Julio 10, 1997

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¿El Rápido contra Orestes?

Por: Manuel David Orrio
Especial para CubaNet
  

LA HABANA, 7 de julio - La lid habría comenzado en la mañana del 3 de julio del año de gracia de 1997. En la esquina roja, El Rápido, una de esas cafeterías plásticas y dolarizadas de propiedad estatal cada vez más visibles en La Habana. En la esquina azul, Orestes, el trabajador por cuenta propia. El timbirichero genial de Requena, mi calle hereje. El hacedor de tortillas ambrosíacas y dulces de chupar dedos.

Los estudios de marketing observan, mano a la barbilla. Orestes llegó primero. Por lo tanto, golpea doble según tratadistas de los más versados. El Rápido aparece con profusión de recursos, propio del monopolio estatal de 12 sillas en adelante, mientras don Eusebito Leal y Espengler sigue en busca del pesito en la Quinta de los Molinos. ¡Ensanche de La Habana, cuánto has debido ver!

Como división de un cuerpo de ingeniería castrense, cayeron los constructores sobre los despojos de uno de los bares-restaurantes de buen plante en la ciudad de antaño: El Rincón Español. De la noche a la mañana, años de memorias se fueron a bolina junto a los restos del antiguo ofertorio de lacones y fabadas como Dios manda, y barra filosofante de los borrachitos más joviales y decentes que en mi vida he conocido. Así, presentóse El Rápido.

Orestes esquiva y esconde la derecha. El Rápido adelantó su carnaval de ofertas plásticas, mostró su jab más agresivo: la cerveza. El timbirichero inauguró una línea uppercu**: el tamal. No por gusto eminencias del gobierno son alérgicas al maíz, no importa que el marabú siga haciendo de las suyas en las castigadas tierras nacionales. Contrapunto cubano, como el del azúcar y el tabaco. En par de días, los bebedores aparecerán por lo de Orestes para comer el tamalito, lata de cerveza en mano.

Vecinos fieles a las tradiciones barrioteras, observado el montón de dinero que la inversión costó, preguntan el por qué no restauraron El Rincón Español y le devolvieron su imagen primitiva, tal como se hizo en La Zaragozana, por sólo citar un ejemplo. Los pobres, no comprenden. La historia de La Habana concluye en el casco histórico de la ciudad, de acuerdo con rumores sobre el último dictamen de don Eusebito. Además, monopolios como El Rápido son impersonales. Aunque algunos dicen que el de Cuba es personal, muy personal.

Los niños de Requena, ya diestros en técnicas de mercadeo y alquileres de juguetes, están deliberando. Harold, pepillo retaco y en camino a la adolescencia, propone fundar una línea de patinadores entre El Rápido y Orestes para, como don Eusebito, buscar el pesito en el agua revuelta de tamaños desencuentros: Orestes no puede vender cerveza, y los de El Rápido carecen del estímulo necesario para lanzarse a la aventura de cocer tamales.

Causa aparte, los lúcidos pronuncian una palabra: complemento. En términos de marketing, eso quiere decir segmentación. El Rápido se especializa en tenentes de dólares y Orestes en poseedores de pesos. La oferta del primero se brinda con más lujo; la del segundo con más amor. Uno y otro son placeres de la vida. Ambos establecimientos pueden coexistir en paz, siempre y cuando no aparezca el plantígrado de turno, dado a acusar a Orestes de estar enriqueciéndose. Sin mirar cuántas horas trabaja, sin mirar su utilidad social, sin apuntar la general gratitud del vecindario.

El peligro no está en el boxeo entre El Rápido y Orestes. El peligro está en el arbitraje sucio. ¿Lo habrá? Nadie sabe. Porque este contrapunto responde a un drama de mayor trascendencia: el debate sobre las empresas medianas y pequeñas, pospuesto hasta las calendas griegas de acuerdo con las informaciones, y el explícito descarte de la aceptación de la propiedad privada de los cubanos en las mismas, afirmó Carlos Lage. La de los extranjeros, ya se sabe. Por cierto, la propiedad privada incluye a las cooperativas.

Mientras tanto, Requena hierve en luchas y esperanzas. Mercan Orestes, Pablito y los demás, y Orrio escribe. CubaNet pone a circular el nombre de la calle por las autopistas de la aldea planetaria: Internet. Tan útil, justamente, para que los pobres de la tierra hagan escuchar su voz por encima del ruido atronador de censores de toda laya. Por ello, queda la pregunta en pie: ¿El Rápido contra Orestes?


Los lectores interesados en comunicarse con Manuel David Orrio puede dirigir su correspondencia a: Requena #8 Apt. 4 (interior), entre Carlos III y Lugareño. Ciudad Habana 10600, Cuba.

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