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Por Oswaldo de Céspedes, Cooperativa de Periodistas
Independientes
LA HABANA, septiembre - Un segmento más de nuestra tierra para el
disfrute extranjero y uno menos para los nativos. Se multiplica aun más
la discriminación existente en nuestra nación con la apertura del
hotel Meliá Confort Habana, de la empresa mixta Miramar S.A., construida
entre el grupo Cubanacán y varios inversionistas foráneos.
Esta bella instalación aledaña a la costa capitalina en el
reparto Miramar, requirió de una inversión de $35 millones de dólares
y entre sus ofertas cuenta con 420 habitaciones de las que el pueblo de la isla
no podrá disfrutar, a pesar que le corresponde por derecho propio, por
radicar éste dentro de nuestro territorio nacional y estar sedimentado
sobre los hombros y el sacrificio de todo un pueblo.
La gran crítica que inició la incipiente revolución en
el año 1959 sobre la privatización y la exclusividad de
balnearios, clubes y hoteles que discriminaban a los humildes de la tierra,
resurge con la misma espada y con un brazo más vigoroso que decapita la
sensibilidad humana y el derecho que corresponde a los nacidos en esta tierra
antillana.
Es ofensiva la cruel discriminación que se ha implantado en nuestro
país a nombre de necesidades urgentes económicas, cuando la
realidad de su principal causante es la ineficiencia y la inproductividad
socialista sumadas a la desigualdad social existente y cuya exacerbación
ha sido progresiva y alarmante desde hace casi una década, no sólo
por lo impactante sobre la cotidianidad del cubano sino también por la
trascendencia que implica en el permanente batallar de la ciudadanía.
Cuba, lamentablemente, se va convirtiendo poco a poco, palmo a palmo, en una
nación caribeña para turismo extranjero, donde las ofertas
exclusivas se van incrementando a favor del foráneo, y restándole
progresivamente al nativo lo que le corresponde por derecho propio.
En esta andanada de inversiones extranjeras en convenio con el estado
cubano, en la que el pueblo no tiene consenso y mucho menos participación,
este último va perdiendo sus espacios y dependiendo cada día más
de lo que va quedando y sólo atesora a la naturaleza como fiel acompañante,
los mosquitos y demás vectores como desagradables visitantes.
Campismo popular, arrecifes de la costa oeste de la Habana, playas del este,
pero sin hospedaje, y el diente de perro y el peligroso Malecón habanero
son las opciones de que dispone el pueblo capitalino tanto para vacacionar como
para un emocionante fin de semana.
Indudablemente la repartición no es pareja y la balanza se fue de un
solo lado sin percatarse el pesador que el afectado es su propio pueblo.
España perdió su colonia en 1898 y salió de Cuba por el
filo del machete, a escopetazos y cañonazos, pero jamás se conformó
con semejante pérdida, y a partir de la penetración extranjera en
el campo económico y la inversión turística, no ha perdido
un solo instante en ganar terreno, y en vez de bodeguitas y fábricas de
chorizos va sembrando hotelitos por aquí y por allá, volviendo a
restarnos algo de lo que nos pertenece.
Pero lo mejor de todo esto es que ya no somos colonia española ni nos
rige un capitán general, y los cubanos hace mucho tiempo dejamos de usar
boinas y polainas pero además somos capaces de interiorizar nuestra
problemática social, económica y política, y saber
diferenciar entre el que nos ayuda y nos quiere joder.
Galleguito, sabemos que eres gran negociante y que no te gusta perder ni el
hueso del jamón serrano, pero no te olvides que donde estás
fabricando es de todos los cubanos y cuando éstos se disgusten hasta el
hueso te lo quitan de la mano.
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