Mayo 4, 1998

Cuba hizo purga contra académicos


Pablo Alfonso
Redactor de El Nuevo Herald
4 de mayo

Los "intolerantes y ortodoxos" del Partido Comunista de Cuba emprendieron hace dos años una ofensiva contra académicos reformistas del Centro de Estudios de América (CEA) que culminó con la "reubicación" de todos en otros puestos de trabajo.

FRAGMENTOS DE ALGUNOS DE LOS DOCUMENTOS CONTENIDOS EN EL LIBRO "EL CASO CEA", DEL ITALIANO MAURIZIO GIULIANO

· Informe del CEA sobre las críticas formuladas por Raúl Castro.

``Consideramos como profundamente injustos y desproporcionados los planteamientos críticos, explícitos o implícitos, sobre la actividad de nuestro centro y sobre las supuestas conductas de algunos de nuestros compañeros''.

· Reunión de la comisión investigadora del Comité Central con académicos del CEA.

Teniente coronel del Ministerio del Interior Rolando Alfonso, investigador:

``No veo en el documento [del CEA] que se vea reflejado ni un sólo análisis autocrítico, tal pareciera que este centro es un dechado de virtudes''.

``[Los académicos del CEA] han expuesto en cuanta tribuna extranjera se ha abierto, en la prensa, y no sólo en la extranjera, también en la nacional, sus posiciones que difieren de las posiciones del Partido''.

``A la prensa norteamericana le encanta vincular las discrepancias de nuestros especialistas con la política oficial. El Miami Herald, por ejemplo, en el año 1995 tiene 14 alusiones al CEA y a [Julio] Carranza y a [Pedro] Monreal, a Rafael [Hernández] y eso se utiliza por el enemigo''.

José Ramón Balaguer, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba:

``Me parece justo lo planteado por Alfonso; me hubiera gustado que el documento de ustedes analizara con detalle las críticas que se les hicieron''.

Darío Machado, interventor del Comité Central en el CEA:

``Yo siempre he tenido un criterio de Partido y pienso que, para que como científicos seamos creíbles, no es necesario ser ninguna ONG [Organización No Gubernamental]''.

Julio Carranza, académico:

``A mi juicio, lo fundamental de esta discusión es que la suma de las cuestiones que aquí se nos han señalado no nos conduce a pensar que somos quintacolumnistas [...] y por eso no podemos asumir autocríticamente los criterios y calificativos que se desprenden del Informe del Buró Político''.

Haroldo Dilla, académico:

``Sí veo saludable que en sus estudios los compañeros planteen alternativas y soluciones de las ciencias sociales a cuestiones específicas que hay que resolver [...] También es falso que utilicemos cuanta tribuna hay, sólo hemos estado en aquéllas que los académicos y los políticos de nuestro país nos han solicitado''.

Luis Suárez, director del CEA:

``[Rolando] Alfonso se refirió a imágenes y Darío [Machado] también las mencionó, pero si de imagen se trata, la imagen que se ha creado de este centro a partir de la publicación del Informe del Buró Político es que este centro es un antro de disidencia y me pregunto si eso es válido y eso es justo''.

Rolando Alfonso:

``Aquí no estamos discutiendo el Informe del Buró Político para modificarlo porque ya ése es un documento aprobado, lo que tenemos que discutir es, a la luz de ese documento, los errores en los que ustedes han incurrido''.

Académicos cubanos reformistas que hace dos años fueron objeto de un oscuro proceso que concluyó con la pérdida de sus trabajos en el Centro de Estudios de América (CEA), expresaron a El Nuevo Herald que todo fue en realidad una purga ideológica alentada por los elementos más ``intolerantes y ortodoxos'' del gobierno y el Partido Comunista de Cuba, que puso fin a un incipiente proceso de apertura política.

``Las propuestas de reformas económicas planteadas por el CEA, aun dentro del esquema socialista, chocaban con los criterios de la dirección política del país'', dijo un académico de ese organismo que pidió no ser identificado. ``La aprobación de la Ley Helms-Burton, en Estados Unidos, contribuyó a reforzar a `los duros' y les sirvió de pretexto para eliminarnos''.

