Septiembre 9, 1997 | ||
Cuba 1959-1997: Zona de Guerra | ||
| Diario Las Américas, 8 de Septiembre,
1997 Por Manuel Márquez-Sterling Rompiendo todas las promesas hechas desde la Sierra Maestra, aquellas de restaurar las libertades políticas conculcadas bajo la dictadura de Batista, la de celebrar elecciones, y la de volver a poner en vigor y en efecto la Constitución de 1940, la única que los cubanos se han dado a sí mismos en libertad, Castro y los comunistas le declararon la guerra al pueblo y a la nación cubana.Esta guerra comenzó cuando se empezó a imponer la filosofía atea de ellos, y la radical transformación social, política, y económica de la nación. Nadie quería esto. Nadie luchó contra Batista para llevar a cabo este programa. Nada de esto estaba en los programas de los partidos políticos que se opusieron a Batista, ni en aquellos que escogieron la vía electoralista, ni en los que se fueron a la revolución. Nadie, nada más que la pequeña coterie de fracasados comunistas, pensó, ni por un minuto, instaurar el comunismo totalitario en Cuba.La imposición fraudulenta Castrocomunista quedó patentemente clara cuando el mismo tirano declaró que de haberle dicho a su pueblo que él era comunista se hubiera quedado solo en la Sierra Maestra. Bien dice el agorismo jurídico que a confesión de parte relevo de prueba. Con la imposición arbitraria y a la fuerza del comunismo en Cuba estalló en la isla una guerrea civil que ya lleva 38 años de duración, y la cual ha pasado por muchas diferentes etapas. Se está en presencia de una guerra civil cuando se han fusilado más de 25 mil personas, cuando han muerto miles de cubanos tratando de cruzar el estrecho de la Florida, cuando más de un millón han buscado refugio en otros países, y cuando por las cárceles cubanas han pasado ya más de medio millón de personas.Esa guerra civil en los últimos meses ha entrado en una nueva etapa: la de las bombas y los petardos en los hoteles de turismo que el régimen ha creado para extraer dólares y divisas extranjeras de aquellos turistas, o llamados negociantes que, ignorando la miseria y la tragedia del cubano, van allá a divertirse. Estas personas ignoran, o pretenden ignorar, que su lucro y su diversión se hace frente a las rejas que sojuzgan al pueblo. Estas personas ignoran, o pretenden ignorar, que al introducirse en Cuba se han metido en medio de la guerra civil que ruge entre los opresores y el pueblo de Cuba. Estas personas han entrado en una zona de guerra y por lo tanto, nadie les puede garantizar su seguridad, su integridad personal, y su propia vida. A nadie se le ocurrió ir a divertirse o a poner un negocio en la España de la guerra civil, o en la Irlanda de 1916, o en las tantas guerras civiles por las cuales han pasado muchas naciones del planeta.La nueva etapa de nuestra guerra civil, iniciada este verano con los bombazos y petardos en los predios de esos repelentes vampiros turistas que acuden a Cuba a aprovecharse de la miseria enloquecedora de nuestras mujeres no puede, como burdamente trata el odioso régimen, ser calificada de terrorismo. Lo que está pasando en Cuba en estos momentos es que un pueblo, ante la disyuntiva apocalíptica que le plantean sus opresores de "socialismo o muerte", acude a su defensa propia. No estamos frente al terrorismo, sino frente a un caso defensa propia, y cuando se trata de salvar la vida cualquier medio idóneo para preservarla es justo. La bomba, de esta forma, está justificada.Es necesario que el mundo, y muy especial los canadienses, los franceses, los españoles y ahora los italianos, los que más inversiones tienen en Cuba, entiendan que allí, desde 1959 hasta la fecha hay una zona de guerra. Es necesario que entiendan que si hasta este momento esa guerra no les había afectado, de ahora en adelante, en esta nueva etapa, el meterse en la zona de guerra puede acarrearles consecuencias muy serias.La muerte de ese italiano turi-inversionista es, por supuesto, muy lamentable. Sin embargo, no olvidemos que ese señor se hallaba disfrutando en Cuba de privilegios que les son negados a los cubanos de ambos lados del Muro del Agua. Que ese señor rentaba una casa que fuera arrebatada a su legítimo propietario. Que ese señor no era una vícitma inocente ya que se fue a Cuba a lucrar y a engordar su billetera mientras el pueblo, pisoteado, se muere de hambre. Una víctima inocente de nuestra guerra civil sería aquel que se va a Cuba a repartir medicinas, a curar enfermos, a visitar las prisiones. Esto no es lo que ese señor y todos los demás turistas y negociantes extranjeros van a hacer en Cuba. Muy al contrario. Sus intenciones son las del buitre que se lanza a cebarse con la víctima moribunda e indefensa.El régimen de Castro, como todas las tiranías, irá incrementando su violencia a medida que vaya aumentando la oposición del pueblo. Así la zona de guerra se irá haciendo cada vez más y más peligrosa y encarnizada, y las inevitables bajas aumentarán. Que los últimos bombazos y que la infortunada muerte de ese señor italiano sirvan de anuncio y de advertencia de que el que va a allá a divertirse o a poner un negocio para chuparle la sangre al cubano lo hace a riesgo propio, y que de pasarles algo, serán muy pocas las lágrimas que nuestro sufrido pueblo derrame por su desgracia. | ||
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