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EL PAIS, Madrid, 14-02-98 MAURICIO VICENT
Un siglo no ha bastado para aclarar la causa de la explosión del
barco, que originó la guerra de Cuba
La Habana Mañana
se cumplen 100 años redondos de la explosión del Maine en la bahía
de La Habana. Aunque parezca increíble, un siglo de historia no ha
bastado para reparar el desencuentro que provocó aquel suceso, ni tampoco
para aclarar el misterio de cuál fue la causa real que hizo saltar por
los aires al acorazado de segunda de la Armada de Estados Unidos acabando con la
vida de 254 marineros y dos oficiales de su tripulación.
La explosión del Maine, adjudicada por EE UU a una mina, a un torpedo
o a «un artefacto infernal secreto del enemigo», España, fue el
pretexto que justificó la entrada en la guerra hispano-cubana. Las
autoridades coloniales españolas nunca aceptaron esta tesis, y señalaron
como el motivo más probable de la fabulosa detonación la combustión
espontánea en uno de los pañoles de carbón de proa del
Maine, que provocó la explosión de los depósitos de munición
situados muy cerca.
Sea cual fuere la causa, lo cierto es que la voladura del Maine, mientras
estaba fondeado en la bahía de La Habana bajo protección española,
fue el casus belli utilizado por Washington para entrar en la guerra, hecho que
a la postre supuso la consolidación de EE UU como principal potencia
mundial. España perdió los últimos restos de su imperio
colonial, y los cubanos, sometidos después a cuatro años de
intervención estadounidense, vieron el tránsito del país de
mano en mano y cómo se esfumaba el sueño de la independencia.
Cien años después de aquella explosión, el Maine sigue
siendo un caso abierto. Por un lado, los historiadores no acaban de ponerse de
acuerdo en cuál fue la causa que provocó la explosión del
buque. Por otro, para Cuba, las consecuencias de aquella guerra aún
persisten en cierto modo, ya que EE UU sigue siendo su principal enemigo.
Quizá el mejor símbolo de este desencuentro histórico
está en el malecón de La Habana. Allí, un monumento
descabezado frente al hotel Nacional recuerda a las víctimas del Maine.
Está todavía la placa de bronce de 1926, firmada por el entonces
comandante de la Marina norteamericana, con los nombres de los soldados y
oficiales que se hundieron con el acorazado en el fondo de la bahía, pero
el águila imperial que coronaba las dos columnas del monumento ya no está.
El 1 de mayo de 1961, una grúa revolucionaria arrancó de cuajo el
aguilucho, y hoy su cuerpo de bronce y las alas rotas están en la sala de
la República del Museo de la Ciudad. Nadie sabe cómo fue a dar a
manos norteamericanas la cabeza del águila, pero lo cierto es que hoy ésta
preside el bar de la Sección de Intereses de EE UU en La Habana. En
conferencias de prensa celebradas en él, sonrosados funcionarios
norteamericanos han justificado bajo esta cabeza de bronce la necesidad de
mantener el embargo contra Cuba.
En el Museo de la Ciudad, Yadira, la cuidadora de la sala de la República,
da su particular versión de la historia. «El águila ésta
toda desbaratá significa el fin del imperialismo». «Pero todavía
existe EE UU, y es la principal potencia del mundo», requiero. «Sí,
pero en Cuba ya no. Aquí el imperialismo ya se acabó», dice
sonriendo Yadira. «Ahora aquí lo que tenemos es socialismo». En
el Museo de la Revolución, otra sala guerrillera guarda parte de la
cadena del ancla del Maine. La sala está cerrada por reparaciones, pero
Norma Alonso, su responsable, cuenta gentilmente cómo se explica aquí
la historia a los turistas: «Todo estaba planeado por Estados Unidos, fue
un pretexto para la intervención, eso es lo que se ha dicho siempre en la
historia de Cuba».
Para el historiador cubano Rolando Rodríguez, la explosión del
Maine no fue la causa de la guerra. «EE UU estaba determinado a intervenir
en Cuba a menos que España la pusiese en sus manos», asegura en un
artículo publicado en Granma.
Cuba, por ello, no conmemorará el centenario del hecho con grandes
actos. El jueves se hizo sólo un pequeño «barrio-debate»
organizado por los Comités de Defensa de la Revolución en la calle
de la Calzada, cerca del monumento del malecón, y mañana lo que se
celebrará es la muerte en combate de la capitana independentista Isabel
Rubio, en Pinar del Río. La Sección de Intereses de EE UU en La
Habana, por su parte, piensa realizar mañana un discreto acto en recuerdo
de los caídos. España, en belén con los pastores, no hará
nada. Al menos en La Habana, donde el monumento al Maine sigue en el malecón,
pero sin águila, frente a las costas de EE UU.
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