Septiembre 4, 1998

En el nombre del padre


por Manuel Vázquez Portal, Cooperativa de Periodistas Independientes

LA HABANA, septiembre - El socialismo en Cuba engendró las más grotescas criaturas. Fraudulentos cursos universitarios para la fabricación en serie de profesionales confiables. Calificadores de cargo donde la idoneidad se otorgaba por medio de un carnet del Partido. Delirantes que con una oda al ejército rebelde alcanzaban rango de poetas. Delatores de bares y cantinas, que luego eran condecorados en los aniversarios del MININT. Barberos administrando un central azucarero. Aguerridos campesinos al frente de un organismo nacional.

La fauna más conocida estaba integrada por los digirientes, que de guayabera y barrigón, digerían todo cuanto tocaban. Los conflictivos, que con sus dos únicos dedos de frente no hacían otra cosa que buscarse líos a cada paso. Los militontos, cuya costumbre más relevante era levantar la mano y aplaudir dócilmente.

En el plano intelectual se desarrollaron unos eminentes profesionales en cuyos títulos rezaba: Silenciado en Derecho, Doctor en Ciencias Sociolistas, Poeta Nacional, Histerizador de la Ciudad. Escribanos de noverlas realistas, pero tan realistas que parecían actas de reuniones del Partido y ya se sabe lo realistas que eran estas reuniones. Cruentos que narraban las fabulosas broncas por un televisor ruso en el taller de ensamblaje de televisores y ensayos tan puros que nunca llegaban a ponerse en escena de tan ensayos que eran.

Cuando todos los espacios naturales estuvieron copados comenzaron las mutaciones. Las legítimas esposas se cambiaron por jóvenes compañeras de turno. Los confiables camaradas se permutaron por parientes cercanos. Los sacrificados combatientes fueron designados a peligrosas misiones en París, Londres y Madrid y a los hijos se les brindó un curso acelerado sobre mentología para acumular diplomas y medallas que nadie pusiera en duda a la hora de ser seleccionados para la juerga alta. Los seres de corral, viendo tal estado de prosperidad en los elevados estrados, se transformaron en prósperos merolicos, audaces luchadores, engalanadas jineteras, socarrones oportunistas.

El ecosistema alcanzó así su más mesurado equilibrio. Se vivía con equidad, respeto y tolerancia. Pero aparecieron entonces los disidientes, especie de enemigos internos que hicieron posible el nacimiento de los mitineros y los repudiantes, animalitos de feroz aspecto y acción rápida. El dueño del zoológico se dio cuenta de que en las jaulas estaban apareciendo revolicos nunca vistos y decretó que en el nombre del padre se declarara una ofensiva masiva contra todas las especies nocivas. Y en eso andan todavía enfrascados, pero como Hércules frente a la Hidra, a cada espadazo nuevo nace una cabeza nueva.



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