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Por Manuel Vázquez Portal, Cooperativa de Periodistas
Independientes
LA HABANA, julio - Frente a la pérdida, frente a la falta de proyección
de futuro, frente a la ausencia de planes que hagan legítima la presencia
de un gobierno de emergencia, como pudo haberlo sido a partir de 1959 y con el
objetivo de devolver la constitucionalidad burlada por el golpe militar del 10
de marzo de 1952, la dirección del régimen cubano apela
excesivamente al pasado, olvidando que ellos mismos representan un pasado ya
lejano.
Se vuelve una y otra vez a los antiguos proyectos de un movimiento que, si
bien desempeñó con algunos aciertos su papel, hace más de
tres décadas representa un lastre para la evolución económica
y por ende política del país. Los niños que nacieron cuando
el asalto del Cuartel Moncada tienen hoy 45 años y han oído
durante 40 el mismo repique de la misma campana: el problema de la tierra, el
problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema
del desempleo, el problema de la educación, el problema de la salud del
pueblo.
Un gobierno constitucional cubano contaba para resolver los problemas del país
de un periodo de cuatro a ocho años en caso de reelección y los
solucionara o no, el pueblo tenía el derecho a deponerlo terminado el
tiempo de mandato. El actual gobierno cubano ha necesitado de diez periodos
presidenciales, cinco en caso de reelecciones, para satisfacer aquellas demandas
que proponía el programa del Moncada y aún se echa mano de ellos
para justificar su presencia en el poder.
¿Cuántos periodos presidenciales más necesitará el
Partido Comunista de Cuba para resolver, no aquellos viejos problemas, sino los
nuevos, los que se han ido acumulando durante tan largo mandato?
De 1959 a acá han aparecido en la realidad cubana problemas que el
mundo moderno impone como necesidades insoslayables. ¿Cómo se
resolverá en Cuba el problema de su enorme deuda externa? ¿Cómo
se resolverá el problema de las fuentes no renovables de energía? ¿Cómo
se resolverá el problema de la alimentación de una población
que ha crecido en dos veces la cantidad que había en la década del
50? ¿Cómo se resolverá el problema de la vastísima
comunidad cubana en el extranjero? ¿Cómo se resolverá el
problema de la despoblación rural a consecuencia de una incontrolada, más
bien estimulada, emigración hacia las ciudades? ¿Cómo se
resolverá el problema de la recalificación de obreros, técnicos
y profesionales para enfrentar una realidad tecnológica que desconocen
debido al aislamiento padecido por cuatro décadas? ¿Cómo se
resolverá el problema de la disciplina laboral aberrada por relaciones
productivas evidentemente inoperantes? ¿Cómo se resolverá el
problema de la modernización de la industria nacional? ¿Cómo
se resolverá el problema de unas fuerzas armadas hipertrofiadas hasta el
delirio? ¿Cómo se resolverá el problema de la reanimación
agrícola en un país devastado por el monocultivo y las zafras
espectaculares fallidas, teniendo en cuenta los desastres climatológicos
que ya se avizoran como resultado del descontrol ecológico? ¿Cómo
se resolverá el problema que ocasiona el subdesarrollo en que se mantiene
aún el país en relación con el mundo desarrollado?
¿Seguirá siendo el programa del Moncada el rasero con que se
medirá el desarrollo nacional? ¿No están demasiado distantes
aquellas calamidades como para compararlas con las calamidades actuales? ¿Es
acaso la población cubana actual la misma de aquellos años? ¿Es
acaso el umbral de aspiraciones del pueblo de hoy igual al de la población
de 1950? ¿Se ha detenido acaso el mundo en otras partes como para que Cuba
siga aspirando a lo aspiraba entonces?
¿Cómo se resolverá el problema de la elevación del
producto interno bruto en un país que no cuenta con grandes fuentes
naturales para el desarrollo? ¿Cómo se resolverá el problema
de la estimulación de las fuerzas productivas en un país sumido en
pobreza tal que aún paga a sus asalariados con una moneda que es un
verdadero token local? ¿Cómo se resolverá el problema de una
industria ligera que satisfaga las necesidades de un pueblo que vive aún
sin muebles, sin toallas, sin equipos electrodomésticos, que no provengan
del extranjero?
La respuesta parece ser bien simple: Después de mí, el
diluvio.
Y sería bueno, ya que se acude tanto al pasado, recordar también
aquellas palabras del doctor Fidel Castro en su alegato por los sucesos del 26
de julio y que dicen textualmente:
"Os voy a referir una historia. Había una vez una república.
Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades, presidente,
congreso, tribunales. Todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y
escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero
el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para
hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y
todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había
partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos
de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el
entusiasmo".
El problema de la tierra se resolvió mediante una reforma agraria que
puso en manos del estado todo el territorio nacional y creó un nuevo tipo
de arrendatarios. Los cooperativistas bajo la vigilante atención de la
ANAP y la producción decreció hasta el olvido de las tradiciones
agrícolas.
