MADRID. Antonio Astorga ABCe, 08 de agosto de 1999
Guillermo Cabrera Infante ha sido «corneado». Él mismo
facilita el parte (sin pronóstico reservado):
-Ha sido una cornada triple con dos septicemias y una vesícula biliar
estallada. El cirujano empleó seis horas, seis, para lavar los intestinos
y levantar el esternón.
-¿Hubo algún agente castrista?
-Uno con aspecto de «hit man» que se coló en mi cuarto para
verificar si me estaba muriendo o era publicidad o sabe Dios qué
designios.
-Más cornás da la literatura, don Guillermo...
-Más cornás da Castro \.
-Los jóvenes escritores cubanos glosan a Lezama pero escriben como
usted. ¿Le copian bien, mal, regular?
-Desde la aparición de «Tres tristes tigres» como «samizdat»
que se podía comprar, según Kerrigan el traductor de Borges
por seis latas de leche condensada. Los que me leyeron bien lo hacen bien.
Desgraciadamente, algunos me han leído mal.
«SANS NOTHING»
-¿Quién creó la nación cubana: los escritores o
los políticos?
-La nación cubana la creó José Martí. No hay más
que leer su prosa para sobrecogerse pensando dónde aprendió a
escribir. La respuesta es una sola: en el exilio. El «insilio», como
dice Heberto Padilla, creó a los otros poetas nacionales, atrapados en
Cuba, que le siguieron.
-¿Es verdad que usted pasó del castrismo más juvenil,
rabioso e idealista a un exilio va ya para 33 años no menos
anticastrista y rabioso?
-Pasé de enemigo de Batista a enemigo del enemigo mayor de los
cubanos. Es esa obscenidad que dura 40 años. Sin libertad, legitimidad ni
democracia. «Sans nothing».
-¿Cómo ha transcurrido su exilio?
-Pasó por una fase dura, en que mis antiguos colegas del «boom»
me condenaron al ostracismo con la honrosa excepción de Mario Vargas
Llosa, pero Cortázar, que había sufrido una metamorfosis en
Bruselas inyectándose hormonas para dejarse la barba y convertirse en una
versión del «Deux Magots» del Che Guevara, por supuesto, sin
disparar un tiro, trató de herirme con su ostracismo. Después me
salvó el cine en la forma de productores que compraban mis guiones a buen
precio. Pero en verdad no recomiendo ese vía crucis.
-¿Le encanta ser leído a hurtadillas del castrismo?
-No... y con las tapas de Seix-Barral cubiertas con hojas del «Granma»,
ese atroz periódico que usurpa el nombre de abuelita. No me encanta,
porque he perdido mi lector natural: ese ciudadano de La Habana que sepa leer
sin mover los labios.
-¿El martirio de Cabrera Infante es su exilio y el exilio es su éxito?
,(como ve es una paráfrasis de Martí)
- A José Martí hay que volver siempre, pero sin olvidar que su
obra, enorme, fue escrita toda ella en el exilio. Menos, por supuesto, su diario
de campaña que lo acompañó por tierras cubanas para morir
en manos de un mercenario español, que le dijo antes de rematarlo: «¿Así
que anda usted por aquí, don Martí?» Estos datos están
prohibidos en Cuba y los recibí de ese gran investigador llamado Ezequiel
Martínez Estrada.
-A usted le gusta jugar con las palabras, retorcerlas como una esponja para
exprimirles sentido y sonido. El jugo, ¿es el humor? ¿Irredimible e
irremediablemente es usted irónico?
-No, yo me considero un escritor cómico. «Tres tristes tigres»
se puede considerar una broma que dura quinientas páginas.
-¿Es cierto que usted escribe en habanero más que en español?
-Escribo en habanero para los españoles y en inglés para los
londinenses.
-¿Ese juego esconde el dolor por «sua Cuba»?
-Mis experimentos son juegos que me permiten Gómez de la Serna,
Apollinaire y Francis Picabia.
-¿Se siente usted anglófilo?
-Juan Goytisolo dijo con gran sabiduría que sólo los árboles
tienen raíces. Sin olvidar que la forma del país es alargada. No
siento la pérdida de mi tierra. Sólo son necesarios dos metros
para entrar por la puerta horizontal.
- Y de Castro, ¿qué?
-No tengo ganas de hablar de él hasta que se vaya su sombra. Pero hay
días que no pienso en Fidel hasta que cualquier alma Cándida
Albicans lo nombra y lo trata como el salvador de la patria. Entonces es
como un trapo rojo que levantan ante mí. Recuerde que soy tauro.
-¿Volverá a ver La Habana, «temprano en la mañana»?
-Esa frase es la hermosa introducción a La Habana hecha por un
maestro, Hemingway. No tenía que decir más: ahí están
la plaza de Alvear, el Floridita, el Ambos Mundos y el Muelle de Luz. Con unos
mendigos trasnochados o madrugadores.
CONFESIONES
-¿Cuál es su película favorita?
-«Ciudadano Kane».
-¿Y su director predilecto?
-Alfred Hitchcock, maestro del suspense y del error culpable.
-¿Y su (no una) actriz?
-La Stanwyck. ¡Ah Bárbara!
-¿Y su bolero?
-«Perfidia», no porfidia, que es una enfermedad que pone la orina
azul, como la sangre real.
-¿Y el libro (no escrito por usted) que más le guste?
-«Valentín», de Gil Albert; y no esa horchata que venden
como «Shakespeare in love», que lo está con una muchacha y no
un muchacho.
-¿Un creador?
-Van tres: Borges, L. Carroll y Cervantes y no en ese orden.
-¿Su ciudad más amada?
-La Habana por otros medios, que pueden ser Londres, Sevilla, Barcelona
cuando es bona como canta a la chacona la inolvidable Montserrat Figueras.
-Acaba de publicar «El libro de las ciudades»...
-Es un recitado de Londres como hacía Dickens y ahora hace Miriam Gómez...
-Que es su cómplice...
-Es un reservorio de cubanismos, de habanerismos, de ritmos.
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