propios cubanos. Y por cierto, no tengo información de que algún cónclave internacional de derechos humanos la haya repudiado.

En la industria turística, ciudadanos negros con títulos universitarios, incluso, con pleno dominio de tres idiomas, no pueden aspirar a ocupar plazas de guías turísticos o directivos gerenciales, en cualquiera de los hoteles de las más reputadas cadenas del país. A duras penas, los empleos más asequibles para ellos, son: servicios en la elaboración de alimentos dentro de las cocinas, mozos de limpieza, mantenimiento y custodios. Algunos plantean que gerentes cubanos, blancos, con un carnet del partido en el bolsillo, han sentenciado: “Aquí no queremos negros”. Otros, los más diplomáticos, achacan la negativa a exigencias de empresarios europeos.

En determinados ministerios, como el de la Inversión Extranjera, Comercio Exterior, Relaciones Exteriores y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), es baja la presencia de directivos afrocubanos. Sólo se le asignan cargos de secretarios del partido y sindicatos, o sea, los de agitadores políticos. En la esfera de la cultura también se han recibido denuncias de discriminaciones raciales. Por ejemplo, en el Teatro Lírico Nacional, el Ballet Nacional de Cuba y otras instituciones. Igualmente es discriminatoria la no existencia de una pedagogía relacionada con la integración racial, tanto en el contexto educativo, como en los medios de difusión. En fin, el paquete es amplio.

CN: Según vox pópuli, los afrocubanos tienen una presencia preponderante en las turbas de respuesta rápida. ¿Cuestionas este comentario?

R: No lo discuto, reconozco que es una consecuencia de las manipulaciones antes mencionadas. Utilizar un sector poblacional tildado de “víctimas”, para convertirlos en “victimarios”, defensores de un régimen que supuestamente “les benefició y otorgó plenos derechos”, es una escenificación que, a la vista de los incautos, favorece “la imagen” de la dictadura. Pero tales abominaciones también fueron utilizadas por el colonialismo español, en el siglo XIX, cuando creó la Milicias de Pardos y Morenos, los Guerrilleros Negros y los Casinos de Españoles de Color, con el fin de dinamitar la moral de las tropas independentistas.

CN: ¿Qué efectos busca la publicidad oficialista explotando la imagen del afrocubano?

JAM: Es una grosera y contradictoria propaganda. En una valla enclavada en la avenida Boyeros, dice un rótulo sobre la fotografía de un sonriente afrocubano: “Los cambios que necesita Cuba, son más socialismo”. Sin embargo, la mayoría de los negros están sumidos en la más exorbitante pobreza. Por ejemplo, desde hace más de 60 años, subsisten en los mismos barrios: Centro Habana, La Cuevita, Palo Cagao, Hindaya, Pocitos… e innumerables ciudadelas de la periferia capitalina.  Paradójicamente pocos moran en el Nuevo Vedado, Miramar, Kholy, Country Club, Siboney o cualquiera de los mejores repartos de la Habana. Las más recientes innovaciones económicas no han beneficiado a los cuentapropistas negros, porque, en alto porcentaje, no cuentan con buenas casas (infraestructura), ni familiares en el exterior que les ayuden financieramente para montar un negocio, por ser el sector poblacional que menos ha emigrado.

CN: ¿Qué tareas se ha propuesto acometer el Comité Ciudadano por la Integración Racial  (CCIR)?

JAM: Trabajo, trabajo y más trabajo, documentando casos de discriminación racial a través del observatorio ciudadano, impartiendo conferencias, haciendo periodismo y luchando a brazo partido para que la diáspora tome conciencia de que el problema racial debe tomarse en cuenta desde ahora y no a partir del restablecimiento de la democracia en Cuba. También hemos elaborado un plan de denuncia civil por la pobre cobertura dedicada a la conmemoración del centenario de la masacre de los independientes de color y por la insuficiente difusión del documental “1912, Voces para el silencio”.  Un pueblo que no predica sobre sus errores, corre el riesgo de volver a cometerlos.

CN: ¿Se les oponen otros afrocubanos e instituciones oficialistas?

JAM: Intelectuales pro-régimen, como Miguel Barnet, Guillermo Rodríguez Rivera, Esteban Morales y Gisela Arandia. Los proyectos oficialistas, como “Cofradía de la Negritud”, o el desarticulado “Color Cubano”, todos empeñados en desmoralizarnos ante el pueblo como una disidencia negra y mezquina vinculada al Plan Bush. También el chantaje intimidatorio y la represión de la policía política contra todos aquellos jóvenes que se nos acercan -que cada día son más-, porque el régimen está consciente de que la discriminación racial es un combustible peligroso que pudiera acelerar una rebelión.

CN: ¿En una Cuba libre y democrática, fundarían los negros otro Partido de Independientes de Color?

JAM: No es viable. Nosotros luchamos por la integración racial, y soñamos, como el reverendo Martín Luther King Jr. En una Cuba libre y democrática, negros y  blancos nos daremos las manos para reconstruir la patria, la cual, por cierto, bastante desbaratada nos la dejará el comunismo.

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Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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