|
Por Lucas Garve, APIC
LA HABANA,
marzo - El trío es un formato musical que se puso de moda a fines de los
años 20 en Cuba. Constituyó una estructura esencial para la difusión
de la música cubana en el exterior. Fue el trío el verdadero
embajador del son en otras latitudes. "Aunque quiera olvidarte, ha de ser
imposible", dice la canción "Olvido", que en las voces del
eterno Trío Matamoros recorrió no sólo el hemisferio
occidental, aunque eso lo ganó en la mundialmente aplaudida "Lágrimas
negras".
Matamoros, con su llegada a La Habana en 1926, decidió la suerte
musical de los tríos. En 1928, junto con Siro y Cueto, Miguel Matamoros
agregó su voz para grabar un disco para la RCA Victor de Nueva York y aquí
comienza la historia. Entre 1926 hasta 1940, fue la época dorada de los
tríos en Cuba. De los cafés y tertulias de Santiago de Cuba, donde
cantaban los trovadores, salió el saber y hacer de los tríos.
Luego en La Habana se formarían otros, hasta femeninos, como el de las
hermanas Lago, quienes lograron el mejor empaste de voces de todos los tríos
escuchados.
En los Matamoros hallaron sus fuentes los legendarios Los Panchos, aunque en
su quehacer fueron diferentes, porque usaron tres guitarras en vez de dos
guitarras y clave y maracas como los Matamoros. Desde entonces los tríos
cubanos se dividieron en dos líneas o vertientes: seguidores de Matamoros
o seguidores de Los Panchos, eran éstos perfectos instrumentistas.
Hoy en Cuba afirman que hay más de 250 tríos, pero no han
corrido la suerte de sus antecesores. Muy poca difusión han tenido en la
radio y mucho menos en la televisión. Los últimos 20 años sí
han constituido para los tríos cubanos mucho más que nada.
Sencillamente el público los ha prácticamente olvidado.
Mas, ¿cambió tanto el gusto del pueblo cubano en estos años?
Creo que no tanto, pero hay nuevas generaciones que han recibido un mensaje
musical y solamente se difunde música hecha por orquesta, la salsa,
tantas veces insípida, o solistas, además de contar con la difusión
de la música foránea. Los tríos, por razones económicas
por una parte, y por ceguera cultural por la otra, quedaron confinados a centros
pequeños, como restaurantes, bares, pequeños night clubs, donde
hacen sus canciones para entretener a los comensales o a los bebedores de un
bar. Claro, no están lejos de sus orígenes. Sin embargo, allí
no se les conoce, porque en la era de la masividad de la media la presencia en
la pantalla chica o en la grande es primordial. Si no, mire lo que ha ocurrido
con los Zafiros después de su película.
Mucha y buena culpa la tuvo paradójicamente el turismo, pues con el
revivir de los hoteles en la carrera por la rentabilidad, prefirieron los
gerentes hacerse de equipos de reproducción de música y de un disc
jockey, por ser más rentable que contratar a un trío. Así
es que rentabilidad y prejuicios atentaron contra la propagandización en
Cuba de la música hecha por tríos, la que sin embargo en otras
partes del mundo está siendo muy apreciada, por la vuelta en boga de la música
acústica, en lugar de los super-decibeles de la electrónica.
Esperemos que algunos recobren el juicio y la razón y los tríos
vuelvan a ser los que nos acompañen a la hora de un romance. |