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40 DIAS DE AYUNO DE
OPOSITORES PACIFICOS Una
entrevista a dos voces en Tamarindo 34
LA HABANA, 22 de junio (Mario J. Viera, Cuba-Verdad) - Tamarindo 34 es quizás,
después de la Plaza José Martí, la dirección más
conocida actualmente de la capital de Cuba. Punto de encuentro obligado, en
Tamarindo 34 se dan cita todos aquéllos que quieren un cambio en la vida
política, económica y social del país.
Por este punto del plano de La Habana han pasado periodistas, disidentes y
personas del pueblo. Aquí viene a darle su respaldo a los ayunantes un
anciano apoyándose en su bastón, un pastor protestante y
familiares de presos y ex presos políticos.
La esposa de un preso político y un hombre de 27 años vinieron
a respaldar a los ayunantes. Ella, María Elena Soto Consuegra, una mujer
sencilla, de 49 años, esposa del preso político Miguel Eumelio Sánchez
Valiente, de 62 años. El joven, Regis de la Maza Valdés, parece
menor que la edad que tiene, la acompaña en su visita a Tamarindo 34.
Ambos ofrecieron una entrevista a dos voces a Cuba-Verdad.
Las historias que relatan es como el encuentro de dos generaciones que en sí
mismas representan una continuidad en el tiempo. Es la historia de un hombre que
luchó contra la dictadura batistiana que un día comprende con
amargura que había estado del lado equivocado de la trinchera, y la de un
joven recién salido de la adolescencia que sin compromisos con el pasado
se vio envuelto en un enfrentamiento dramático con el gobierno.
Miguel Eumelio Sánchez Valiente lleva 7 años en prisión,
acusado de espionaje y condenado a 10 años de privación de
libertad. cuando sólo contaba con 17 años se ligó al
movimiento insurreccional comandado por el Movimiento 26 de Julio y otras
organizaciones antibatistianas. Fue combatiente de las guerrillas del Escambray
a las órdenes del comandante Víctor Bordón.
En las Fuerzas Armadas Revolucionarias pasó Sánchez Valiente
29 años, alcanzando el grado de teniente coronel y ocupó el puesto
de profesor en la Escuela Militar Carlos Roloff. Cuando se jubila, se integra a
la vida civil.
En ese momento, Regis de la Maza estudiaba en el preuniversitario, donde
llega a alcanzar el décimo grado. No tiene preocupaciones políticas.
Es muy joven. A él le pedían que fuera como el Che.
El teniente coronel retirado, tras cuatro años de vida civil,
militante fundador del Partido Comunista de Cuba, comienza a chocar con
situaciones que negaban todo aquello que le inspirara para comprometerse con la
revolución. "Cuando se producen los cambios (la perestroika) en la
Unión Soviética", expone su esposa, "él esperaba
que también se produjeran cambios durante el congreso del PCC. Pero como
vio que los cambios no se producían, comenzó a decirse: 'Esto no
es por lo que luché'." María Elena recuerda que Migue tenía
un sentimiento de culpa muy grande.
Fue entonces que creyó que debía hacer algo. Se sentía
engañado. Escribió una carta dirigida al Partido Comunista
renunciando a la militancia que en esa organización había
mantenido durante muchos años. "Se acercó a Gustavo Arcos.
Trabajó con él (Comité Cubano Pro Derechos Humanos)",
relató su esposa, "y poco tiempo después estableció su
propia organización, a la que dio el nombre de Libertad y Democracia".
Regis ha dejado el preuniversitario. Donde reside, en el vecindario de María
Elena, era entonces uno de tantos jóvenes que viven sólo en un
largo y monótono presente.
María Elena sonríe tristemente: "Para mí fue una
'cama' la que le tiende la Seguridad a mi esposo", señala
rememorando los días aquellos en que Miguel Sánchez fue detenido y
encausado por el instructor de Seguridad del Estado entonces primer teniente
Francisco Estrada. "Esto lo he dicho dondequiera", continúa, "para
mí fue eso: una 'cama', porque lo acusaron de espionaje y no hubo tales
actividades ni evidencias".
"Lo acusaban de rebelión", prosigue María Elena
Anoceto, "de propaganda enemiga, de asociación ilícita y de
espionaje, y finalmente sólo fue juzgado por espionaje, para humillarlo
ante sus antiguos compañeros militares y ante el pueblo mismo".
El primero de julio de 1993 una lancha procedente de la Florida atraca en el
lugar conocido por Claro de Luna, en Cojímar, poblado de pescadores
situado a pocos kilómetros al nordeste del centro de La Habana.
La embarcación debía ser abordada por un grupo de personas que
pretendían abandonar el país. De pronto, las fuerzas de
Guardafronteras ubicadas en el Torreón de Cojímar abren fuego
contra la tripulación.
"Aquella noche", recuerda Regis, "cuando comenzamos a sentir
disparos me dirigí al lugar de donde procedían. Allí pude
ver varias personas heridas, a las que se trataba de llevar en lo que apareciera
para que recibieran asistencia médica. Al mismo tiempo, comenzó a
llegar mucha gente, cientos de personas que tiraban piedras contra la policía
y protestaban contra el gobierno".
Regis se unió a los grupos que protestaban. Luego fue golpeado y
detenido por la policía. "Permanecí alrededor de una semana
en 100 y Aldabó (la dirección por la que es mejor conocido el
Departamento Técnico de Investigaciones)". Meses después, en
agosto, Regis con otros jóvenes de su edad apedreó las vidrieras
de las tiendas para turistas de la Villa Panamericana, a unos tres kilómetros
al sureste de Cojímar".
"Cuando me detuvieron, fui conducido a Villa Marista, donde permanecí
por 39 días", relata Regis. "Luego me enviaron a la prisión
de Micro 4 y un año después me celebraron el juicio, en el que me
sancionaron a dos años de prisión, acusado de sabotaje". En
1995, luego de un año y siete meses, fue puesto en libertad.
María Elena hace un gesto triste: "Mi esposo lleva ya siete años
de prisión, y aún no le han concedido la libertad condicional".
El 19 de noviembre de 1998, las autoridades habían asegurado que se le
concedería la libertad.
Regis, una vez salido de prisión no pudo reintegrarse a la sociedad: "No
tengo empleo nunca", señaló. "Siempre me dejan sin
trabajo sin otra explicación que la cancelación de mi contrata".
Los dos vecinos del poblado de Cojímar estaban en Tamarindo 34, en la
sala del departamento 5, donde reside Migdalia Rosado, de la Fundación
Lawton de Derechos Humanos.
"Vine a solidarizarme con todas estas personas que están aquí
haciendo ayuno", concluyó Regis de la Maza Valdés.
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