El problema de la industrialización se resolvió cambiándole
el nombre al Central Faya por el de Camilo Cienfuegos y a los jabones que se
producían en Sabatés, por Nácar y Batey y entregarlo por
una cartilla de racionamiento una vez al mes a la población. Y hablando
de planes quinquenales y desarrollo a largo plazo que dejaron, para suerte de la
irresponsabilidad nacional, inconclusa la planta nuclear de Juraguá.
El problema de la vivienda se resolvió por medio de una reforma
urbana que despojó a los dueños de los inmuebles, confiscó
sus bienes a los que partieron al exilio y a medida que fue creciendo la población,
de 6 millones a 11 de habitantes, con modelos de la más chata e
infuncional arquitectura se fabricaron barrios obreros donde aún no caben
todos los necesitados y que carecen de redes exteriores que garanticen el buen
funcionamiento de alcantarillados, acueductos, así como redes culturales
y comerciales que satisfagan las necesidades de los hacinados barrios.
El problema del desempleo se resolvió inflando desmesuradamente las
plantillas. Donde hacía falta un trabajador se empleaban seis, porque
como habían crecido tanto las fuentes de trabajo debido a la gran
industrialización nadie, quedó sin un puesto de trabajo. El
problema de la educación se resolvió creando un sistema único
centralizado, doctrinal, donde las letras servían sólo para leer a
Carlos Marx y escribir "Con la Revolución todo, contra la Revolución
nada".
El problema de la salud se resolvió también de manera que
jugara un importantísimo papel político. Había que probar
que el proyecto del Moncada era un éxito. A cambio de ello estuvimos sin
constitución hasta 1976. Los poderes político, administrativo y
judicial se concentraron en un pequeño grupo de poder y sin independencia
uno del otro. La posibilidad de reunirse, asociarse, hablar y escribir con
entera libertad pasó a ser un retozo de reuniones en los CDR, asambleas
de Producción y Servicio y congresos, muchos congresos. La opinión
pública pasó a ser una instancia del partido para dirigir todos
los órganos de prensa, por supuesto propiedad del estado. Los partidos
políticos fueron una entelequia. Los actos públicos,
concentraciones en La Plaza y los programas de radio y televisión apologías
dictadas desde el Comité Central.
El programa del Moncada había triunfado. Con la solidaria y
desinteresada ayudita de la Unión Soviética y el campo socialista
el país florecía, aunque la libreta de abastecimiento se
mantuviera. Mijail Gorbachov aguó la sopa, y los problemas que se habían
resuelto afloraron. Los cientos de kilómetros de carreteras empezaron a
verse vacías, sin transporte ni nada que transportar. Las escuelas en el
campo empezaron a destruirse. Los hospitales empezaron a quedarse hasta sin sábanas.
Los más de quince aeropuertos empezaron a recibir turistas de todas las
latitudes y con ellos los más selectos vicios del mundo. Las mansiones
que una vez usaron los becados volvieron a ser residencias deslumbrantes. Los
cientos de presas no sirvieron para estimular una agricultura desfallecida, que
de 7 millones toneladas de azúcar producidas en 1952 cayó en el
desmayo de 3 millones de toneladas en la última zafra. Ni tuvieron aunque
fuera tilapias para evadir el picadillo con soya.
Los cientos de profesionales empezaron a escapar en bacinillas con vela
hacia donde el mar los llevara o dedicarse a trabajos por cuenta propia. La
prostitución, la mendicidad y la indisciplina social reaparecieron con
fuerza avasalladora. El desencanto de los más ortodoxos invadió
las calles, y se les vio partir hacia un exilio rosadito y descomprometido,
cuando no cayeron en un desaliento taciturno y agazapado. La dolarización
nacional y las necesarias concesiones hicieron resurgir los olvidados rezagos
del pasado, y más de un pundonoroso ha perdido la cabeza con el titileo
de la moneda del enemigo.
Los reajustes de plantilla, los enviados a sus casas con un por ciento de su
salario por un breve tiempo hasta que se propiciara otro empleo o perdieran el
derecho al por ciento, fue un recurso para evadir los despidos masivos que
hubiera producido la tal crisis. La deserción de los maestros de sus
aulas para instalarse en el rutilante mundo del turismo dejó mucho que
desear en el resuelto problema de la educación, y el consumo de psicofármacos,
mariguana y otros estupefacientes por parte de los jóvenes, así
como su acendrado afán de abandonar el país dan cuenta de una
filiación incondicional a las "tradiciones de la patria".
En los angustiosos ocho años de "heroica resistencia del digno
pueblo cubano", tiempo que hubiera dado tiempo a varios presidentes para
renunciar frente a la imposibilidad de resolver el problema económico
nacional se ha redestapado la muy custodiada caja de Pandora. Todo lo que en
ella se guardaba celosamente ha aflorado.
Veremos si anda por ahí aquella república que tenía
Constitución, leyes, libertades, donde todo el mundo podía
reunirse, asociarse y hablar y escribir con entera libertad.
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