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por Mario Marrero, periodista independiente
LA HABANA, diciembre - Armada rompe el hielo: "Es siempre un riesgo
para la obra la vinculación, la proximidad, con los acontecimientos
relatados".
Borges se agita nerviosamente en su butaca: "Yo creo que si uno escribe
cuando algo insiste en que uno escriba, el resultado puede no ser desdeñable".
"Habría que pasarlo por el detector" -opina Hemingway con
sobriedad, mientras observa el hielo sumergido en su trago.
"Quizás, quizás. Pero para juzgar si una obra es
literatura o no -dice Elliot- debe medírsela con patrones artísticos".
Y agrega sonriente, como quien puede permitirse una diablura: "Ahora, para
determinar si es gran literatura debe medírsela con patrones extra artísticos".
"Yo lo referiría mejor a la novela" -se miran los mellizos,
y considera Ortega: "La novela es el género que mayor cantidad de
elementos ajenos al arte puede contener" . "Y el más capacitado
para asimilar e interpretar las peripecias de un instante dado en la evolución
humana" -lo completa Gasset.
"Siempre que no concurra la intención política"
-viene a puntualizar Octavio Paz.
Borges mueve de un lado a otro la cabeza y me recuerda a Steve Wonder: "Ustedes
saben que yo descreo de la literatura comprometida. Pero esa literatura puede ir
más allá de la intención del autor y entonces..."
"Entonces nada" -gruñe Hemingway y vacía de un golpe
el vaso. "¡Un daiquiri! ¡Un daiquiri!" clama y prosigue: "De
lo único que se puede estar seguro en el caso de un escritor politizado
es de que si su obra perdura el lector tendría que pasar por alto su
contenido político cuando la lea".
Doris Lessing envía una mirada de "young angry woman" al
autor de "Los asesinos": "Pues yo no veo razón por la cual
un escritor no pueda, si está decidido a emprender ese camino, escribir
novelas de protesta y de denuncia".
"Claro que no" -exclama Goddard. "Yo, por ejemplo -sonríe
con suficiencia- en vez de hacer una denuncia hago una película
introduciendo en ella una dimensión crítica".
Arnold Hausser abandona su asiento y se acerca a Goddard con aparente
indiferencia. "Las obras de arte son provocaciones" -dice y le da una
bofetada. "Nosotras no las explicamos -se fricciona las manos- sino que
polemizamos con ellas".
Todos quedamos expectantes pero disimulamos, como si nada hubiera sucedido.
"Estoy de acuerdo" -se sorprende Goddard, una mano morada como la
flor en la mejilla y se encima a la riposta con un magnífico "upper
cut".
"Por favor, calma, calma" -me escucho decir yo, mas no logro
impedir el intercambio de trompones.
Henry James, sin embargo, observa la pelea con ecuanimidad. "La discusión
-señala mientras estrella entre sus pies un primoroso jarrón de
murano-, la discusión, la sugerencia y la formulación son cosas
estimulantes si son francas y sinceras".
Se oye el traqueo un hueso roto.
"La discusión de ideas políticas -vuelve a incidir
Octavio Paz-, pues en literatura es..."
"Si uno escribe poesía política para hacer propaganda los
resultados serán malos desde el punto de vista estético y desde el
punto de vista político. Simple literatura panfletaria".
Se escucha un alarido de dolor, Goddard o Hausser.
"¿Y qué hay de malo en el planfeto?" -exclama Beatriz
Maggy, en tanto Hemingway junto a ella indica a los intelectuales como deben
boxear. Y continúa Maggy acalorada: "Pues quien niega al panfleto su
condición artística, literaria, sobre la base de su pugnacidad,
está implícitamente presumiendo que todo lo otro, que la verdadera
literatura es indiferente, flemática, pastosa, viscosa, mocosa y beatíficamente
purulenta".
"¡Voto por el panfleto!" -aplaude Félix Pita. Sí,
con las dos manos. Una tercera mano lo agarra por el cuello y lo arrastra a la
fulca, ahora como son tres deviene en una trifulca.
Henry James observando aquella confusión de brazos y de miembros en
agresiva incontención, expresa con filosofia: "La vida es desorden y
caos".
Updike asiente con cara de conejo, los ojos extraviados, mientras chupa con
fruición un cigarrillo de papel de estraza. Un libro muy voluminoso,
germinal, vuela desde un estante y golpea a Henry James sobre la nuca. Este lo
atrapa de rebote y lo examina con incredulidad. "La literatura es
reordenamiento y selección" -redondea su idea de no muy buen
talante.
"Carnavalización" -suspira Bajtin, oliéndose este
texto.
"Bueno -dice Lijachov, cumplimentando a Henry James-, más bien
es la literatura conciencia y alma de la sociedad".
"El honor y la dignidad del escritor -ya a gritos- consisten en decir
la verdad y defenderla bajo las condiciones más adversas".
"Para algo existen mis diez mandamientos" -susurra con modestia
Bertolt Bretch.
"¡Merde! ¡Merde!" exclama Zola. "Yo acuso".
"Por Dios, monsieur Zola" -interrumpe Henry James adoptando una
guardia del marqués de Queensberry.
Los contendientes rompen los muebles a patadas, estrellan los adornos,
acaban con la casa.
"No se exalten muchachos" -le señalo a la gresca- que con
ellos tenemos suficiente".
"¡Pues yo quiero pelear!", exclama Hemingway y despide hacia
arriba su copetín de daiquiri.
"¡Y yo!".
"¡Y yo!".
"¡Y yo!".
Llueven trocitos de la lámpara.
"¡Yo también! - chilla Joyce, quien abomina hablar sobre
literatura.
Se lanzan unos contra otros, se golpean, se abruman, se entrincan en
gustosas zacadillas.
"¿Y la opinión sobre mi obra?" -pregunto a los que
quedan, aterrado.
"Canta a la hierba" -me espeta Doris Lessing, armándose de
un candelabro.
"Pues yo no expreso mi opinión" -anuncia Susan Sontag
haciendo una bocina con las manos -porque la interpretación de una obra
es un producto de la arrogancia".
Noam Chomski la besa. "Y yo no veo ninguna razón especial por la
cual el enunciado de un gran intelectual", sonríe a la chica, "deba
ser tomado seriamente".
Pero se acerca Bernard Shaw, de entrecejo fruncido. "¿Quieres de
veras mi opinión?", brama y me suelta un bastonazo.
Yo desde el suelo lo contemplo, incluso con admiración. Cada arte
tiene la crítica que merece.
Y continúa una contienda cuyo final se hace inminente. Las paredes en
ruinas, los muebles destrozados, el piso sepultado bajo los escombros. La
batalla declina, es evidente. Apenas queda qué romper.
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