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PABLO ALFONSO Publicado el domingo, 19 de julio de 1998 en El Nuevo
Herald
San José, Costa Rica -- Elizabeth Trujillo Izquierdo salió
caminando lentamente de la iglesia y atravesó la calle sin percatarse del
automóvil que estacionó de pronto a su lado. Los tres hombres que
se bajaron del vehículo forcejearon con ella y, en medio de empujones y
golpes, intentaron meterla a la fuerza dentro del pequeño Toyota blanco
que se mantenía con el motor en marcha. ``Me defendí como pude y
utilicé todo el repertorio de gritos y palabrotas que en esos casos
usamos los cubanos'', dijo Trujillo en una entrevista concedida a El Nuevo
Herald en un lugar secreto de Costa Rica donde se refugió después
del fallido intento de secuestro.
Un exitoso hombre de negocios, de origen cubano, residente en Costa Rica, la
mantiene bajo su protección en un lugar seguro. El mismo la llevó
al hospital Méjico, en San José, para que fuera atendida de los
golpes recibidos en el intento de secuestro.
``El médico dijo que hiciéramos la denuncia en la policía,
pero yo no podía hacer eso porque estoy aquí sin conocimiento de
las autoridades costarricenses'', afirmó Trujillo. Explicó que en
los primeros días de su llegada a Costa Rica consiguió ayuda de
una monja de las Hermanas de la Caridad. El Nuevo Herald habló con la
monja que confirmó esa versión pero pidió que no la
identificaran.
El Nuevo Herald tiene grabado más de una hora de conversación
con Trujillo, y apuntes de otras dos breves entrevistas personales y telefónicas.
La mayor parte de su información relativa a su identidad ha sido
comprobada mediante la presentación de sus títulos universitarios,
pasaporte y carnet de identidad cubanos.
Trujillo, una cirujana vinculada a importantes figuras del régimen
castrista, había escapado de Cuba hacia Costa Rica en abril, y hasta esa
tarde del 20 de junio de 1998 tenía intención de mantener en
secreto su presencia en territorio tico y permanecer alejada de la prensa.
``Lo estoy haciendo como una forma de protección para mí y mi
esposo, que también desertó en Brasil junto a otros tres médicos
desde abril y están también ocultos'', afirmó.
Su esposo, Félix A. Ochoa Cabrera, de 56 años, es hermano
paterno del general de división Arnaldo Ochoa, fusilado por Castro en
1989. Las autoridades presentaron acusaciones de narcotráfico en el caso
Ochoa, pero analistas y ex militares cubanos consideran que el proceso tenía
motivaciones políticas. Ochoa Cabrera desertó en Brasil en abril
junto a otros tres especialistas que trabajaron en el desarrollo de una vacuna
cubana contra el virus del sida, según Trujillo.
Trujillo es hija de Isabel Izquierdo, conocida como La Gallega, quien fue
secretaria personal de Castro durante más de 30 años y se retiró
en 1992. Su tío, Gerardo Trujillo Yánez, conocido como Manito, es
el jefe de la escolta de Castro, su hombre de confianza desde los días de
la Sierra Maestra, y quien aparece junto a él, como su sombra, en todas
las actividades públicas, portando siempre un enigmático maletín
metálico.
``No, de verdad que no sé lo que lleva en ese maletín'', dijo
Trujillo con una sonrisa evasiva.
Cuando escapó de Cuba, Trujillo trabajaba como cirujana del Centro de
Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ). El viernes, El Nuevo
Herald llamó al departamento de cirugía del CIMEQ preguntando por
ella, y una persona que salió al teléfono respondió que
``ya no trabajaba en este lugar'' y colgó de inmediato.
Trujillo dijo que estuvo en Bogotá en 1995 y 1996, en la Universidad
Nacional, impartiendo clases de cirugía en ese centro, y que ejerció
también en el mismo hospital universitario.
``Fue mi salida al exterior y comprobar cómo se considera a los médicos
y profesionales, lo que me decidió finalmente a dejar el país'',
subrayó. ``Claro, también estaba el problema de mi esposo, que le
fusilaron al hermano''.
Sus dos años en Bogotá los vivió en Cedrito Norte, y
dijo que en el hospital de la Universidad Nacional trabajó con el
cirujano Carlos Mancilla Rubio.
En llamadas efectuadas el viernes por El Nuevo Herald a ese hospital de
Bogotá fue imposible verificar si Mancilla trabajaba allí.
