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Por Oswaldo de Céspedes, Cooperativa de Periodistas
Independientes
LA HABANA, septiembre - Es alarmante el incremento del tráfico de
drogas y la drogadicción en Cuba a partir de la última década
y el aumento del turismo capitalista en la mayor de las Antillas. En análisis
retrospectivo antes de 1959, en nuestro país se consumió droga
fundamentalmente a base de la mariguana, conocida por los adictos como "hierba"
y la otra variante era la morfina en sus distintas formas de elaboración
generalmente utilizada en las capas sociales más solventes, pero
generalizando en Cuba la droga no era un gran problema social que afectara el
desarrollo de la nación y que pusiera en peligro la tranquilidad y la
estabilidad de la sociedad.
La morfina y sus derivados se consumían poco, y la mariguana donde más
estragos hacía era en los barrios marginales y a escasos pobladores de
esas áreas que encontraban en la droga el aliciente que faltaba en sus
vidas estériles y de futuro incierto.
Al triunfo revolucionario de 1959, la batida al vicio, la corrupción,
y la prostitución fue meritoria, y prácticamente se erradicaron
estos flagelos sociales, quedando sólo casos aislados que burlaron la
persecución implacable que se estableció. Con el decursar del
tiempo, se resquebrajó la disciplina, la ética y la moral
ciudadana, y esto produjo un caldo de cultivo para el resurgimiento de tan
lesivos actos que se convierten en vicios y conllevan a la degeneración
del individuo como ser social implicando no solamente su propia destrucción
sino arrastrando con él a las conciencias débiles que no fueron
formadas con educación familiar y social para enfrentar la
irregularidades y vicios que transitan paralelamente a la vida de todo ser
humano.
En las décadas del 70 y 80 el consumo de la mariguana se incrementa y
los estupefacientes de prescripción médica son utilizados como
droga por una masa de jóvenes y adultos que ven en ella el estímulo
necesario para el soporte de su incómoda vida.
El estado y las autoridades de salud tienen que luchar contra los
consumidores de parquisonil y sardedron entre otros, que cada día se
hacen más populares y solicitados entre los viciosos y que además
de problemas de salud crean graves problemas sociales.
La década del 90, con el colapso del campo socialista y la penetración
del turismo capitalista incrementó la utilización de las drogas
por la juventud, y gran parte de la "hierba" que se consumía se
transformó en polvo, y piedra, siendo ésta la más
perseguida por las autoridades, pero a la vez la más buscada y la más
consumida por una masa juvenil y de adultos que han torcido su vida por el
camino más enajenante y destructivo del individuo: el tráfico y
consumo de cocaína.
Las piedras rodaron, y encontraron sus viejos amigos en los barrios
marginales habaneros pero extendieron más sus brazos corruptos y atrapó
en su abrazo mortal a pobladores de otras zonas donde jamás se había
oído mentar la droga, su procedencia ni cómo se consumía,
pero que ahora forma parte también de su cotidianidad.
Algunos de los barrios donde este consumo se ha convertido en un verdadero
problema social son Cayo Hueso, Atarés, Los Sitios, y Jesús María,
todos muy cerca del casco histórico de la Habana Vieja, centro de mayor
afluencia de turismo en la ciudad de La Habana donde el proxenetismo, la
prostitución son sus fieles acompañantes. Ya la droga se ubica en
cualquier reparto o barrio habanero, trayendo lógica preocupación
a sus habitantes y a las autoridades que tienen que enfrentar este flagelo.
Lamentablemente, entre la penetración y la influencia extranjera y
las descargas de narcotraficantes que provienen de sur y centro América
tratando de introducir la droga en los Estados Unidos de Norteamérica,
pero que ante una eventualidad se ven obligados a bombardear su carga en
nuestros mares y recalan en nuestras costas, la drogadicción en Cuba ha
tomado fuerza y manos inescrupulosas se han convertido en proveedores de este
destructivo vicio.
Potencializar su combate es responsabilidad de todos y deber ineludible de
todos los cubanos.
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