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viernes, 24 de octubre 2014

¿Carroñeros o caníbales?

En La Habana, el mercado negro de cárnicos degenera hasta límites tenebrosos

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Repulsión y asco causó en los televidentes del programa Hola Habana, la noticia sobre el hallazgo de una muela humana en un paquete de picadillo adquirido en un expendio estatal.

El periodista José Alejandro Rodríguez, quien conduce el espacio “Papelitos Hablan”, lanzó una reprimenda contra el administrador del centro de elaboración de productos cárnicos de donde “supuestamente” procedía el paquete. Sin embargo, no se habló sobre la posibilidad de hacer una investigación forense para determinar si la carne que contenía la bandeja era de procedencia humana.

En las calles habaneras la gente cuenta innumerables leyendas sobre personas que compraron y consumieron hígado humano, proveniente de las morgues, durante los años cruentos del Periodo Especial, así como sobre otras tantas historias relacionadas con auras tiñosas, cucarachas, gatos, ratas y hasta frazadas de piso.

Con tales ruidos, un amplio sector de la población no confía en el origen, ni en el nivel de higienización de los alimentos que consume. Es el caso de Raymundo Chapotín, un vecino de la barriada capitalina del Vedado, quien echó un escupitajo en el piso y exclamó: “Esto se ve y no se cree”, cuando presenció una escena repugnante en la intercepción de las calles Línea y 14.

Chapotín advirtió como dos individuos sacaron del interior de un contenedor de basura dos bandas de carne de cerdo y las lanzaron sobre la acera -lugar donde defecan y orinan los animales-. Seguidamente, con una escoba y un cubo de agua, le quitaron los desperdicios pegados a sus carnes y arreglaron la compraventa con el carnicero de la esquina, quien introdujo el cargamento en su kiosco para transformarlo en bistecs y vendérselo a la población.

La primera reacción de Chapotín fue avisarles a los vecinos para que boicotearan la  casilla. Y la segunda, informarme sobre el evento, pues gracias a los boletines impresos con información de la prensa independiente que se difunden semanalmente por todo el barrio, algunos vecinos me atribuyen el título de “periodista de la circunscripción”.

Ante la pregunta: ¿por qué no llamó a la policía? Chapotín respondió que los guardias son una caterva de corruptos, capaces de cargar con la prueba y trapichearla con otro carnicero. Además, me dijo que en ese momento no tuvo a mano un celular o cámara fotográfica para probar su denuncia con imágenes.

Un barrendero estatal -que solicitó el anonimato- me aseguró que Chapotín dice la verdad, pues en numerosas ocasiones a él le han propuesto transportar en su carretilla de basura pedazos de cerdo, ocultos en los tanques de basura, a cambio de la tentadora cifra de 5 dólares. Según él, ha rechazado estos ofrecimientos porque no se presta para tales puercadas, aunque otros colegas suyos sí las aceptan.

“El origen de esto son las restricciones del gobierno”, explican los carniceros de la zona, quienes alegan que el Estado les asigna pequeñas cuotas de carne de cerdo para vender en sus kioscos, imponiéndoles la solución de buscar otros suministros por “la izquierda”, para paliar el déficit. Entonces algunos proveedores inconscientes usan la estrategia de esconder sus cargamentos ilícitos en los contenedores de basura, con el fin de despistar a las autoridades.

Varios anuncios televisivos alertan a la población sobre lo dañino de las violaciones de las normas de higiene, principalmente en los expendios de cuentapropistas. Entre otras advertencias, suelen citar el mal olor de los aceites comestibles, utilizados para freír  alimentos, o las anti higiénicas normas de almacenaje.

Desafortunadamente, son pocos los espacios dedicados a divulgar las violaciones que involucran al mercado estatal, en torno a los cuales las quejas del consumidor quedan generalmente sin respuestas. Un ejemplo está en la citada muela humana aparecida en la bandeja de picadillo.

Ahora Chapotín anda por el barrio con una cámara fotográfica metida en el bolsillo. Me comentó que quiere sorprender “a esos cabrones que esconden el puerco en los contenedores de basura”. Si logra las fotos, me dijo, tratará de que sean publicadas por la prensa independiente, porque hace mucho tiempo que perdió la fe en las publicaciones oficiales.

Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña
Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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