CUBANET

Noviembre 23, 1998

Un libro denuncia la película "Fresa y chocolate" como una manipulación castrista


Justo Barranco
La Vanguardia, 98.11.23

Roger Salas rompe su silencio para contar en el libro "Ahora que me voy" el episodio de su vida que inspiró y fue maquillado por la célebre película de Tomás Gutiérrez Alea y Jorge Perugorría

"La película está hecha por el régimen de Castro para demostrar que hoy hay libertad en Cuba> para los homosexuales", dice Salas

BARCELONA. -- Roger Salas presenta "Ahora que me voy", colección de relatos con la que denuncia la manipulación política de la película "Fresa y chocolate", inspirada en su vida.

Como sucede frecuentemente en la vida, un mismo hecho ha dado lugar a interpretaciones muy diferentes. Esas diferencias se han acrecentado porque el hecho ha sido filtrado por el tamiz de la imaginación para incorporarse a un relato. Y han devenido enormes cuando el relato ha llegado a la gran pantalla. Por este proceso ha transitado una parte de la vida del cubano Roger Salas (Holguín, 1948), desde hace años crítico de danza y ballet del diario "El País" y aposentado en Madrid. Un intervalo de su peripecia vital originó nada menos que el mayor éxito del cine cubano en décadas: "Fresa y chocolate". Estos días Salas presenta "Ahora que me voy" (Libros del Alma), trece relatos que de alguna manera representan su réplica, tras años de silencio, a lo que considera un filme "manipulado políticamente".

La película del fallecido Tomás Gutiérrez Alea tomó como punto de partida el relato "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", escrito por Senel Paz. "Originalmente el relato, que es muy respetable, está inspirado en mi último año en <Cuba>, aunque no es exactamente fiel", asegura Salas. "Pero luego vino la película, una infamia", denuncia tajante. El escritor explica que su casa, su imagen, su trabajo y hasta las actividades que realizaba "fueron pirateadas para la película, como ha reconocido el propio Jorge Perugorría (el actor que recrea sus vivencias en 'Fresa y Chocolate')". Aun así, a Salas no le importa en absoluto que hayan utilizado su vida en el filme, pero se siente "muy molesto" cuando ve la manipulación política que se ha hecho de ella.

Según Salas, "la película está hecha por el régimen de Castro para demostrar que hoy hay libertad en <Cuba> para los homosexuales y de paso alentar al turismo sexual diciendo que allí se puede hacer de todo". La realidad para él es muy otra. Recuerda los sidatorios y las cárceles exclusivas para homosexuales en las que fue recluido en dos ocasiones, una de ellas por un año. "Las dictaduras suelen tener víctimas propiciatorias y el régimen castrista tiene una especie de predilección por las mariquitas", lamenta, y recuerda las miserables condiciones que padeció. "El que diga que no hay desaparecidos en <Cuba> miente, lo que pasa es que aquí --España-- hay mucho fidelista y se dice que allí no ha pasado nada." A su condición de homosexual se añadía además la de disidente, aunque según él bastaba para ello con ser, por ejemplo, católico o judío.

Roger Salas cuenta amargamente que allí le quemaron "desde el bolígrafo Bic al manuscrito". Aun así, pudo llevarse, al marcharse de <Cuba, algunas historias que, reelaboradas durante casi dos décadas, forman hoy parte de "Ahora que me voy", un libro en el que narra historias de la isla y de la "emigración". El relato central se titula satíricamente "Helados de pasión", y lo ha acompañado de un subtítulo no menos ácido: "El cordero, la lluvia y el hombre desnudo". En él se puede releer "Fresa y chocolate" desde una perspectiva mucho menos amable, convertido el joven revolucionario idealista en un chivato del régimen de Castro, un régimen en el que el espionaje y la delación son omnipresentes según el escrito.

Pese a todo, Salas cuenta que este libro era "un ejercicio literario, un divertimento" y que no ha querido polemizar demasiado, aunque escribir se había convertido para él en "una urgencia moral". Divertimento, claro, no quiere decir obligatoriamente divertido, porque reconoce que "el libro tiene una parte de risa, pero es de mucho llorar, se endurece progresivamente". Eso sí, hace especial hincapié en que no se encasille como un libro gay, porque ni todos los relatos tratan el tema ni le parece interesante clasificar la literatura como "de mariquitas, de panaderos o de budistas".




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