A diferencia de otros procesos seguidos por el Partido contra elementos disidentes en años anteriores, los reformistas del CEA no fueron castigados con la prisión, la persecución política o la expulsión de las filas del Partido, al que casi todos pertenecían. En este caso, las sanciones se limitaron a la reubicación en diferentes ministerios y empresas del Estado.

``Sin duda, la mayoría de ellos eran y son comunistas'', dijo María Cristina Herrera, directora del Instituto de Estudios Cubanos con sede en Miami.

Herrera, que durante años ha mantenido relaciones institucionales con académicos cubanos y, en particular, con los miembros del CEA, dijo que la forma en que se condujo el proceso contra ese grupo de reformistas ``es uno de los misterios de la compleja problemática cubana actual''.

``Si no fueron castigados más no fue por una actitud tolerante del gobierno, sino porque ellos contaban con mucho apoyo interno'', afirmó Herrera.

El golpe final contra los reformistas se produjo en marzo de 1996 cuando Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas y segunda figura de la jerarquía cubana, presentó el informe al V Pleno del Comité Central del Partido.

Castro acusó a académicos del CEA de caer ``en la tela de araña urdida por cubanólogos extranjeros'', a quienes calificó de ``servidores de Estados Unidos en su política de fomentar el quintacolumnismo'' en las filas revolucionarias.

A partir de ese momento, se nombró una comisión investigadora del Departamento Ideológico del Partido que prácticamente intervino las operaciones del CEA, e interrogó durante nueve meses a sus principales miembros y dirigentes.

La comisión fue presidida por el miembro del Buró Político José Ramón Balaguer, e integrada además por el teniente coronel del Ministerio del Interior Rolando Alfonso Borges, y Amado Soto, funcionario del Comité Central a cargo de asuntos culturales y de contrainteligencia.

Fundado como un organismo adscrito al Departamento América del Comité Central del Partido, dirigido por el desaparecido Manuel Piñeiro, el CEA se especializó en estudios socioeconómicos que servían como evaluación de inteligencia a los planes subversivos del castrismo en la región.

Sin embargo, tras el derrumbe del comunismo europeo y la desaparición de la Unión Soviética, el CEA comenzó a incursionar cada vez más en la realidad política y económica nacional, elaborando propuestas que permitieran al país afrontar la crisis causada por la desaparición del campo socialista.

``La objetividad y disciplina académica de nuestras propuestas, aplicada a la realidad nacional, nos convirtió sin proponérnoslo en una alternativa a la política oficial que apuntaba en una dirección diferente'', comentó la fuente. ``Pero la gota que colmó la copa fue la propuesta para permitir a cubanos en el país ser propietarios de pequeñas y medianas empresas''.

Convertida en un proyecto de ley que debía analizar la Asamblea Nacional del Poder Popular, la propuesta alentada por el ministro de Economía José Luis Rodríguez y el miembro del Buró Político Carlos Lage fue archivada desde entonces.

El propio Lage, la máxima autoridad económica de la isla, se encargó de desalentar el proyecto de ley cuando declaró recientemente a la prensa que no había condiciones en el futuro inmediato para su aprobación.

Economistas como Julio Carranza y Pedro Monreal, y especialistas en Ciencias Sociales y Políticas como Juan Valdés, Rafael Hernández, Haroldo Dilla y Aurelio Alonso, entre otros, gozaron del reconocimiento de ministros y otros altos dirigentes del gobierno por sus evaluaciones y recomendaciones.

Entre esos trabajos sobre la situación interna figuran:

  • Reuniones y seminarios con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y su secretario general, Pedro Ross, para analizar la Ley de Inversión Extranjera y redactar tesis finales del Congreso de la CTC.
  • Seminarios de alto nivel sobre el funcionamiento de los consejos populares, solicitado por Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
  • Organización de talleres y seminarios de estudios sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos, encargados por el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central, y por Roberto Robaina, ministro de Relaciones Exteriores.

