Septiembre 2, 1998

Vacacionar en Cuba con moneda nacional


Por Santiago Santana, Agencia de Prensa Libre Oriental

SANTIAGO DE CUBA, agosto - Cuba se vende al extranjero como un paraíso tropical, con playas paradisiacas, lujosos hoteles, comidas, frutas y bebidas exóticas, y hermosas mujeres que están prestas para servir al turista con sus encantos naturales. Recientemente, nuestro primer ministro realizó una gira turística, perdón, política y diplomática por las islas fascinantes del Caribe, para congraciarse con los gobiernos de esos pueblos. Anunció y reiteró que Cuba no es un competidor turístico, sino todo lo contrario, un colaborador, un asociado desinteresado, al que preocupa el progreso de la región, y hasta propuso intercambios, brindando las aulas universitarias cubanas a los antillanos, recelosos, con razón, del crecimiento desmesurado de la infraestructura turística de la isla grande.

Sin embargo, aunque parezca paradójico, para la gran mayoría de los cubanos que viven de un salario en moneda nacional es una aspiración inalcanzable en Cuba, es decir, poder hospedarse en una cabaña a la orilla de la playa, degustar de las comidas típicas del país, tomar una cerveza fría, o un trago del buen ron cubano.

El cubano pobre, la gran mayoría, sufre una tremenda discriminación en su propia tierra, frente al extranjero que disfruta de todos los privilegios en la medida en que hace uso del dólar. El sentimiento de frustración, de inferioridad, ha calado hondo en la mentalidad de muchos cubanos, que idealizan por todo eso al extranjero. Esta realidad comienza a crear problemas psicológicos en muchos individuos y, sobre todo, en los niños y adolescentes, que sienten vergüenza por su condición de cubanos, y quisieran ser extranjeros para poder disfrutar de una vida material diferente y tener acceso a los servicios y privilegios del turismo foráneo.

Para los cubanos de abajo, que sufren día a día esta terrible cotidianidad, sólo quedan las playas menos beneficiadas por la naturaleza, o unos pocos ríos perdidos en el monte cubano, sin apenas recursos gastronómicos, y con deficientes medios de transporte que consisten en un camión viejo, americano, reparado, con bancos laterales y en ocasiones con techo de lona o zinc, lo que hace que montar en un camión, atiborrado de gente sudorosa y olores extraños, sea una experiencia nada agradable, sobre todo cuando las personas aspiran a recrearse. El sufrimiento de viajar en esas condiciones de ganado mayor puede ser amortiguado parcialmente por el baño de mar y de sol tropical, pero nunca se alcanza el disfrute pleno, pues el regreso será una desventura igual.

Sin embargo, los turistas van y vienen orondos y alegres en sus autos alquilados en maneda fuerte y libremente convertible. Para un hombre que viva del salario que le paga este gobierno, es imposible poder disfrutar de sus vacaciones. Casi siempre estas familias se quedan todo un mes aburridos en casa, visitando amigos y familiares que nada pueden ofrecerles, sentados en los bancos de los parques, recordando los tiempos pasados y añorando un futuro mejor para sus hijos y nietos.

Sólo los dirigentes, gerentes, empresarios, jineteros y quienes reciben remesas familiares del extranjero pueden gozar de verdaderas vacaciones en el infierno de la Cuba de hoy. Si Dante hubiera conocido la realidad cubana, se hubiera sorprendido por el tremendo contraste entre el paraíso turístico al servicio del dólar y el infierno que sufren los cubanos, por el solo hecho de estar en Cuba y contar sólo con pesos cubanos.



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