Julio 8, 1997 |
El Papa y el "cubaneo"Por: Manuel David OrrioEspecial para CubaNet | |
LA HABANA, 7 de julio - El 29 de junio, "con motivo del día de San Pedro y San Pablo fue ofrecida una misa en la Plaza de la Catedral de La Habana, dedicada también al aniversario 19 de la elección del Papa Juan Pablo II".Así como lo dijo el diario oficioso Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba --y en segunda página--, la impresión que el lector recibe es que en la explanada catedralicia se reunieron unos cuantos dignatarios eclesiásticos, algunos funcionarios del gobierno de Fidel Castro, un número de diplomáticos y varios ancianitos fieles a Jesucristo. Una vez concluyó la ceremonia, cada quien se marchó por su lado, excepción hecha de un venerable con dólares en el bolsillo, quien aprovechó la oportunidad para refrescar el gaznate en el bar del restaurante El Patio. Con Cristal, porque la cerveza Hatuey ha desaparecido misteriosamente.Si Granma quiere seguir en eso de tapar el sol con un dedo, allá él. Un principio de marketing dice: si una marca no llena las expectativas, se desprestigia. Sobre todo si las noticias exactas ya volaron de boca en boca por todo el país, y hasta la cotorra propiedad de Gustavo Arcos dio como aceptable un número de 8,000 personas reunidas en la Plaza de la Catedral de La Habana, gritando a voz en cuello el nombre del Hijo de Dios. Lo curioso, sin necesidad de compulsar a nadie para ganar su acto de presentación, con tal ausencia promocional del evento en la radio y la televisión, y cero desvío de un número de medios de transporte público para facilitar la asistencia del respetable. A pie, camello y bicicleta, la explanada de la Catedral de La Habana pareció una Plaza de la Revolución bonsai.Los compatriotas somos incorregibles a la hora de elegir nuestros códigos de comunicación. La misa de la explanada, mirada atentamente, es un ejemplo más que estudiable de hasta dónde nuestro lenguaje "viril y erecto" se enseñorea, y hasta dónde la sucesión de consignas nos domina. Nada más a José Martí se le ocurrió una divisa tan sencilla y sabia como "Patria y Libertad". Sin signos de admiración se adquirió. Exceptuándole, la saga de Cuba florece en dichos altisonantes al estilo de "esto contra aquello" y "esto o muerte".Sobre la fachada del edificio que alberga al restaurante El Patio, una gran tela anunció, si mal no recuerdo: "¡Saludamos el Día del Papa!" Como si dijérase ¡saludamos control y ayuda del Vaticano! A nadie se le ocurrió mostrar la más subversiva de las consignas católicas de Cuba: Dios es amor. Entre la multitud fueron visibles carteles con este texto: Comunidad eclesial de tal ¡Presente! Como si anunciara: Brigada de artillería de la guardia de Juan Pablo II ¡Presente!"Dios no juega a los dados", afirmó Albert Eisentein. Por ello, tuve el privilegio de estar bien cerca del joven desconocido que levantó a la multitud nombrando a Cristo. Este compatriota, la imagen personal humildísima, y animado solamente por la fe, no alzó los brazos al cielo, en gesto prodigal tan característico del objeto de su emoción, según la pictórica. El alzó el puño, bien cerrado, como si dijera ¡Todo el poder para Jesucristo!La comunicación extraverbal dice más que las palabras; revela las ideas más profundas, los hábitos culturales menos registrables. Ideas, palabras y gestos interactúan, se alimentan unos a otros. Ni con la máscara del crucifijo puede ocultarse esa raigal intolerancia de nosotros los cubanos, y mucho menos la alergia al rojo de muchos. Estudien este asunto los publicistas de la Iglesia, porque están jugando con fuego. Para ellos, también, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. En Cuba apenas existe experiencia organizativa y disciplinaria de manifestaciones públicas verdaderamente libres, de donde es previsible una eventual carencia de responsabilidad por parte de futuros manifestantes, camino abierto para provocadores malintencionados. No fue el caso, pero puede darse, sobre todo cuando el número de manifestantes crezca, independientemente del elevado grado de responsabilidad de los católicos, bien con los pies sobre la tierra de la realidad cubana.La misa celebróse completamente inflitrada por miembros de la policía política. Eso es bueno y malo, porque son agentes de orden público. Pero también retienen ideas. Por otro lado, no dejarse provocar no significa dejar de manifestarse.Un observador imparcial coincidirá en que todo lo escrito es bien cubano, y bien de "cubaneo". Hasta "pasillitos" hubo. Los compatriotas somos incapaces de permanecer quietos en medio de la muchedumbre. Al poco rato, comenzamos a movernos de un lado a otro, y una mano desconocida organiza corredores de caminantes, con sentido de vía y todo. La Plaza de la Revolución José Martí conoce bien esos trillos, y la de la Catedral de La Habana supo de ellos el Día del Papa. Por si fuera poco, aparecieron orates con ínfulas de oradores, personajes tradicionales de las manifestaciones públicas cubanas. Por los 70, uno de ellos desplegó un cartel pornográfico en la primera fila de un acto frente al monumento del Apóstol. Los mismos presentes lo desaparecieron, no fueran a matarlo. Sin embargo, una "casualidad" es registrable. Los personajes se presentaron justo al lado de grupos de opositores, razón por la cual mi colega Lucas Garve no pudo estrenar, de su autoría, la conga obligada: "Somos los papistas/palante y palante/y al que no comulgue/que el Papa lo salve".Mientras tanto, la vida sigue. Cual familiar del exilio y a pesar del reporte disminutor del órgano de prensa fidelista, el Papa ya "trajo algo": una manifestación pública de unos 8,000 asistentes, autorizada y no castrista. Anticastrista, no. Pero no castrista, sí. Y en lugar bien destacable, como para ensayarla de verdad. Eso es un dato, y a quien no quiera apuntarlo le auguro el destino del diario Granma, de seguir como va. | ||
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