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Por Jesús Zúñiga, Cooperativa de Periodistas
Independientes
LA HABANA, agosto - Margot y Rosa son dos limosneras de la Habana Vieja
unidas en la lucha por el peso. Su táctica es llamar a los turistas,
mediante bromas y jaranas, e intentar sacarles algo con lo que puedan comprar
comida en el cada vez más caro mercado negro. "¿Y la dignidad?",
les pregunto.
Margot, de 59 años, responde: "¿Con el estómago vacío?"
Rosa, de 54 años, morena, gorda, dice: "Lo que me da el gobierno no
me alcanza para comer. Hay mucha hambre. El dólar de los rubios es lo que
vale en el país, donde los extranjeros somos los cubanos".
Las dos mujeres practican lo que en el argot popular llaman "abordaje
caribeño" con tanta finura que pocas veces fracasan en su intento,
según aseguran. Reinaldo, de 58 años, negro, recorre el casco histórico
de la Habana Vieja con un cajón de limpiabotas. Está jubilado con
160 pesos al mes. "Apenas me alcanza para la luz y el agua de mi casa",
comenta, al tiempo que asegura haber conseguido en toda la semana 2 dólares,
los cuales invirtió en comprar una botella de aceite. Además de
este producto básico, el jabón, la carne y la leche sólo
están al alcance de una minoría dolarizada.
El gobierno cubano ha proclamado a los cuatro vientos que uno de sus mayores
logros es la seguridad social, y que los ciudadanos de la tercera edad son los más
protegidos. Sin embargo, la realidad es otra, y es bien distinta.
Lázaro es un ex-profesor de 39 años que cumplió misión
internacionalista en Angola, y ha abandonado el sistema de educación para
dedicarse a taxista particular. "Lo que ganaba no me alcanzaba para nada.
Tengo esposa y dos hijas pequeñas, por eso salí a inventar y
buscarme la vida", manifiesta el botero. "Por un lado nos curan y nos
dan instrucción, y por otro nos matan y vuelven ladrones", dice
cuando le señalo los logros sanitarios y educacionales que el sistema
cubano dice haber conseguido.
A nadie parece importarle el por qué del deterioro económico y
social por que atraviesa la sociedad cubana, y lo que los ha llevado a la
situación en la que se encuentran, pero tampoco consideran al embargo el
culpable de tal situación. Para ellos, los discursos oficiales siempre
dicen lo mismo, y no tienen esperanza de que algo cambie en el país en un
futuro.
La dolarización y las reformas económicas implementadas en la
isla desde hace más de cinco años han dividido a la mayor de las
Antillas en dos Cubas: la de las inversiones extranjeras y el turismo, y la otra
Cuba, la que únicamente dispone de pesos y se muere de hambre.
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