En el campo de las publicaciones, el CEA comenzó también a incursionar en problemas internos a través de revistas de contenido político-ideológico como Cuadernos de Nuestra América, que hasta entonces abordaba principalmente asuntos del hemisferio.

Por esa época Rafael Hernández, uno de los académicos mas prestigiosos del CEA, comenzó a dirigir la recién fundada revista Temas, del Ministerio de Cultura, que publicó artículos y ensayos de académicos cubanos exiliados e incluso dedicó un número especial al tema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Cuba.

Temas fue una de las publicaciones cuestionadas por el comité del Partido que investigó y juzgó a los académicos del CEA, pero corrió mejor suerte que Cuadernos de Nuestra América, cuya publicación está congelada.

Maurizio Giuliano, un académico italiano autor de un libro que será publicado en las próximas semanas titulado El caso CEA: intelectuales e inquisidores en Cuba, coincide en que los académicos del CEA habían acumulado suficiente prestigio en el exterior y reconocimiento dentro de la isla.

``Sin duda, a pesar de ser personas que cayeron en desgracia, acusadas por el Departamento Ideológico del Partido, no corrieron la suerte de otros colegas suyos en otros tiempos porque tenían apoyo en esferas más altas del gobierno'', dijo Giuliano.

Como ejemplo de intelectuales que cruzaron la línea partidista y no contaban con la protección de importantes figuras, Giuliano citó los casos de las profesoras de la Universidad de La Habana, Gloria León y Miriam Grass, quienes por esa misma época fueron expulsadas del Partido y perdieron sus trabajos por expresar opiniones diferentes a la política oficial.

Giuliano estuvo en Cuba por primera vez en 1993, y a partir de entonces viajó allí en varias ocasiones como investigador social. Su viaje más reciente fue hace apenas una semana.

``No encontré reacciones adversas en mi contra entre los funcionarios oficiales que pude ver'', dijo Giuliano, quien logró sacar de la isla las actas secretas del proceso contra el CEA, con los interrogatorios de la comisión y otros documentos. ``Sin embargo, algunos antiguos académicos del CEA, que han oído hablar de mi libro en preparación, no quisieron mantener ningún contacto conmigo''.

En diciembre de 1997 varios académicos del CEA dijeron a El Nuevo Herald en La Habana que ellos no contactaron a Giuliano para que divulgara en el exterior la documentación relacionada con el caso, y mucho menos para la publicación de un libro.

``Sería estúpido. Después de que nos acusaron de ser contrarrevolucionarios precisamente por eso, que ahora fuéramos a darle la razón a Balaguer entregando en el exterior la documentación sobre el caso'', dijo uno de los académicos.

Otro investigador agregó que si bien la forma como fue discutido todo el asunto jamás implicó que trascendiera públicamente, la documentación en sí consiste únicamente en material de trabajo y discusión, en ciertas ocasiones difícil de entender para quien no esté inmerso en la problemática cubana.

``Probablemente el libro nos traiga implicaciones políticas a nosotros, pero de aquí no salió. No sé de donde salió. Es más, ni me interesa quién se lo dio'', agregó el investigador, que al igual que otros colegas suyos del CEA se encuentra trabajando en otra dependencia del estado.

Matías Travieso, especialista en asuntos cubanos que trabaja para una firma de abogados en Washington, D.C., dijo que el proceso contra los académicos reformistas del CEA ``demuestra cómo opera un régimen totalitario como el de Fidel Castro''.

``Reprime hasta sus propios miembros que se atreven a expresar honestamente un pensamiento independiente de la línea oficial'', subrayó Travieso, quien a través de la firma legal para la que trabaja organizó hace algunos años varios seminarios sobre la situación económica de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos, en los que participaron miembros del CEA.

``Parte de las acusaciones que les hicieron fue tomar parte en estos seminarios junto a otros académicos cubanos exiliados y participar en publicaciones conjuntas'', afirmó Travieso.


El reportero de El Nuevo Herald Rui Ferreira contribuyó a esta información.


Copyright © 1998 El Nuevo Herald




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