Julio 22, 1997 |
Meditar sobre el terrorPor: Manuel David OrrioAgencia Nueva Prensa Especial para CubaNet News | |
La más noble de las ideas no justifica el empleo de medios como el terrorismo. En la memoria de la humanidad ha calado más hondo la crucifixión de Jesucristo que el relato de la más justa de las guerras, y todo parece indicar que los héroes más celebrados del mañana serán hombres como Gandhi y Luther King, una razón para meditar sobre los atentados terroristas ocurridos en los hoteles habaneros Nacional y Capri.Por ahí andan quienes echan loas a los supuestos anticastristas de antifaz. Así los llaman, pues nadie se ha atribuido probadamente la autoría de los hechos ni sus verdaderos motivos de fondo. Pueden ser anticastristas, pero también narcotraficantes enfurecidos por váyase a saber qué misterioso asunto, o por las persecuciones del gobierno cubano a sus operaciones en el Estrecho de la Florida.Sin embargo, las intenciones de dificultar el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tendrá lugar en La Habana, y alejar a los turistas, como se discute, aún cuando sea al precio de una ola represiva contra los opositores a Fidel Castro y los activistas independientes, tal y como está ocurriendo. O a lo mejor para eso, para acabar de meterlos a todos en la cárcel. Curioso: explotan las bombas en los momentos en que aparecen dentro de ellos síntomas de recuperación tras la debacle de Concilio Cubano; ahora cuando las nuevas voces de la disidencia hallan creciente espacio, y algunas ya consagradas perfilan respuestas programáticas; justo cuando las palabras honestidad y transparencia se pronuncian en número mayor de veces. Demasiado curioso.Condeno al terrorismo y a todas las formas de violencia política. Pero no dejo de señalar una de sus causas objetivas: la violencia desde el poder contra los partidarios de este o aquel cambio económico, político o social. En medio milenio de historia de Cuba, como espacio de la cultura occidental, sólo ha existido un minuto de verdadero diálogo y búsqueda de consenso: la Constitución de 1940. Y está por verse hasta dónde la influencia desde el exterior lo posibilitó, hasta dónde la eliminación de la humillante Enmienda Platt facilitó ese ejemplar encuentro entre cubanos. Porque la violencia desde el poder no sólo es vicio de los compatriotas; ahí está la crisis de octubre y la necesidad de su estudio profundo, como un llamado de alerta acerca de lo peligrosa que puede ser esta islita de apenas 110 mil kilómetros cuadrados y sus cayos adyacentes a la hora de mezclar en la licuadora esta y aquella violencia.Olvidan un detalle, hoy, los fieles a esa tradición violenta como medio de acabar con este escándalo cubano de los fines de siglo, más propio de residentes en el barrio de La Chusma que de país con índices de médicos y maestros de los más respetables del mundo: Cuba dispondría de un fusil por cada diez habitantes, sin contar "lo demás". Suena femenil en tierra de "machos". Remember Bosnia, no Girón. Y hasta cítese un personaje como Federico Engels. El afirmó que la acumulación de armas llevaría de las barricadas a las urnas. Lo recuerdo porque entre las especulaciones habaneras del momento está la de una supuesta autoría de los atentados terroristas en los hoteles Nacional y Capri atribuible a sectores del gobierno de Fidel Castro que están interesados en detener la escalada represiva. Dichas suposiciones se basan sobre un indicio, según analistas de la represión: Cuando en Cuba "el juego se pone malo", las partes se llaman a la cordura, a través de episodios como ésos, los ocurridos en los escenarios de placer dolarizado. El incendio del círculo infantil Le Van Tan en 1980, y los acontecimientos que derivaron en la crisis de los balseros en 1994 se citan como ejemplos. De ahí se desprendería la absurda conclusión de que existen "terroristas buenos". ¿Y qué pasa si responden los "malos"?Desesperarse es fácil; sobre todo si se dispone de recursos y licenciaturas en filosofía de la bomba. Lo difícil, que es lo bello, es hallar el cómo superar las carencias democráticas y cívicas de la cultura nacional. Esas que impulsaron a mi vecino a levantar la mano contra mí en la noche del 11 de julio, para presentarme excusas a sotto voce al otro día, justo cuando estallaban las bombas. No por gusto los pueblos tienen los gobiernos que merecen. ¿Alguien recuerda quién lo dijo? | ||
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