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El País, Jueves 29 de octubre
Será investido doctor 'honoris causa' por una universidad cubana
MAURICIO VICENT, La Habana
El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, inició ayer un
viaje a Cuba -de gran valor sentimental para él, ya que es hijo de
emigrantes a la isla y vivió en ella-, México y Guatemala que se
prolongará hasta el 8 de noviembre y con el que pretende mejorar las
relaciones económicas entre su comunidad y esos países. Aparte de
sus encuentros con dirigentes, Fraga será investido doctor honoris causa
por la Universidad de Oriente, en Cuba, y recibirá la Orden guatemalteca
de Quetzal.
A principios de 1983, el embajador de Cuba en España, Óscar
García, hizo una difícil visita de cortesía a Manuel Fraga
en su despacho de la madrileña calle de Génova, sede entonces de
Alianza Popular. Acababa de ganar el PSOE sus primeras elecciones y a García,
nombrado hacía poco, le habían advertido que Fraga era un hombre
de carácter.
"Después de las frases normales de cortesía",
recuerda García, "de pronto, seco y fuera de contexto, Fraga me soltó:
'Bueno, embajador, usted sabe que mis criterios son radicalmente opuestos a los
de su Gobierno". García le respondió que a él le
pasaba igual, y siguieron conversando como si nada. "Me contó",
prosigue, "que había vivido en el pueblo cubano de Manatí en
su niñez. Se acordaba hasta de los nombres de los bueyes. Y me dijo que
no quería morirse sin volver a aquellos lugares".
Fraga volvió por primera vez a Cuba en septiembre de 1991. Lo hizo
como presidente de la Xunta de Galicia, sin importarle el contexto internacional
-acababa de derrumbarse el campo socialista-, ni las tensiones que en aquellos
momentos vivían los Gobiernos de Felipe González y Fidel Castro,
ni tampoco las opiniones contrarias dentro de su propio partido. Desde el primer
momento, dejó atrás la política y volvió a Cuba como
un hijo de indiano que regresa a pagar una deuda de gratitud con la tierra en la
que sus padres prosperaron.
Durante el viaje, Fraga y Castro se trataron como dos viejos gallegos que se
encuentran después de muchos años sin verse. Se hicieron amigos.
O, mejor dicho, recuperaron una vieja amistad. El hijo del emigrante Manuel
Fraga Bello y el de Ángel María Castro sellaron su pacto al margen
de la ideología durante una romería en la que comieron juntos
pulpo a la gallega, empanada y lacón con grelos. Fraga hizo una queimada.
Castro le correspondió tocándolo, abrazándolo, acompañándolo
y llamándolo "compañero Fraga" ante el estupor
generalizado en España, donde el político gallego fue bautizado
como el "último rojo".
Castro también preparó a Fraga en aquella ocasión un
reencuentro con su pasado en Manatí. En esta localidad oriental los
padres de Fraga se conocieron y vivieron varios años hasta comienzos de
los 20. Manuel Fraga Bello tenía un quiosco a las puertas de la central
azucarera, en la que María Iribarne trabajaba a las ordenes del marqués
de San Miguel de Aguayo, el administrador. Poco después de regresar a
Galicia, Fraga nació en Villalba el 23 de noviembre de 1922, pero la
familia volvió enseguida a Cuba.
En el viaje que realizó en 1991, Fraga comió en su antigua
casa, se meció en el columpio de su niñez, visitó la casa
del marqués y llevó flores al cementerio, donde tiene enterrados a
un tío y varios primos. El mismo ritual seguirá Fraga en el viaje
que comenzó ayer. En él será además galardonado con
el título de doctor honoris causa por la Universidad de Oriente y
declarado huésped ilustre de Santiago de Cuba.
Para las autoridades cubanas, la vuelta del "compañero Fraga"
no es la de un simple presidente de una comunidad española. "Fraga
ocupa un lugar especial, independientemente de las convicciones políticas.
Él tuvo el valor de viajar a nuestro país recién acontecido
el desplome del campo socialista y viajó con un espíritu abierto,
con una actitud amistosa y de permanente crítica al bloqueo
norteamericano, y eso no lo olvidamos", dice el vicepresidente cubano, José
Ramón Fernández.
Para que no se olviden de él en este viaje, Fraga ha pedido en esta
ocasión a las autoridades cubanas que le permitan traer 13 toneladas de
alimentos, que la Xunta repartirá directamente como ayuda humanitaria
entre los 3.000 gallegos que quedan en la isla. El domingo se realizará
una gran romería en los jardines de la Tropical, en la que se cocinarán
800 kilos de pulpo y se dará cuenta de 1.000 empanadas importadas de
Galicia. Y, en ese ambiente, Fraga y Castro podrán exclamar otra vez, con
la ideología bien aparcada, ese grito ritual gallego que dice: "Manda
carallo na Habana". |