Durante su estancia en Colombia, Trujillo fue sola en una ocasión, en
viaje de recreo, al Nevado de Cocuy, en Boyacá, y en esa región
montañosa visitó un puesto médico, atendido por una
enfermera.
``Tenían instrumental, equipos y de todo, pero no había médicos
y me dije: `Si en Cuba lo hago gratis, ¿por qué no aquí?'',
explicó Trujillo. ``A partir de entonces, visité el lugar todos
los meses para hacer cirugías menores. Todavía recibo tarjetas en
Navidad de esa gente agradecida''.
Trujillo declinó ofrecer detalles de cómo pudo salir de Cuba
hacia Costa Rica, alegando razones de seguridad. Sin embargo, dijo que el plan
para escapar del país, conjuntamente con su esposo, fue elaborado por
ambos hace ya mucho tiempo.
Según explicó, la oportunidad se presentó cuando Ochoa
viajó a Brasil a principios de abril, junto con los doctores Emilio Millo
y otros dos especialistas, que debían discutir con empresarios y
funcionarios brasileños las características y condiciones de la
vacuna cubana contra el sida para su producción conjunta.
Una fuente del Ministerio de Salud Pública de Brasil confirmó
que los especialistas cubanos viajaron a ese país y ``contactaron después
a organismos de Naciones Unidas para pedir refugio''.
La fuente, sin embargo, no quiso ofrecer más detalles y apuntó
que las autoridades brasileñas desconocen el destino de los médicos
cubanos.
Trujillo dijo que mientras Ochoa volaba a Brasil ella viajaba a Costa Rica,
burlando los servicios cubanos de inteligencia.
``La última vez que me comuniqué con Ochoa fue hace como 15 días,
y en esos momentos me dijo que todo iba bien, pero desde entonces no sé
nada de él'', afirmó.
Trujillo indicó que el viernes 19 de junio se arriesgó a
presentarse ante el cónsul cubano en Nicaragua, Lionel Martínez,
para legalizar sus títulos (un requisito para practicar la medicina en el
exterior), porque esto no lo podía haber hecho en Cuba sin levantar
sospechas. Martínez viaja a San José regularmente y se hospeda en
una suite del Hotel Balmoral, donde atiende las necesidades consulares de los
cubanos residentes en Costa Rica.
``Allí había ese día una larga cola de cubanos
esperando y él cogió los $300 que costó legalizar los dos títulos
y los acuñó, casi sin mirarlos'', afirmó Trujillo. ``Mi
error fue querer legalizar también una inscripción de nacimiento
de mi hijo, Líster, y cuando él la leyó se dio cuenta de
quién yo era, pero me fui de allí enseguida''.
Líster Ochoa Trujillo, de 14 años, ha quedado en Cuba,
viviendo con su abuela Isabel.
El cónsul Martínez, indicó Trujillo, le anunció
que había órdenes de hacerla regresar a Cuba y que había
una alerta al respecto en todas las embajadas cubanas. La cirujana
responsabiliza a Martínez con el intento de secuestro de la tarde del sábado
20 de junio, cuando salía de la iglesia católica ubicada en la
Colima de Tibas, adonde había ido a ayudar en la vacunación de
unos niños.
``Me salvé porque unos muchachos que jugaban en frente, y me conocían
de la iglesia, vieron la pelea y llegaron corriendo pensando que me estaban
asaltando'', aseguró Trujillo. ``Fue cuando el chofer le gritó a
uno de ellos: `Deja eso ya, Mayito, que no podemos ahora' ''.
El Nuevo Herald llamó en cuatro ocasiones a la embajada de Cuba en
Managua y pidió hablar con Martínez. A la primera llamada el cónsul
colgó abruptamente el teléfono cuando le transfirieron la
comunicación.
En otra ocasión una persona que se identificó como secretaria
tomó nota de los detalles proporcionados por Trujillo y dijo que se lo
comunicaría a Martínez. Según esa secretaria, éste
se hallaba reunido con el embajador. A la secretaria se le advirtió de la
acusación que hacía Trujillo y se le indicó que el artículo
con sus declaraciones sería publicado el domingo. El viernes por la tarde
Martínez todavía no había respondido a las llamadas de El
Nuevo Herald.
Maritza V. Morán, una ciudadana costarricense que conoce a Trujillo,
confirmó que ésta tenía el cuerpo y la espalda llena de
hematomas a consecuencia de los golpes recibidos por los presuntos
secuestradores. ``Tenía moretones en la espalda, en los brazos y en los
muslos'', dijo Morán. ``Yo la vi y la ayudé''. |