Julio 6, 1998

Un Cardenal maestro en La Habana


por Manuel David Orrio, Cooperativa de Periodistas Independientes

LA HABANA, julio - La reciente visita a La Habana del Cardenal Pio Laghi, Prefecto de la Congregación Romana, de hecho Ministro de Educación del Vaticano, ha puesto sobre el tapete en la Cuba de Fidel Castro, como nunca, el tema de la libertad de enseñanza y la ausencia de ésta en la tierra de José Martí.

Mencionado como uno de los probables sucesores de Juan Pablo II, el Prefecto ofreció una conferencia ante profesores y maestros católicos, donde a través de la defensa del derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos, promovió abiertamente la libertad de cátedra. "Sin perjuicio, en cuanto a ésta, de la inspección y reglamentación que al estado corresponda y que las establezca". Así no lo dijo el Cardenal, sino la Constitución... de 1940.

Llamó la atención que el Prefecto de la Congregación Romana no se entrevistara con Fidel Castro --no se hizo público, si sucedió-- lo cual es muy lógico: nada tiene por decirse, considerando sus muy encontradas posiciones acerca de la libertad de enseñanza.

Curiosamente, la prensa oficiosa hizo como los tres monitos respecto a la visita cardenalicia: no oyó, no vio, no habló. Pero reportó en primera plana la del presidente Castro a la Nunciatura Apostólica, con motivo de una recepción por la festividad de San Pedro y San Pablo. Así es la vida: me quiere, no me quiere...

Un mínimo conocimiento de la historia de Cuba permite saber que la promoción de la libertad de cátedra forma parte de la cultura nacional y las tradiciones independentistas y patrióticas de la isla. La enseñanza regimentada fue la preferencia de la Colonia Española. Contra ella, también, se alzaron los mambises, decididos a bendecir en las sesiones espirituales de hoy a quienes los recuerden, no obstante otros llamen anexionistas a los de buena memoria. Por allá, por la revista Vitral, sacaron desde un armario un término decimonónico, digno de circularse para nombrar a los nostálgicos de la Colonia, ésos que siguen fieles al silicio y la penitencia: integristas.

Sin embargo, defender la libertad de enseñanza desde posiciones no comunistas, pudiera tornarse en lugar común. Lo chic es hacerlo desde ese tan mentado marxismo de Carlos Marx, ya que en La Habana se han dado eventos teóricos sobre esa doctrina. Por ejemplo, el autor de El Capital escribió en su Crítica al Programa de Gotha: "Eso de 'educación popular a cargo del Estado' es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es sustraer a la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la iglesia... el Estado es el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa".

No hubiera asombrado un condescendiente aplauso del Prefecto de la Congregación Romana si algún habanero hubiera de repetir estas palabras del viejo Marx. Claro, acompañado el palmoteo de una sonrisa cardenalicia de dientes para afuera, como se hace ante aliados potenciales y de fuerza aún desconocida, famosos por su visceral anticlericalismo. A fin de cuentas, aliado es aliado, sobre todo si es útil para demostrar que en materia de enseñanza, el Partido Comunista de Cuba está muy lejos de ser lo que proclama.

Anécdota del tour cardenalicio en temporada baja fue la asistencia de la licenciada Miriam García Chávez a la conferencia impartida por el Prefecto. Titular del independiente Colegio de Pedagogos de Cuba e invitada formalmente a la sesión magisterial, tuvo la oportunidad de informar sobre las vicisitudes y demandas de dicho Colegio. Eso es un dato, una apertura de un mínimo espacio, y una oportunidad para que los dómines independientes precisen su programa: los mismos quieren despolitización de la enseñanza, lo cual sería una contradicción formal respecto al derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos, también defendido por ellos. Pero tal desencuentro se diluye si se alza la bandera de la libertad de cátedra, a tono con la Constitución de 1940. Otra anécdota, o el chiste de ocasión, de autoría de los degenerados humoristas del país: "El mundo se está abriendo a Cuba; pero Cuba no se está abriendo... ¡Asere, hay que abrirla!"

Por lo pronto, "el cuartico está igualito". Permanece la esperanza en las travesuras de Juan Pablo, y mi hijo Miguel David sigue hablando de política, al cuello la pañoleta de pionero por el comunismo.

Dudo mucho, a juzgar por lo que oigo, sea como el Che.




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