Regla: rincón olvidado de La Habana
Jorge Diego Rodríguez, Cuba Press
LA HABANA, diciembre - La embarcación se aproxima a la otra orilla de la Bahía de La Habana. Al girar para el atraque, el Castillo del Morro queda por la popa. Un viejo remolcador yace en la sucia orilla. En un abrir y cerrar de ojos, los viajeros han pasado de costa a costa y
arribado al "emboque", acceso a un pintoresco rincón casi nunca olvidado por el forastero: Regla.
A unos cien metros del muelle se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Regla. Con su nave central y cúpula abovedada -que se yerguen al lado de un astillero- constituye uno de los principales símbolos nacionales del sincretismo religioso, derivado del contacto del
catolicismo con las religiones africanas.
La influencia sociocultural de las etnias africanas alcanzó uno de sus puntos culminantes en la fundación en 1836 de la Sociedad Secreta Abacuá, una asociación de autodefensa. La villa también tuvo el influjo de la emigración asiática: una tarja
cerca de la iglesia parroquial rememora la llegada de los primeros chinos a Cuba por Regla, el 3 de junio de 1847.
La fecha que tradicionalmente se toma como la de fundación de este asentamiento poblacional es el 3 de marzo de 1687. De entonces data el testimonio por el cual Don Pedro Recio de Oquendo dona tierras hasta el embarcadero de Camaco para la erección de la ermita de Nuestra Señora
de Regla, alrededor de la cual se iría asentando el poblado.
Al adentrarse en él por la calle Martí, el visitante puede notar menos ajetreo que en La Habana. Las edificaciones de baja altura y acogedores parques matizan un ambiente de barrio, reforzado por arboledas esparcidas.
En la ribera este de Regla arde permanentemente "la antorcha", una torre de la refinería de petróleo, mientras que en la oeste están emplazadas diversas instalaciones portuarias. Al sur, hay pintorescas colinas, casi todas pobladas, llenas de escalinatas y
empinadas callejas, donde en no pocas ocasiones la vista se posa en rústicas y contrahechas viviendas, que desentonan con el paisaje.
La necrópolis local, que data de 1900, está situada en un barrio en las alturas, igual que la capilla de la Guadalupe, donde radica un convento de religiosas.
Las raíces culturales de los reglanos afloran en distintos puntos de la villa. Allí se encuentra el Liceo Artístico y Literario, inaugurado por José Martí en 1879 y clausurado en 1896 bajo el mando del gobernador Weyler. También la casa natal del célebre
músico Roberto Faz, fallecido en 1966, entre otras huellas del acervo cultural. De este pueblo es también la afamada comparsa Los Guaracheros de Regla, emblemática del carnaval habanero.
Pero no todo es idilio en este municipio costero de la capital cubana. Es bastante visible la presencia de la guapería, las borracheras y trifulcas. La violencia continúa ocasionando víctimas a pesar del reforzamiento de la actividad policial. También se oye hablar de
robos.
El viajero puede salir de la demarcación en varias rutas de ómnibus, o regresar a La Habana por mar. Así, después de pasear por este rincón, puedo darle un adiós al santuario de la Virgen morena, donde muchos hacen sus más fervientes plegarias por
la libertad y un futuro retorno a la patria de los cubanos en la diáspora.
En la apresurada marcha para tomar la lancha o la guagua, quizás el turista tenga tiempo todavía para escuchar el toque de un bongó proveniente de algún recóndito aposento reglano.
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