|
Por Santiago Santana, Agencia de Prensa Libre Oriental
SANTIAGO DE CUBA, agosto - Cuba se vende al extranjero como un paraíso
tropical, con playas paradisiacas, lujosos hoteles, comidas, frutas y bebidas exóticas,
y hermosas mujeres que están prestas para servir al turista con sus
encantos naturales. Recientemente, nuestro primer ministro realizó una
gira turística, perdón, política y diplomática por
las islas fascinantes del Caribe, para congraciarse con los gobiernos de esos
pueblos. Anunció y reiteró que Cuba no es un competidor turístico,
sino todo lo contrario, un colaborador, un asociado desinteresado, al que
preocupa el progreso de la región, y hasta propuso intercambios,
brindando las aulas universitarias cubanas a los antillanos, recelosos, con razón,
del crecimiento desmesurado de la infraestructura turística de la isla
grande.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, para la gran mayoría
de los cubanos que viven de un salario en moneda nacional es una aspiración
inalcanzable en Cuba, es decir, poder hospedarse en una cabaña a la
orilla de la playa, degustar de las comidas típicas del país,
tomar una cerveza fría, o un trago del buen ron cubano.
El cubano pobre, la gran mayoría, sufre una tremenda discriminación
en su propia tierra, frente al extranjero que disfruta de todos los privilegios
en la medida en que hace uso del dólar. El sentimiento de frustración,
de inferioridad, ha calado hondo en la mentalidad de muchos cubanos, que
idealizan por todo eso al extranjero. Esta realidad comienza a crear problemas
psicológicos en muchos individuos y, sobre todo, en los niños y
adolescentes, que sienten vergüenza por su condición de cubanos, y
quisieran ser extranjeros para poder disfrutar de una vida material diferente y
tener acceso a los servicios y privilegios del turismo foráneo.
Para los cubanos de abajo, que sufren día a día esta terrible
cotidianidad, sólo quedan las playas menos beneficiadas por la
naturaleza, o unos pocos ríos perdidos en el monte cubano, sin apenas
recursos gastronómicos, y con deficientes medios de transporte que
consisten en un camión viejo, americano, reparado, con bancos laterales y
en ocasiones con techo de lona o zinc, lo que hace que montar en un camión,
atiborrado de gente sudorosa y olores extraños, sea una experiencia nada
agradable, sobre todo cuando las personas aspiran a recrearse. El sufrimiento de
viajar en esas condiciones de ganado mayor puede ser amortiguado parcialmente
por el baño de mar y de sol tropical, pero nunca se alcanza el disfrute
pleno, pues el regreso será una desventura igual.
Sin embargo, los turistas van y vienen orondos y alegres en sus autos
alquilados en maneda fuerte y libremente convertible. Para un hombre que viva
del salario que le paga este gobierno, es imposible poder disfrutar de sus
vacaciones. Casi siempre estas familias se quedan todo un mes aburridos en casa,
visitando amigos y familiares que nada pueden ofrecerles, sentados en los bancos
de los parques, recordando los tiempos pasados y añorando un futuro mejor
para sus hijos y nietos.
Sólo los dirigentes, gerentes, empresarios, jineteros y quienes
reciben remesas familiares del extranjero pueden gozar de verdaderas vacaciones
en el infierno de la Cuba de hoy. Si Dante hubiera conocido la realidad cubana,
se hubiera sorprendido por el tremendo contraste entre el paraíso turístico
al servicio del dólar y el infierno que sufren los cubanos, por el solo
hecho de estar en Cuba y contar sólo con pesos cubanos.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores y
autoriza la reproducción de este material informativo, siempre que se le
reconozca como fuente. |